6.3. Los Reyes Católicos: la integración de las Islas Canarias y la aproximación a Portugal

Vuestro compañero Álex García, de la 18-A2, ha preparado una síntesis de este tema:

Los Reyes Católicos se propusieron y lograron crear un estado fuerte. Entre otras cosas, consolidan, por un lado, el dominio y el control de las rutas y enclaves establecidos previamente por sus antecesores en el Atlántico y otros lugares. En segundo lugar, mantienen un equilibrio con Portugal, que al ser el único reino cristiano al que no iban a poder dominar, potenciaron su aproximación.

La consolidación del control de los enclaves marítimos en el Atlántico pasó por la culminación de la conquista de las islas Canarias, que ya se había iniciado a principios del siglo XV. Tras lograrlo, acordaron con Portugal la división de territorios mediante el Tratado de Alcaçovas-Toledo (1479), que además ponía fin a la guerra civil entre Isabel y su hermana Juana la Beltraneja, apoyada por Portugal; en el mismo se establece la soberanía hispánica al norte de África y al sur, la de Portugal.

Se consigue la conquista de Tenerife, La Palma y Gran Canaria a cargo de la nobleza y particulares mediante capitulaciones con la Corona, que pasaría a reconocer a éstos los derechos de explotación de los territorios conseguidos. El gobierno administrativo de todas las islas queda a cargo de un “Comandante general”; y el gobierno de Gran Canaria y Tenerife a cargo de un “Adelantado” en cada una.

Las poblaciones autóctonas del archipiélago (llamadas “guanches”) quedan muy menguadas debido al contacto con nuevas enfermedades y a su explotación como personas (esclavización para realizar trabajos forzados).

A partir de los viajes y conquistas de América, las Canarias cobran una gran importancia a nivel político y económico.

En relación con Portugal, se pone en marcha una política matrimonial compleja al igual que con otros reinos europeos (Inglaterra, el Sacro Imperio Romano Germánico…) con el fin de anexionarlos. Casan a Isabel de Aragón con Alfonso de Portugal, que muere, y entonces vuelve a casarse con su sucesor, Manuel I “El Afortunado”. Con la muerte de su mujer Isabel, Manuel I volverá a casarse con una de sus hermanas, María. Esta política matrimonial posteriormente sirvió al rey Felipe II para reclamar sus derechos al trono portugués.

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