16.3. La España actual en el contexto internacional

La política exterior de España tras la muerte de Franco estuvo marcada por la apertura a Europa y la  culminación de la integración en el bloque capitalista occidental. Ese planteamiento fue defendido al principio especialmente por los sectores aperturistas del último franquismo, aunque al final fue apoyado por amplias mayorías de grupos políticos y de la población. Este aperturismo suponía, primero, recuperar el europeísmo anterior a la Guerra, que había quedado casi olvidado a raíz de los pactos con EEUU de principios de los 50. Pero, en segundo lugar, supuso también la culminación del proceso de apertura a los mercados capitalistas internacionales iniciado con los tecnócratas desde finales de los años 50 para poner fin a la autarquía (o aislamiento económico). De hecho, en cierta manera, la Transición a la democracia estuvo marcada por estos objetivos: el requisito político principal para entrar en estos mercados era la democratización.

Por otro lado, esta política exterior de la España actual va a estar influída, al menos durante los primeros años, por las crisis económicas de 1973 y 1979, a las que se añade la de 1992. Los gobiernos españoles tratan de responder con una apertura y convergencia con los mercados capitalistas occidentales

La entrada en la Comunidad Económica Europea/CEE (Unión Europea/UE desde 1992) se produjo oficialmente el 1 de enero de 1986, con el gobierno de González. Este acuerdo culminaba un largo proceso de negociaciones iniciado en el franquismo, en 1970 (acuerdo preferencial con la CEE), y en la Transición, en 1977. El Tratado de Adhesión exigía además el mantenimiento en la OTAN, otro de los puntos clave para acceder al bloque capitalista occidental; el ingreso en la OTAN se había producido en mayo 1982 (gobierno Calvo Sotelo) e iba a ser aprobado en referéndum por la población (marzo 1986).

El proceso de integración se prolongó hasta 1993, cuando se eliminaron los aranceles (o impuestos para la importación) y las trabas a la libre circulación de personas y capitales, verdadero objetivo de la CEE/UE dado el planteamiento neoliberal que la definía (es decir, creación de un enorme mercado interior sin fronteras). Esta adhesión conllevó la reconversión forzosa de numerosas explotaciones agrícolas y ganaderas para la exportación de ciertos productos (aceite, leche, carne), lo que supuso el paro de numerosos trabajadores y el mantenimiento de numerosos empresarios y propietarios agrarios con subvenciones europeas. Además aumentaron notablemente las importaciones de diversos productos, desnivelando la balanza de pagos. Por otro lado, se recibieron numerosas ayudas para el desarrollo y fondos de cohesión, como los FEDER. Con el Tratado de Maastricht (1992) y el proyecto de creación de una moneda única, el euro, España se sometió a un ajuste, completado durante los gobiernos del PSOE y PP, para cumplir con determinadas condiciones: reducción de la inflación y del déficit público y control de los tipos de cambio y de interés. Las medidas tomadas conllevaron la reducción en inversión pública y la privatización de numerosas empresas públicas hasta entonces rentables (Telefónica, Repsol, Endesa, Argentaria, Tabacalera…).

En cuanto a las instituciones comunitarias, España participa en el Parlamento Europeo con 60 eurodiputados; las primeras elecciones en las que concurrió fueron las de 1989. En el Consejo europeo participa con 8 votos y ha ejercido la presidencia (semestral) en tres ocasiones (con F. González, J.M. Aznar y J.L. Rodríguez Zapatero). El Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de la UE o Mr. PESC ha sido durante 10 años (1999-2009) el español socialista Javier Solana.

En cuanto al resto de la política exterior, durante los gobiernos de González se establecen estrechas relaciones con Francia para fortalecer la lucha antietarra (mediados de los 80). Asimismo, se potencian las relaciones con América Latina (Cumbres Iberoamericanas, premio Cervantes, ayudas para el desarrollo y ONG’s) y Europa, aunque también se presta atención al norte de África (Marruecos y Argelia para el control de la migración, tráfico de drogas y establecimiento de gaseoductos) y se llega a acuerdos con Israel (1986). En 1991 Madrid acoge una importante conferencia de paz sobre Oriente Medio que sienta por primera vez a negociar a los líderes palestinos e israelíes. En estos momentos (1991), España aporta apoyo logístico a EEUU en la Guerra del Golfo. Los JJOO de Barcelona y la Expo de Sevilla de 1992 son una muestra más de la apertura de España al mundo.

Durante los gobiernos de Aznar prosigue la colaboración antiterrorista con Francia y el resto de la UE, con la creación de un espacio único europeo de lucha antiterrorista. Los acuerdos con la OTAN prosiguen igualmente, con la integración de España en su estructura militar (1996) y la participación (sin autorización del parlamento) en los bombardeos y establecimiento de una fuerza de paz en la antigua Yugoslavia (1997). Las relaciones con América Latina fueron cordiales, aunque se produjeron importantes tensiones con Cuba y con Chile y Argentina con motivo del procesamiento de Pinochet a manos del juez Garzón. Se abrieron relaciones con Reino Unido en torno a Gibraltar. Con Marruecos se han entablado distintos acuerdos para que los barcos españoles faenen en sus aguas, aunque ha habido tensiones importantes como las derivadas de la ocupación del islote de Perejil, de titularidad española, igual que Ceuta y Melilla, siempre reivindicadas por Marruecos. El punto culminante de la política exterior de Aznar fue el apoyo a la invasión de Irak al margen de la ONU en 2003.

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