2.4. Las invasiones bárbaras. El reino visigodo: instituciones y cultura

Las invasiones bárbaras se producen en el contexto de la crisis del Bajo Imperio romano a partir del siglo III, provocada por luchas de poder entre las autoridades centrales y regionales, rebeliones campesinas (bagaudas) y un estancamiento económico que supone la ruralización de la economía. En la Península Ibérica específicamente esas invasiones se producen en el s. V, por parte de suevos, vándalos y alanos.

Ante esta crisis del Bajo Imperio, Roma toma distintas medidas, como dividir sus territorios en dos a fines del s. IV (Occidente y Oriente) y asignar algunas partes a pueblos bárbaros, como va a ocurrir en la Península Ibérica con los visigodos desde principios del s. V. Estas medidas no impiden que a fines de siglo caiga el Imperio Romano de Occidente (476) y se formen los reinos germánicos, como el visigodo y suevo en la Península.

Originariamente, el reino visigodo se extiende desde el sur de Francia (donde instalan su capital, en Tolouse) hasta el sur de la Península (ocupado por los bizantinos de Justiniano desde 530). Sin embargo, a comienzos del s. VI, por la presión de los francos, huyen de la Galia, al otro lado de los Pirineos, y trasladan su capital a Toledo. Desde mediados del s. VI irán ganando territorio a los suevos y también bizantinos hasta controlar toda la Península a principios del s. VII.

Los visigodos tenían una monarquía electiva (aunque se intentará cambiar a hereditaria) de origen germánico en el marco de un estado tributario, gobernando por élites foráneas sobre una mayoría hispanorromana campesina. Globalmente, el reino visigodo fue débil por las luchas de poder, lo que favoreció la entrada de las tropas islámicas en el 711 y su propio fin.

El órgano fundamental de poder era el Officium Palatinum, una asamblea de hombres próximos al rey agrupados en el Consejo Real (Aula Regia) y los Concilios. En ellos, duces y comes legislaban y ayudaban a las tareas de gobierno. Hubo una serie de figuras destacadas como Leovigildo y Sisebuto (artífices de la unificación de la Península); el rey Recaredo (que proclama el catolicismo como religión oficial), y Recesvinto (que impone el Liber iudiciorum).

Culturalmente destacan dos aspectos: la sabia obra Etimologías de San Isidoro de Sevilla y el desarrollo de la arquitectura con el arco de herradura, por ejemplo en San Juan de Baños.

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