4.5. Los reinos cristianos en la Edad Media: manifestaciones artísticas

Los reinos cristianos que van creciendo a la sombra de al-Ándalus durante la Edad Media van a desarrollar distintas manifestaciones artísticas. Hay una enorme variedad como consecuencia de la fragmentación de esos reinos. A partir del siglo XI, en cambio, comienzan a converger, cuando interactúan de una manera más estrecha.

Las primeras se engloban bajo el nombre de arte prerrománico. En primer lugar figura el arte asturiano, entre los siglos VIII y X, que aúna elementos prerromanos, romanos y visigodos, y destaca especialmente en arquitectura, con pequeñas iglesias como las del entorno de Oviedo (San Julián de los Prados, Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo), aunque también hay orfebrería (como la célebre cruz “de la victoria” de Alfonso III). En segundo lugar surge el arte mozárabe, impulsado por cristianos emigrados de al-Ándalus entre los siglos X y XI a los territorios del reino astur-leonés; presenta formas islámicas, tanto en obras como “los beatos” (copias del Comentario del Apocalipsis de San Juan realizado por el beato de Liébana) como en las famosas iglesias de San Baudelio de Berlanga (Soria) y Santiago de Peñalba (León). Finalmente, en los Pirineos centrales y orientales encontramos el arte carolingio catalán (siglos VIII-X), en el conjunto de Tarrasa (Barcelona), y también mozárabe (siglos X-XI), en San Feliu de Guixols (Gerona).

A partir del siglo XII y hasta el siglo XVI aparecen dos grandes estilos artísticos compartidos tanto por los reinos cristianos peninsulares como por el resto de la Europa cristiana, a pesar de numerosas variantes regionales. El primero es el románico (siglos XI a XII). Enmarcado en el feudalismo, es reflejo del espíritu de Cruzada y del esfuerzo de la Iglesia por consolidar su poder y uniformar la Cristiandad; se desarrolla en arquitectura, escultura y pintura, concentrando normalmente todas ellas en iglesias y monasterios (aunque también hay obras civiles), convertidos en Biblias de piedra a través de una iconografía compleja, como la catedral de Santiago de Compostela, San Clemente y Santa María de Tahull (Gerona) y San Martín de Frómista (Palencia). El segundo es el gótico (siglos XIII a XVI). Enmarcado en el renacer de las ciudades, representa un cristianismo más secular, apoyado por nobles, clérigos y burgueses enriquecidos con el comercio. La arquitectura, escultura y pintura se pueden desarrollar por separado y muestran un refinamiento tanto técnico (con el uso de arbotantes y contrafuertes exteriores) como estético (con un mayor dinamismo, realismo y luminosidad), como se puede observar en las catedrales de León y Burgos, en la pintura de Bartolomé Bermejo y Fernando Gallego, y en conjuntos escultóricos como los de las portadas y sepulcros de las catedrales de León, Sigüenza y Toledo.

A estos estilos se añade el mudéjar, realizado por artistas de tradición o cultura islámica, desde el siglo XIII hasta el XVI, en Zaragoza (Palacio de la Aljafería y Torre de la Magdalena), Teruel (San Martín), Madrid (San Pedro el Viejo) y Toledo (Santiago del Arrabal), entre otros muchos.

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