El ominoso arte de la guerra: Fogwill y sus “pichiciegos”

Portada de Gente (Buenos Aires), 20 de mayo de 1982

Portada de la revista Gente (Buenos Aires), difusora de la moralidad militar durante la dictadura, el 20 de mayo de 1982 (fuente: http://www.no-retornable.com.ar)

Ominoso significa abominable, despreciable, horrible, abyecto. Pese a las imágenes positivas, idealizadas que se derivan de la representación romántica de la guerra (y de muchas otras representaciones), que han llevado a considerarla como un arte, el enfrentamiento bélico no merece otro adjetivo. Serían dignos de análisis los modos en los que tanto en nuestra sociedad como en otras se ha ido construyendo esa imagen positiva de la guerra; el militarismo es un valor, y no sólo entre los poderes establecidos, del tipo que sean, sino en amplios sectores de la población, que pasan de jugar a la guerra cuando son pequeños hasta hacerla (o más bien, mandar hacerla, o -en el mejor de los casos- a beneficiarse de que otrxs la hagan) cuando son mayores… Asimismo sería genial y apasionante bucear en los distintos movimientos antibélicos, antimilitaristas y pacifistas, que son en verdad una misma cosa (por eso se dice que “ningún ejército defiende la paz”) (pienso en los insumisos de España o en las Mujeres de Negro), y específicamente en las obras culturales que han contribuido a ellos (me viene a la mente, por ejemplo, la inigualable Johnny cogió su fusil, de Dalton Trumbo, de 1939). Son temas todos ellos con los que puede comprometerse un/a historiador/a crítico/a, y un/a profe de historia, dado que las guerras y las batallas son uno de los campos más cultivados y ensalzados por la historia oficial, y deben ser sometidos a revisión.

Pero ahora no se trata de eso, o no de tanto. Vamos a centrarnos en una guerra concreta, como fue la de las islas Malvinas o Falkland, y a limitarnos a una sola obra que retrata, de un modo muy peculiar, la abyección de la guerra; se trata de Los pichiciegos, de Rodolfo Enrique Fogwill. Esta novela fue escrita en una semana de junio de 1982, por uno de los escritores más irreverentes de las últimas décadas en Argentina. No es una historia real, en cuanto que haya sucedido, ya que es una novela, pero como tal contiene elementos verídicos. Quizá Fogwill no la escribió buscando representar la crueldad de la guerra; quizás sólo pretendía denunciar las malas condiciones en las que lucharon los argentinos, como si unas buenas condiciones hubieran podido cambiar la experiencia profundamente aberrante de la guerra. No lo sabemos, aunque sería interesante investigarlo. Lo importante hoy aquí es recoger sus palabras para apoyar esta interpretación que propongo sobre el carácter de la guerra, de cualquier guerra. Reproduzco amplios pasajes para que cualquier actividad de análisis de la novela de Fogwill en clase esté bien fundamentada. Sigue leyendo

El oficio del historiador

Hay muchas maneras de entender el trabajo que realizamos las y los historiadores. Esos modos diversos, junto con los múltiples abordajes de la propia historia (ontología), del proceso por el que se aprehende y conoce (epistemología) y de las herramientas y técnicas de generación del conocimiento histórico (metodología), han sido agrupadas por los historiadores de la ciencia (en este caso, de la historia) en escuelas historiográficas, paradigmas, formaciones discursivas… Esta enorme variedad es lo que nos ha llevado en varias ocasiones a afirmar que el pasado, o lo que decimos sobre él, es algo muy vivo y que por tanto cambia, no sólo en el tiempo sino también en el espacio, es decir, en unos lugares y otros, entre unas tradiciones y otras, en unos equipos de investigación y otros.

Esto lleva a muchxs a considerar que la historia, como otras ciencias sociales, no es una ciencia, o al menos no es una ciencia confiable, pero no hay más que repasar, como han hecho S.J.Gould o Th. Kuhn, la evolución de disciplinas como la geología y la física para apreciar la contraposición de distintas maneras de ver la realidad tratada en disciplinas plenamente legitimadas.

Sin embargo, más allá de este debate y ante las distintas maneras de entender la historia y todo lo que conlleva, hay tres aspectos que me parece que son definitorios del oficio del historiador/a, entendido como un proceso complejo de construcción del conocimiento. Veámoslos someramente. Aludiremos a distintos investigadores que comparten esta perspectiva, aunque su núcleo se encuentra en los trabajos de Marc Bloch (1866-1944) y Lucien Febvre (1878-1956).

Algarrobo de 700 años de edad y, al fondo, el Cerro de los siete colores (Purmamarca, prov. Jujuy, Argentina) (foto JRC, ag. 2014)

Algarrobo de 700 años de edad y, al fondo, el cerro de “los siete colores” (Purmamarca, prov. Jujuy, Argentina) (foto JRC, ag. 2014). Son testigos, en sus anillos de crecimiento y en sus estratos, del paso del tiempo…

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Migrar eternamente: el caso de “los alemanes del Volga” en Argentina

Quizás lo más característico de los humanos, como de otros animales, son las migraciones, los desplazamientos de poblaciones de un lugar a otro de la geografía. Estas migraciones pueden ser en una escala relativamente reducida, como cuando con cada estación se trasladan lxs pastores de las partes bajas a las partes altas de los valles (trasterminancia), en una escala mayor, cuando la gente (normalmente también pastores) se mueve de una región a otra (trashumancia), o en una escala mucho más amplia y sin seguir un patrón tan regular (temporal y espacialmente), en cuyo caso hablamos más propiamente de migración, y aquí habría que distinguir migraciones muy diversas (por unas razones económicas u otras, por razones culturales, ideológicas, políticas…). También encontramos a menudo, por supuesto, movimientos de expansión de determinadas potencias sobre otros territorios, poblaciones o países; entonces nos referimos al colonialismo e imperialismo, aunque esta peculiar variante se mezcla en algunas ocasiones con las migraciones de personas o grupos (sobre todo cuando se habla de las colonias de poblamiento).

El caso ahora no es hacer una tipología, sino subrayar que lo raro en la historia de la humanidad (y de otras especies y géneros animales) es precisamante permanecer en un lugar. El movimiento es una constante y la procedencia de cada uno (considerado individual o colectivamente) es, en verdad, un entramado de idas y venidas repetidas, una superposición, siempre provisional, de distintos orígenes. No hay más que rastrear de dónde vienen nuestros padres y madres, y los padres de cada uno de nuestros padres, y los padres de cada unx de nuestrxs abuelxs…

Por supuesto con ello no queremos dar alas al neoliberalismo, sustentado en la movilidad de mercancías, capitales y trabajadores, y tan amigo en consecuencia de la fluidez y liquidez de las identidades, los valores, los rasgos culturales…, constitutivos de un mundo cosmopolita entendido como “aldea global”, falsamente universal, en el que rigen en verdad la racionalidad capitalista y el sometimiento a sus dictados. Pero tampoco queremos comulgar con las rígidas nociones, tan usadas por los nacionalismos de diverso signo, sobre la identidad nacional, que suelen tener como punto de apoyo crucial y justificativo el discurso en torno a la estabilidad de las poblaciones en los territorios y su arraigo temporal de largo alcance.

Veremos, pues, un caso revelador de lo que comentamos, el de los alemanes del Volga y sus descendientes, instalados a orillas de este gran río euroasiático y de algunos de sus cursos tributarios a finales del siglo XVIII (como hicieron otros europeos también). Muchos retomarían más tarde el camino de la migración y acabarían en América. Y otros permanecerían hasta las deportaciones de Stalin, de modo que hoy se les encuentra en distintos lugares de Siberia. Esta es parte de su historia, una historia de migraciones repetidas a lo largo del tiempo, que, como no podía ser de otra manera, nos va a llevar lejos…

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El nacimiento de América: la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1865-1870)

Cándido López (1889): La batlla de Tuyutí. Lugar de conservación indeterminado (fuente Wikicommons)

Cándido López (1889): La batalla de Tuyutí (detalle). Museo Histórico Nacional de Argentina (Buenos Aires) (fuente Wikicommons)

Hay episodios de la historia que pasan desapercibidos en ciertos lugares, aunque son cruciales. Esta contradicción no es tal, porque en realidad lo que sucede es que han sido omitidos, relegados. En otras ocasiones, esos episodios sí están presentes pero son enfocados de un modo muy parcial, incluso tendencioso. Uno de ellos es la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1865-1870), ignorada sistemáticamente en las clases de Historia que impartimos en España al hablar de América, o manipulada hasta el absurdo para ensalzar a uno de los bandos en países americanos como Argentina y justificar su expansionismo territorial. Un análisis de las representaciones de este proceso en las escuelas de distintos países requeriría más tiempo y nos conduciría a apreciar la función que desempeñan los vacíos o los enfoques parciales en el relato histórico sobre la América independiente de los imperios ibéricos. Pero, dado que en la enseñanza secundaria de España ni siquiera se menciona, nos vamos a conformar simplemente con llamar la atención sobre este conflicto bélico y con sondear algunas de sus características. Apreciaremos cómo es un episodio de una relevancia tremenda en la historia de América y cómo, por tanto, debería ocupar un momento clave en la enseñanza de su evolución.

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El reverso de la ejecución de Túpac Amaru y su familia a partir de una fuente escrita del siglo XVIII

José Gabriel Condorcanqui, más conocido como Túpac Amaru II o simplemente Túpac Amaru, es un personaje mítico en América Latina. Lideró una importante rebelión contra el dominio de la Corona española a finales del siglo XVIII. Sin embargo, uno de los motivos por los que es famoso es curiosamente su muerte. Veamos el documento en el que se explica cómo fue ésta y tratemos de desentrañar el reverso de este acontecimiento (o al menos, de ver una de las posibles vueltas que se le puede dar), como esbozo de una crítica de una fuente histórica escrita.

Composición con el rostro de Túpac Amaru II y la escena de su ejecución (fuente: Prensa alternativa al servicio del pueblo en www.telesurtv.net)

Composición con el retrato del rostro de Túpac Amaru II y con la reconstrucción de la escena de su ejecución (fuente: Prensa alternativa al servicio del pueblo en www.telesurtv.net)

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Revoluciones: esquema de un proceso histórico crucial

Portada de Animal Farm (ed. 1966, diseñada por Paul Hogarth) (foto: www.pinterest.com)

Portada de Animal Farm (ed. 1966, diseñada por Paul Hogarth) (foto: http://www.pinterest.com)

En su libro Revoluciones del mundo moderno, que hemos utilizado varias veces en clase (por ejemplo a propósito de la Revolución inglesa, la Revolución francesa y la Comuna de París), Alfonso Lazo dedica un capítulo introductorio al significado de las revoluciones en la historia. Nos explica que para numerosos investigadores, con diversas maneras de ver el pasado (es decir, de distintas escuelas historiográficas), las revoluciones son momentos cruciales en el devenir histórico; algunos de los historiadores que más insisten en ello, aunque no los únicos, son los materialistas históricos o marxistas. Las revoluciones son de muchos tipos, en función del ámbito del que tratemos; las más vistosas son las revoluciones económicas, como la Revolución neolítica o la Revolución industrial, o las revoluciones políticas, como la Revolución francesa o la Revolución rusa. (También hay culturales, como la que provocan las llamadas “vanguardias artísticas”.) Sin embargo, el tema da para mucho más que para una tipología. Podemos discutir cómo suceden, cómo tienen lugar, qué esquema básico parecen definir, qué aspectos tienen en común pese a su tremenda variedad. Y eso es lo que vamos a hacer hoy, aunque sólo respecto a las revoluciones políticas y en un sentido más o menos general. Para ello seguiremos con el texto de Alfonso Lazo, pero también nos meteremos en un libro maravilloso que se tradujo en su momento como Rebelión en la granja (Animal Farm, en su versión original), de George Orwell, e iremos repasando algunos casos históricos para ilustrar lo que veamos. Con ello, por cierto, os encontraréis, presentado de un modo distinto, algunos de los episodios que habéis estudiado o estudiaréis en clase, y que quizás nunca pensasteis contemplar en este sentido.

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Tierra rica, hombre pobre (que aun así lucha)

La fórmula “tierra rica, hombre pobre” es el núcelo de uno de los libros más importantes de la segunda mitad del siglo XX en el campo de las Ciencias sociales, Las venas abiertas de América Latina, del escritor uruguayo Eduardo Galeano, publicado originariamente en 1971. América Latina es un continente de una enorme biodiversidad e inmensos recursos, pero en ella abunda la pobreza. La relación proporcional entre ambos aspectos, aun así, no es obra de la naturaleza sino de unas peculiares relaciones con las potencias de otros continentes, sobre todo los países europeos y Estados Unidos.

C/ 8 (entre 35 y 36), La Plata, Argentina (agosto 2016)

C/ 8 (entre 35 y 36), La Plata, Argentina (foto JRC, agosto 2016)

Sin embargo, como el propio Galeano reivindica, el hombre en América Latina no sólo es pobre, sino que también lucha. De hecho, lucha porque es pobre, y lejos de ser una víctima es un hombre que no agacha la cabeza, que es digno, que no se deja…, y ello hasta un punto y unas consecuencias que a las mentes nuestras del “primer mundo” hoy pacificado nos cuesta tremendamente concebir. Que conste que allí donde decimos hombre que lucha, estamos diciendo hombres que luchan, y donde hablamos de hombres que luchan, hablamos de hombres y mujeres que luchan, y donde nos referimos a hombres y mujeres que luchan, nos referimos también a hombres, mujeres, niños y niñas, adultos y ancianos que luchan… Así como las pobrezas de América Latina son de las más conocidas en el mundo entero, también lo son sus luchas sociales, desde la época de la colonia hasta la actualidad. Y hay luchas que conectan pasado y presente, o que mientras se están dando hoy en día manifiestan problemas antiguos…

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