Golpe a golpe, cuerpo a cuerpo

Militares argentinos en 1981. Foto Eduardo Longoni (fuente: http://www.eduardolongoni.com.ar/)

En Ciencias políticas la propuesta de Hobbes sobre el origen del estado es quizás la que más ha influido a la hora de explicar las relaciones de poder en las sociedades humanas. Este filósofo inglés del siglo XVII plantea, en resumidas cuentas, que el estado moderno aparece en un momento dado para poner fin al enfrentamiento natural entre los seres humanos (véase en este sentido su célebre obra Leviatán). Lo que él entiende por estado es una organización política absolutista, en la que la figura del monarca secular ejerce su poder férreamente frente a cualquier otro ente o persona (paradigmáticamente la Iglesia), pero pone de relieve una idea que va a permanecer en los pensadores posteriores que irán dando forma al liberalismo político, como John Locke (1632-1704) y Jean Jacques Rousseau (1712-1778). Y esa idea es que la sociedad sólo encuentra su paz gracias a una organización política centralizada, en favor de la cual sus miembros ceden parte de su soberanía para que equilibre sus dispares y antagónicos intereses y evite así el caos y el enfrentamiento eterno; se trata del tantas veces mentado contrato social. Todo esto es muy bonito, pero el estudio de la historia, desde ciertos puntos de vista, nos revela un panorama bien distinto que pienso que hay que tener en cuenta a la hora de hablar de política.

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La clase que tenía pendiente sobre Marx

image3Hace unos días un amigo le regaló a mi hija un libro en el que se explica una de las ideas centrales del pensamiento económico de Karl Marx, autor y luchador político del siglo XIX sobre el que ya hablamos en una ocasión, al referirnos a su concepción de la historia, que se suele denominar materialismo histórico.

Mucho se puede decir sobre Marx, obviamente. Pero para mí, clarificar lo que señala sobre la plusvalía es una tarea pendiente desde hace tiempo. Y lo es por dos motivos: por un lado, nunca encuentro en clase el momento para que tratemos el tema calmadamente y, por otro lado, el de la plusvalía es un concepto que no está muy claro ni en su definición ni en la consideración de su importancia en el sistema económico capitalista para muchxs pensadorxs. Buena prueba de esto último es el libro del que hablaba, por no remitirnos a toda una corriente que ha simplificado (por distintos motivos) el pensamiento de Marx, como nos contaba Montserrat Galcerán en su libro La invención del marxismo y yo traté de analizar en lo tocante al mundo de la arqueología. Sigue leyendo

El ominoso arte de la guerra: Fogwill y sus “pichiciegos”

Portada de Gente (Buenos Aires), 20 de mayo de 1982

Portada de la revista Gente (Buenos Aires), difusora de la moralidad militar durante la dictadura, el 20 de mayo de 1982 (fuente: http://www.no-retornable.com.ar)

Ominoso significa abominable, despreciable, horrible, abyecto. Pese a las imágenes positivas, idealizadas que se derivan de la representación romántica de la guerra (y de muchas otras representaciones), que han llevado a considerarla como un arte, el enfrentamiento bélico no merece otro adjetivo. Serían dignos de análisis los modos en los que tanto en nuestra sociedad como en otras se ha ido construyendo esa imagen positiva de la guerra; el militarismo es un valor, y no sólo entre los poderes establecidos, del tipo que sean, sino en amplios sectores de la población, que pasan de jugar a la guerra cuando son pequeños hasta hacerla (o más bien, mandar hacerla, o -en el mejor de los casos- a beneficiarse de que otrxs la hagan) cuando son mayores… Asimismo sería genial y apasionante bucear en los distintos movimientos antibélicos, antimilitaristas y pacifistas, que son en verdad una misma cosa (por eso se dice que “ningún ejército defiende la paz”) (pienso en los insumisos de España o en las Mujeres de Negro), y específicamente en las obras culturales que han contribuido a ellos (me viene a la mente, por ejemplo, la inigualable Johnny cogió su fusil, de Dalton Trumbo, de 1939). Son temas todos ellos con los que puede comprometerse un/a historiador/a crítico/a, y un/a profe de historia, dado que las guerras y las batallas son uno de los campos más cultivados y ensalzados por la historia oficial, y deben ser sometidos a revisión.

Pero ahora no se trata de eso, o no de tanto. Vamos a centrarnos en una guerra concreta, como fue la de las islas Malvinas o Falkland, y a limitarnos a una sola obra que retrata, de un modo muy peculiar, la abyección de la guerra; se trata de Los pichiciegos, de Rodolfo Enrique Fogwill. Esta novela fue escrita en una semana de junio de 1982, por uno de los escritores más irreverentes de las últimas décadas en Argentina. No es una historia real, en cuanto que haya sucedido, ya que es una novela, pero como tal contiene elementos verídicos. Quizá Fogwill no la escribió buscando representar la crueldad de la guerra; quizás sólo pretendía denunciar las malas condiciones en las que lucharon los argentinos, como si unas buenas condiciones hubieran podido cambiar la experiencia profundamente aberrante de la guerra. No lo sabemos, aunque sería interesante investigarlo. Lo importante hoy aquí es recoger sus palabras para apoyar esta interpretación que propongo sobre el carácter de la guerra, de cualquier guerra. Reproduzco amplios pasajes para que cualquier actividad de análisis de la novela de Fogwill en clase esté bien fundamentada. Sigue leyendo

Revoluciones: esquema de un proceso histórico crucial

Portada de Animal Farm (ed. 1966, diseñada por Paul Hogarth) (foto: www.pinterest.com)

Portada de Animal Farm (ed. 1966, diseñada por Paul Hogarth) (foto: http://www.pinterest.com)

En su libro Revoluciones del mundo moderno, que hemos utilizado varias veces en clase (por ejemplo a propósito de la Revolución inglesa, la Revolución francesa y la Comuna de París), Alfonso Lazo dedica un capítulo introductorio al significado de las revoluciones en la historia. Nos explica que para numerosos investigadores, con diversas maneras de ver el pasado (es decir, de distintas escuelas historiográficas), las revoluciones son momentos cruciales en el devenir histórico; algunos de los historiadores que más insisten en ello, aunque no los únicos, son los materialistas históricos o marxistas. Las revoluciones son de muchos tipos, en función del ámbito del que tratemos; las más vistosas son las revoluciones económicas, como la Revolución neolítica o la Revolución industrial, o las revoluciones políticas, como la Revolución francesa o la Revolución rusa. (También hay culturales, como la que provocan las llamadas “vanguardias artísticas”.) Sin embargo, el tema da para mucho más que para una tipología. Podemos discutir cómo suceden, cómo tienen lugar, qué esquema básico parecen definir, qué aspectos tienen en común pese a su tremenda variedad. Y eso es lo que vamos a hacer hoy, aunque sólo respecto a las revoluciones políticas y en un sentido más o menos general. Para ello seguiremos con el texto de Alfonso Lazo, pero también nos meteremos en un libro maravilloso que se tradujo en su momento como Rebelión en la granja (Animal Farm, en su versión original), de George Orwell, e iremos repasando algunos casos históricos para ilustrar lo que veamos. Con ello, por cierto, os encontraréis, presentado de un modo distinto, algunos de los episodios que habéis estudiado o estudiaréis en clase, y que quizás nunca pensasteis contemplar en este sentido.

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Tierra rica, hombre pobre (que aun así lucha)

La fórmula “tierra rica, hombre pobre” es el núcelo de uno de los libros más importantes de la segunda mitad del siglo XX en el campo de las Ciencias sociales, Las venas abiertas de América Latina, del escritor uruguayo Eduardo Galeano, publicado originariamente en 1971. América Latina es un continente de una enorme biodiversidad e inmensos recursos, pero en ella abunda la pobreza. La relación proporcional entre ambos aspectos, aun así, no es obra de la naturaleza sino de unas peculiares relaciones con las potencias de otros continentes, sobre todo los países europeos y Estados Unidos.

C/ 8 (entre 35 y 36), La Plata, Argentina (agosto 2016)

C/ 8 (entre 35 y 36), La Plata, Argentina (foto JRC, agosto 2016)

Sin embargo, como el propio Galeano reivindica, el hombre en América Latina no sólo es pobre, sino que también lucha. De hecho, lucha porque es pobre, y lejos de ser una víctima es un hombre que no agacha la cabeza, que es digno, que no se deja…, y ello hasta un punto y unas consecuencias que a las mentes nuestras del “primer mundo” hoy pacificado nos cuesta tremendamente concebir. Que conste que allí donde decimos hombre que lucha, estamos diciendo hombres que luchan, y donde hablamos de hombres que luchan, hablamos de hombres y mujeres que luchan, y donde nos referimos a hombres y mujeres que luchan, nos referimos también a hombres, mujeres, niños y niñas, adultos y ancianos que luchan… Así como las pobrezas de América Latina son de las más conocidas en el mundo entero, también lo son sus luchas sociales, desde la época de la colonia hasta la actualidad. Y hay luchas que conectan pasado y presente, o que mientras se están dando hoy en día manifiestan problemas antiguos…

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