El jugo de un acontecimiento: la batalla de Alcazarquivir y la construcción de la memoria

Escena de la batalla de Alcazarquivir, representada por Miguel Leitão de Andrade en su Miscellanea (1629) (fuente: Wikicommons)

Uno de los esfuerzos fundamentales de la renovación del pensamiento histórico que supuso la llamada escuela de los Annales, que ya mencionamos en alguna ocasión, fue relativizar la importancia de los acontecimientos (y, por supuesto, de las batallas). Frente a ellos, los historiadores de Annales reivindicaron los procesos, los tiempos largos, las corrientes subterráneas de la historia, que determinan desde las profundidades los sucesos de la historia.

Sin embargo, los acontecimientos puntuales, sin que tengan que ser el objetivo principal de la labor historiográfica, deben ser atendidos en dos sentidos al menos: por un lado, como manifestaciones concretas de la historia, momentos específicos (materiales, podríamos decir) en los que se produce la historia, y, por otro lado, como parte de una cadena (de un proceso, en efecto) que hay que saber identificar, definir, formalizar. De este modo, la labor de la investigación histórica se nutre de analizar cuestiones concretas (que no tienen por qué ser sólo acontecimientos, claro está) y de trazar la relación entre los fragmentos dispersos que representan esas cuestiones. Nada de lo que sucede en el devenir de los grupos humanos ocurre aisladamente, sin relación con lo que vino antes y lo que vendrá después, sin los vínculos con los procesos de fondo que en verdad rigen sus regularidades. 

La célebre batalla de Alcazarquivir (o de Qsar el-Kebir, de Wad al-Makhazin o de los Tres Reyes, según sus diversas denominaciones) nos proporciona una buena oportunidad para apreciar esto. Y para ir un poco más allá y sacarle todo su jugo, veremos cómo lo que nos revela este acontecimiento no es sólo su relación con determinados aspectos tradicionalmente vinculados con el estudio histórico (la política de los reinos cristianos de la Edad Moderna), sino su uso por parte de personas, grupos y entidades políticas que vinieron después, mucho después, o sea, los ecos que ha tenido en la posterioridad, los modos en los que el pasado se hace presente.

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Migrar eternamente: el caso de “los alemanes del Volga” en Argentina

Quizás lo más característico de los humanos, como de otros animales, son las migraciones, los desplazamientos de poblaciones de un lugar a otro de la geografía. Estas migraciones pueden ser en una escala relativamente reducida, como cuando con cada estación se trasladan lxs pastores de las partes bajas a las partes altas de los valles (trasterminancia), en una escala mayor, cuando la gente (normalmente también pastores) se mueve de una región a otra (trashumancia), o en una escala mucho más amplia y sin seguir un patrón tan regular (temporal y espacialmente), en cuyo caso hablamos más propiamente de migración, y aquí habría que distinguir migraciones muy diversas (por unas razones económicas u otras, por razones culturales, ideológicas, políticas…). También encontramos a menudo, por supuesto, movimientos de expansión de determinadas potencias sobre otros territorios, poblaciones o países; entonces nos referimos al colonialismo e imperialismo, aunque esta peculiar variante se mezcla en algunas ocasiones con las migraciones de personas o grupos (sobre todo cuando se habla de las colonias de poblamiento).

El caso ahora no es hacer una tipología, sino subrayar que lo raro en la historia de la humanidad (y de otras especies y géneros animales) es precisamante permanecer en un lugar. El movimiento es una constante y la procedencia de cada uno (considerado individual o colectivamente) es, en verdad, un entramado de idas y venidas repetidas, una superposición, siempre provisional, de distintos orígenes. No hay más que rastrear de dónde vienen nuestros padres y madres, y los padres de cada uno de nuestros padres, y los padres de cada unx de nuestrxs abuelxs…

Por supuesto con ello no queremos dar alas al neoliberalismo, sustentado en la movilidad de mercancías, capitales y trabajadores, y tan amigo en consecuencia de la fluidez y liquidez de las identidades, los valores, los rasgos culturales…, constitutivos de un mundo cosmopolita entendido como “aldea global”, falsamente universal, en el que rigen en verdad la racionalidad capitalista y el sometimiento a sus dictados. Pero tampoco queremos comulgar con las rígidas nociones, tan usadas por los nacionalismos de diverso signo, sobre la identidad nacional, que suelen tener como punto de apoyo crucial y justificativo el discurso en torno a la estabilidad de las poblaciones en los territorios y su arraigo temporal de largo alcance.

Veremos, pues, un caso revelador de lo que comentamos, el de los alemanes del Volga y sus descendientes, instalados a orillas de este gran río euroasiático y de algunos de sus cursos tributarios a finales del siglo XVIII (como hicieron otros europeos también). Muchos retomarían más tarde el camino de la migración y acabarían en América. Y otros permanecerían hasta las deportaciones de Stalin, de modo que hoy se les encuentra en distintos lugares de Siberia. Esta es parte de su historia, una historia de migraciones repetidas a lo largo del tiempo, que, como no podía ser de otra manera, nos va a llevar lejos…

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El reverso de la ejecución de Túpac Amaru y su familia a partir de una fuente escrita del siglo XVIII

José Gabriel Condorcanqui, más conocido como Túpac Amaru II o simplemente Túpac Amaru, es un personaje mítico en América Latina. Lideró una importante rebelión contra el dominio de la Corona española a finales del siglo XVIII. Sin embargo, uno de los motivos por los que es famoso es curiosamente su muerte. Veamos el documento en el que se explica cómo fue ésta y tratemos de desentrañar el reverso de este acontecimiento (o al menos, de ver una de las posibles vueltas que se le puede dar), como esbozo de una crítica de una fuente histórica escrita.

Composición con el rostro de Túpac Amaru II y la escena de su ejecución (fuente: Prensa alternativa al servicio del pueblo en www.telesurtv.net)

Composición con el retrato del rostro de Túpac Amaru II y con la reconstrucción de la escena de su ejecución (fuente: Prensa alternativa al servicio del pueblo en www.telesurtv.net)

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Paseo a orillas del Manzanares

Las excursiones de muchos centros educativos se han convertido en un mero pasatiempo. Y no me refiero a como las ven lxs alumnxs, que, como sabemos, tienen múltiples y complejas maneras de percibir y entender las actividades educativas. Me preocupa cómo las planteamos los docentes y los centros educativos habitualmente, desprovistas de un enfoque y contenido pedagógico real. Hoy vamos a reflexionar sobre este tema, y lo haremos paseando a orillas del Manzanares a su paso por Madrid.

Baile a orillas del Manzanares, de Francisco de Goya (1776-1777). Museo del Prado (Madrid)

Baile a orillas del Manzanares, de Francisco de Goya (1776-1777). Museo del Prado (Madrid)

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Cada cosa a su tiempo…

Estamos a unos pasos de Selectividad y cualquier material nos puede venir bien para acabar de preparar el examen de Historia de España. Los ejes cronológicos son uno de ellos. Éstos nos ayudan a situar en una línea el decurso de los acontecimientos y las etapas en las que se pueden agrupar. Son una herramienta que manejáis desde pequeñxs en esta asignatura y resulta fundamental para la organización de la información, algo especialmente importante dado el tremendo volumen de info en este curso. Es crucial que sepáis qué va primero y qué va después (cronología relativa) y en qué momento aproximado se produce (cronología absoluta). En este sentido, recordad que lo que a menudo se pide es (1) indicar la etapa y (2) establecer un marco cronológico aproximado (y no fechas concretas): qué siglo, qué década, qué parte de cada uno: principios, primera mitad, mediados o núcleo, segunda mitad, finales, a caballo entre uno y otro… En definitiva se trata de que sepáis (o demostréis que sabéis) situar cada episodio en su momento, cada cosa en su tiempo…

Vuestrxs compañerxs Lucía Carrascoso (antigua 18-C) y Diego Arias (antigua 18-A2), del curso 2015-2016, han querido compartir algunos de los ejes que han preparado. Esperamos que os sirvan.

El de Diego corresponde a los Austrias menores (siglo XVII) y a los primeros Borbones (siglo XVIII):

Eje Austrias menores y primeros Borbones (Diego Arias, curso 2015-2016)

Y el de Lucía a la crisis de 1808, el reinado de Fernando VII y el de Isabel II (regencias y efectivo), esto es, a la mayor parte del siglo XIX:

Eje Crisis 1808 y reinado Fernando VII (Lucía Carrascoso, curso 2015-2016)

Eje Reinado Isabel II (Lucía Carrascoso, curso 2015-2016)

Nuestra sociedad está cambiando…

Hay aspectos del pasado que no podríamos conocer si no fuera por la imaginación. La imaginación es el ejercicio fundamental que tenemos que hacer para concebir algo que ya no está, como el pasado. Sin embargo, no es nada, al menos nada desde el punto de vista científico, si lo hacemos sin rigor, es decir, algo así como el compromiso para imaginar sin inventar arbitrariamente. ¿Es esto posible? Sí, si entre otras cosas nos atenemos a las fuentes, a su análisis y a los estudios que otros investigadores han hecho de las fuentes. Esto es lo que hemos intentado en ocasiones anteriores: una recreación histórica. Volvemos hoy de nuevo con ello y lo hacemos de la mano de una de nuestras alumnas que, como otros, han sabido captar con su imaginación una realidad histórica, en este caso correspondiente a las primeras revoluciones liberales: la independencia de Estados Unidos.

John Trumbull (1819): Declaración de independencia de Estados Unidos. Capitolio de EEUU (Washington)

John Trumbull (1819): Declaración de independencia. Capitolio de Estados Unidos (Washington)

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La historia en su día a día

Uno de los aspectos mágicos del estudio de la historia es que, a pesar de ocuparse de cosas que ya han pasado, muertas y que por ello no cambian, las perspectivas que tenemos de ellas sí varían, y a veces mucho. El pasado es, en este sentido, algo vivo. O al menos lo son las miradas que tenemos sobre él. Van cambiando constantemente, en función de los intereses de lxs investigadorxs, de su género, raza o clase, de las pulsiones y límites de las instituciones, de la situación económica y de muchos otros factores. No se ve ni se estudia de la misma manera la llegada de los europeos a América (el “descubrimiento de América”) en pleno franquismo u hoy en día, ni en Perú o en España, ni lo ve igual un mexicano güero o un mexicano indígena. Sigue leyendo