Tras la senda de Eduardo

En una apasionante y lucidísima etnografía sobre una escuela del conurbano bonaerense, Diana Milstein (2009: especialmente pags. 37-8) señala que una de las formas en las que la institución escolar se legitima ante la sociedad es ocultando las relaciones políticas que se dan en su seno y para ello, entre otras cosas, se dedica incensantemente, con todas sus fuerzas, a subrayar una artificiosa separación simbólica entre el dentro y el afuera de la escuela. Está claro que, en principio, no es la construcción de la que hablábamos en la entrada anterior, pero tiene un efecto igualmente estructurador de las relaciones sociales. Esa división pretende representar el espacio escolar (el adentro) como un mundo aséptico, a salvo y separado del resto de la sociedad (el afuera) y de todos sus elementos constitutivos, incluida la política:

El “adentro” (…) es la concreción de un modelo ejemplar, una “pequeña sociedad” despojada de las imperfecciones y vicios de la sociedad real, un “segundo hogar” sin los particularismos de la vida doméstica. Así, se ha podido situar en el “afuera” a la sociedad real, a las familias reales, con sus malos ejemplos o con ejemplos que la naturaleza infantil podría malinterpretar al conocer “antes de tiempo”, entre ellos el mundo de las disensiones políticas (Milstein 2009: 38)

Y es que el término política parece como que suena mal (y no sólo en la escuela). Todos quieren alejarse de él y desmarcarse de cualquier calificativo que se vincule con él. Sin embargo, la política no es otra cosa que las relaciones de poder que se establecen entre personas, grupos e instituciones. Es un elemento constitutivo de nuestro ser social. Negarse a abordarlo no es una cosa simplemente de pacatería ideológica, sino de contribución al orden establecido. La escuela es una institución fundamental de reproducción social (si bien también lo es de muchas otras cosas), y negarlo (o simplemente ocultar la forma en que la política se desenvuelve cotidianamente en nuestras aulas, patios, pasillos, comedores…) no sólo legitima el reparto de cartas sino que nos hace partícipes del juego político. Así que, ya que estamos en el ajo, asumámoslo y tomemos cartas en el asunto.

Esto puede tener formas muy diversas, y no es ésta la ocasión de discutirlas. El caso de nuestro eterno compañero Eduardo Magallón nos ha servido, como ya dijimos, para plantear este tema y denunciar no sólo un proceso absolutamente irregular y despótico (y por supuesto difamador), sino manipulador y tendencioso al descalificar la politización del caso y de la actuación de estudiantes, docentes y familias, decantados en favor de Eduardo y su inocencia (representados en esas manzanas verdes convertidas en emblema) y conscientes, o al menos recelosos, de la existencia de un entramado de intereses antagónicos en torno a cuestiones económicas/empresariales, clientelares y psicológicas (por cierto, ninguna relacionada con la pedagogía).

Ahora, justo la semana pasada, el miércoles 5 de julio, la Dirección del centro ha reconocido ante el juez la improcedencia del despido de Eduardo. La historia va a continuar previsiblemente por diversas razones, entre otras que el honor de Eduardo debe quedar reparado públicamente. Pero lo importante es, primero, que se ha avanzado en la lucha contra la injusticia cometida contra Eduardo y, segundo, que estamos un poco más cerca de borrar las fronteras entre el interior y el exterior simbólicos de la escuela, con el fin de construir una pedagogía más realista y realmente formativa (para todxs, por cierto) y transformadora. De nuevo, gracias a ti, Eduardo.

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Milstein, Diana (2009): La Nación en la escuela. Viejas y nuevas tensiones políticas. Buenos Aires: IDES y Miño y Dávila. 190 pags.

El dentro y el afuera, y las puertas de entrada a la impunidad

Hay una cuestión fundamental cuando estudiamos la violencia política del siglo XX, y especialmente los regímenes fascistas y nazis clásicos, y también las dictaduras de las que nos ocupábamos recientemente al hablar de los golpes de estado: ¿cómo fue posible que exisitieran y se mantuvieran? Las respuestas son claramente complejas pero hay una pequeña historia que para iluminarnos algo vamos a extraer de un libro importante que, por lo demás, debería proponerse para ser leído, analizado y discutido en la escuela, en el marco de la enseñanza de la historia, de la filosofía, de la educación ciudadana y otras materias: El largo viaje, de Jorge Semprún (1963). Con ello, además, podremos contribuir a responder una pregunta que abunda en este problema: ¿a qué te puedes acostumbrar?

Intervención en dependencias de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina) en alusión a la segunda desaparición (secuestro y asesinato) en 2006 de Jorge Julio López, testigo clave en el juicio que acabaría condenando al genocida Miguel Etchecolatz, represor, como tantos, durante la dictadura de 1976-1983 (foto del autor)

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Golpe a golpe, cuerpo a cuerpo

Militares argentinos en 1981. Foto Eduardo Longoni (fuente: http://www.eduardolongoni.com.ar/)

En Ciencias políticas la propuesta de Hobbes sobre el origen del estado es quizás la que más ha influido a la hora de explicar las relaciones de poder en las sociedades humanas. Este filósofo inglés del siglo XVII plantea, en resumidas cuentas, que el estado moderno aparece en un momento dado para poner fin al enfrentamiento natural entre los seres humanos (véase en este sentido su célebre obra Leviatán). Lo que él entiende por estado es una organización política absolutista, en la que la figura del monarca secular ejerce su poder férreamente frente a cualquier otro ente o persona (paradigmáticamente la Iglesia), pero pone de relieve una idea que va a permanecer en los pensadores posteriores que irán dando forma al liberalismo político, como John Locke (1632-1704) y Jean Jacques Rousseau (1712-1778). Y esa idea es que la sociedad sólo encuentra su paz gracias a una organización política centralizada, en favor de la cual sus miembros ceden parte de su soberanía para que equilibre sus dispares y antagónicos intereses y evite así el caos y el enfrentamiento eterno; se trata del tantas veces mentado contrato social. Todo esto es muy bonito, pero el estudio de la historia, desde ciertos puntos de vista, nos revela un panorama bien distinto que pienso que hay que tener en cuenta a la hora de hablar de política.

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Rehabilitación de Eduardo Magallón, nuestro compañero

Eduardo Magallón es profesor de Física y Química en el Colegio Estudio de Madrid. Ha sido despedido fulminantemente por la dirección del centro en un proceso que es todo menos regular. Y nosotros exigimos su rehabilitación, o sea, su readmisión y la restitución pública de su honor.

Las relaciones laborales forman una parte integral de la vida escolar. Para comprender cómo se enseña cualquier materia, incluida la historia, de hecho para analizar bien cómo es y cómo funciona la escuela, resulta muy pertinente considerar las diversas maneras en que se desempeña el oficio en su nivel material: condiciones laborales, salarios, tipos de contratos, organización gremial o sindical… Y como parte de ello, desde luego son muy importantes los conflictos. Todo influye y contribuye a la conformación de maneras específicas de dar clase, individual o colectivamente, directa o indirectamente.

Eduardo se ha visto envuelto en un proceso de pesadilla. El pasado mes de febrero se constata, mediante un sistema de aviso informático, que se ha producido una descarga de datos reservados sobre padres de alumnxs del colegio (y otras personas vinculadas con él) desde alguno de los ordenadores del centro. Arranca una investigación para determinar las características del acto ilícito; la dirección denuncia el hecho a la policía pero contrata a una empresa privada para esclarecer lo sucedido e identificar al responsable. Y es a raíz de ello como, junto con la gerencia, va a decidir unas semanas después que el autor es nuestro compañero. Las razones son sólo indicios, que en ningún caso constituyen pruebas, y mucho menos pruebas concluyentes y contrastables, y se anteponen a lo que pueda determinar una investigación judicial con plenas garantías de imparcialidad y justicia.

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La historia viva y comprometida: el 24 de marzo en Argentina

El término historia puede entenderse en dos sentidos fundamentales: como realidad pretérita, es decir, como aquello que sucedió en el pasado (reciente o remoto), y como la disciplina que estudia esa realidad. Así, hablamos de la historia o el pasado de un lugar (como por ejemplo la historia de la Península ibérica a lo largo de los últimos siglos) y de la historia o estudio del pasado de ese lugar (normalmente con mayúsculas, como cuando nos referimos a la Historia moderna y contemporánea de la Península ibérica). Hoy vamos a ver brevemente cómo ambas acepciones pueden matizarse y ampliarse, con motivo de la celebración de una fecha muy señalada en la Argentina, el 24 de marzo, que nos permite entender el pasado como algo vivo y la tarea de su estudio como un proceso de compromiso político (en la línea de lo que hemos defendido en unas y otras ocasiones).

Librería Rayuela (La Plata, marzo de 2017)

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Arqueología de los márgenes: recorriendo los bordes de la sociedad

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Puerta de Hierro (Madrid)

La arqueología se nos ha presentado tradicionalmente como una disciplina comprometida con el estudio de épocas remotas (paradigmáticamente la Prehistoria) y de civilizaciones exóticas (Egipto, Grecia y Roma, Mesoamérica precolombina, civilización del Indo…). Otro de los tópicos es que tiene más valor cuanto más profundo excava; los tells de Próximo Oriente (por ejemplo, Jericó), Anatolia (Çatal Hüyük), Mesopotamia (Uruk) o Asia central (Namazga), que aparentemente permiten conocer la “cuna de la civilización”, son precisamente depósitos de gran profundidad o potencia (más de 30 metros) en los que se han ido sedimentando y superponiendo los restos de distintas sociedades a lo largo del tiempo.

Sin embargo, aun siendo lógicamente válidas estas ideas, la arqueología es mucho más. Hoy vamos a hacer un pequeño recorrido por los caminos de la arqueología contemporánea para que podáis plantearos tanto otra forma de hacer arqueología como otra manera de entender la historia contemporánea. Esta arqueología no es agradable, advierto a las mentes pudorosas y a los reverendos académicos.

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Cuando el pasado duele, ¿qué dice la escuela?

Hace unos días estuve en la Universidad Autónoma de Madrid presentando una clase sobre didáctica de la Guerra civil y el franquismo, invitado por el profesor Mario Carretero (UAM y FLACSO). Lxs asistentes eran estudiantes del Grado de Psicología (perfil de Psicología de la educación) y el marco era la asignatura de “Aprendizaje y Formación”, dedicada a la enseñanza de la historia. Ha sido una oportunidad para aclarar y organizar algunos aspectos sobre este tema complejo. Veámoslos.

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