Historias de la tierra

A menudo pensamos que es la Historia (como disciplina, como saber) la que nos cuenta la historia (como realidad pretérita, como lo que fue). Sin embargo, la propia tierra (como planeta en sentido global y como fragmento en sentido más particular) aporta sus propias historias. Y con ello muchas veces nos inspira para ver la historia clásica, digamos, o sea, la trayectoria de la humanidad en tiempos y lugares concretos, a la luz de un prisma distinto, más rico y con renovadas y novedosas herramientas conceptuales y lingüísticas. Aproximémosnos a dos de las disciplinas que más explícitamente se ocupan de la tierra: la geografía y la geología. Y veamos con ello los intercambios y diálogos que pueden tener ciencias tan aparentemente dispares, incluyendo, desde luego, a la historia. Nuestro caso de estudio serán hoy las célebres cataratas del Iguazú.

Tres panorámicas de las cataratas del río Iguazú (prov. Misiones, Argentina) (foto JRC, diciembre de 2017)

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Narrar la historia

¿Habéis oído eso de que “la historia es como un cuento”? En alguna ocasión me he manifestado en contra de esta afirmación. Entiendo por qué lo he hecho. Pero no voy a explicarlo, porque, entre otras cosas, en cierto modo estaba equivocado. La historia, tal y como la concebimos, tal y como se nos presenta y (nos y os) la presentamos, entraña una narración; sin la articulación del lenguaje, sin el acto de nombrar y sin la labor de tejer los nombres (conceptos, personajes, fechas, lugares, sucesos) en una trama, en un relato, no podríamos asirla, tocarla, manejarla, observarla, estudiarla. Qué gran experiencia es aquella a que nos conduce una historia bien narrada o leída, con sus ritmos, sus participantes, avatares. Pienso en mi padre cuando yo era chico y me leía en la cama con voz mullida. Y hay un cuento que pasa estos días de mano en mano en casa, un cuento en el que, de un modo fascinante, se concatenan historias simétricas, que se repiten una y otra vez para trazar el camino: la vivencia de una madre y su hijo, y la del padre de aquélla con ella tiempo atrás, y la de una abuela con su nieto antes aún. Distintos tiempos que se hilvanan en uno solo: dos generaciones sucesivas a la que se añade una previa, ya mítica, presentes en el acto de lectura o exposición. Todos estos personajes viven situaciones similares: incursiones en el bosque al final del verano para recolectar frutos de cara al invierno, la noche que sobreviene repentinamente y el crepúsculo que inhunda a las criaturas al tener que pernoctar y exponerse a la inmensidad de la noche y los ululatos de las lechuzas, los violentos ecos de los truenos, las miradas avizoras de las fieras desde la espesura. Y con estas situaciones se despliegan el encuentro entre las generaciones y manejos parejos: una manta bordada, un mate cebado, una hoguera bien nutrida, y como elemento común: una historia dulcemente contada. El cuento se compone de otros cuentos y como si fueran espejos, en los que nosotrxs mismxs podemos vernos, porque de hecho también somos uno o dos adultos leyendo con una pequeña, y con ello añadimos una capa, una superficie más, van componiendo la aventura.  Es éste un relato de algunos pueblos mapuches, de esos que demuestran que las historias se pueden narrar de muy diversas formas: lineales, circulares, elípticas, convergentes, y en muy diversos formatos: orales, escritos, audiovisuales, gestuales, gráficos… Podríamos discutir si son fiel reflejo de lo que sucedió: ¿hay algo que lo sea de modo puro?, ¿hay modo puro de serlo? Cuidado, porque muchos cuentos pasan por ser meras formas fenoménicas del mundo, o sea, muestras folklóricas de grupos sociales y étnicos, y a menudo encarnan experiencias bien concretas; no sabemos si la violencia que sufren hasta el mismo día de hoy estos mismos mapuches, como Rafael Nahuel, o algunxs que los apoyan, como Santiago Maldonado, o las venturas que nacen de su día a día, jalonarán sus narraciones. Pero en cualquier caso se hace patente que la(s) historia(s) se puede(n) contar de maneras muy distintas; ahora no importa la diferencia que hay en inglés entre history y story, escamoteada silenciosa, pero felizmente, en el sustantivo castellano historia. Al fin y al cabo, como sugería recientemente William Ospina en La decadencia de los dragones, la lectura y, más aún, las historias narradas entrañan “un placer sin fin”. Y el placer, en este caso el placer de conocer historias, y de dejarse inhundar, seducir, iluminar, vibrar, pero igualmente adormecer, reposar y enraizar por ellas, es uno de los componentes, acaso el esencial, del interés que lleva a aprender de la historia y con la historia, en toda su diversidad formal y enunciativa.

Arqueología de los márgenes: recorriendo los bordes de la sociedad

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Puerta de Hierro (Madrid)

La arqueología se nos ha presentado tradicionalmente como una disciplina comprometida con el estudio de épocas remotas (paradigmáticamente la Prehistoria) y de civilizaciones exóticas (Egipto, Grecia y Roma, Mesoamérica precolombina, civilización del Indo…). Otro de los tópicos es que tiene más valor cuanto más profundo excava; los tells de Próximo Oriente (por ejemplo, Jericó), Anatolia (Çatal Hüyük), Mesopotamia (Uruk) o Asia central (Namazga), que aparentemente permiten conocer la “cuna de la civilización”, son precisamente depósitos de gran profundidad o potencia (más de 30 metros) en los que se han ido sedimentando y superponiendo los restos de distintas sociedades a lo largo del tiempo.

Sin embargo, aun siendo lógicamente válidas estas ideas, la arqueología es mucho más. Hoy vamos a hacer un pequeño recorrido por los caminos de la arqueología contemporánea para que podáis plantearos tanto otra forma de hacer arqueología como otra manera de entender la historia contemporánea. Esta arqueología no es agradable, advierto a las mentes pudorosas y a los reverendos académicos.

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Incógnitas de la historia: símbolos republicanos en Madrid

Fuente de 1934 (con la inscripción mutilada) en la plaza de Cabestreros (Lavapiés, Madrid) (junio 2015)

Fuente de 1934 (con la inscripción mutilada) en la plaza de Cabestreros (Lavapiés, Madrid) (junio 2015)

La Historia, como otras ciencias (del tipo que sean), no se construye con certezas y afirmaciones, o al menos no en primera instancia, sino con todo lo contrario: se elabora a partir de dudas. La interrogación es el punto de partida de toda investigación. A través de la pregunta se desencadena un proceso que lleva a proponer una respuesta (o varias), en función de un marco teórico específico, y al análisis de testimonios, siguiendo unos métodos particulares. Es más, una vez arrancado este proceso se plantean nuevas preguntas que matizan la propuesta inicial y desencadenan nuevas dudas que conducen a su vez a nuevas investigaciones y a nuevos interrogantes, y así sucesivamente. Quien cree que el saber proviene de las afirmaciones tajantes se queda sólo en la antesala de la investigación científica.

Hoy vamos a dar forma a una pregunta, aunque, como quizás viene siendo habitual en este y otros foros, no nos extenderemos en responderla; si alguien quiere aportar datos o ideas, o incluso se anima a escribir algo coherente para hacerlo, no tiene más que remitirnos un correo. La pregunta es la siguiente: ¿Por qué han sobrevivido una serie de símbolos republicanos en la ciudad de Madrid después de la sucesión de regímenes políticos de muy diverso (y en cierto modo opuesto) signo, como una dictadura y una monarquía parlamentaria?

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Paseo a orillas del Manzanares

Las excursiones de muchos centros educativos se han convertido en un mero pasatiempo. Y no me refiero a como las ven lxs alumnxs, que, como sabemos, tienen múltiples y complejas maneras de percibir y entender las actividades educativas. Me preocupa cómo las planteamos los docentes y los centros educativos habitualmente, desprovistas de un enfoque y contenido pedagógico real. Hoy vamos a reflexionar sobre este tema, y lo haremos paseando a orillas del Manzanares a su paso por Madrid.

Baile a orillas del Manzanares, de Francisco de Goya (1776-1777). Museo del Prado (Madrid)

Baile a orillas del Manzanares, de Francisco de Goya (1776-1777). Museo del Prado (Madrid)

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Cada cosa a su tiempo…

Estamos a unos pasos de Selectividad y cualquier material nos puede venir bien para acabar de preparar el examen de Historia de España. Los ejes cronológicos son uno de ellos. Éstos nos ayudan a situar en una línea el decurso de los acontecimientos y las etapas en las que se pueden agrupar. Son una herramienta que manejáis desde pequeñxs en esta asignatura y resulta fundamental para la organización de la información, algo especialmente importante dado el tremendo volumen de info en este curso. Es crucial que sepáis qué va primero y qué va después (cronología relativa) y en qué momento aproximado se produce (cronología absoluta). En este sentido, recordad que lo que a menudo se pide es (1) indicar la etapa y (2) establecer un marco cronológico aproximado (y no fechas concretas): qué siglo, qué década, qué parte de cada uno: principios, primera mitad, mediados o núcleo, segunda mitad, finales, a caballo entre uno y otro… En definitiva se trata de que sepáis (o demostréis que sabéis) situar cada episodio en su momento, cada cosa en su tiempo…

Vuestrxs compañerxs Lucía Carrascoso (antigua 18-C) y Diego Arias (antigua 18-A2), del curso 2015-2016, han querido compartir algunos de los ejes que han preparado. Esperamos que os sirvan.

El de Diego corresponde a los Austrias menores (siglo XVII) y a los primeros Borbones (siglo XVIII):

Eje Austrias menores y primeros Borbones (Diego Arias, curso 2015-2016)

Y el de Lucía a la crisis de 1808, el reinado de Fernando VII y el de Isabel II (regencias y efectivo), esto es, a la mayor parte del siglo XIX:

Eje Crisis 1808 y reinado Fernando VII (Lucía Carrascoso, curso 2015-2016)

Eje Reinado Isabel II (Lucía Carrascoso, curso 2015-2016)

Estadística para principiantes (y no tan principiantes)

El manejo de datos numéricos es clave para la investigación histórica. Ésta no podría entenderse sin ellos. De hecho, las primeras pruebas de escritura, en la Anatolia, Próximo Oriente y Mesopotamia del IV milenio AC, son recuentos de las entregas de cosechas (probablemente en forma de rentas o impuestos) y registros de propiedades. Desde entonces disponemos de multitud de datos cuantitativos provenientes de civilizaciones y culturas pasadas. Todos estos datos los podemos analizar estadísticamente para conocer mejor esas civilizaciones. Por otro lado, los y las historiadoras elaboran en el presente fuentes que también sirven para valorar estadísticamente numerosos procesos del pasado a través de los restos y testimonios que han quedado de él, tanto del periodo convencionalmente denominado histórico como del prehistórico (medidas de huesos y dientes, índices de desgaste óseo o dentario, número de restos y número mínimo de individuos, número de habitantes -absoluto, por grupos de edad, grupos de edad de muerte, sexo, origen…-, presupuestos de los estados, balanza de pagos, gastos militares, salarios, horas de trabajo, número de aprobados y suspensos… y un casi infinito etcétera).

Especialmente desde los años 60, se ha desarrollado una historia llamada cuantitativa que intenta sacar partido de este tipo de datos. Por supuesto no es la única que lo ha hecho, pues en otras tesituras y desde otros paradigmas se han hecho y hacen esfuerzos similares. En cualquier caso, lo importante aquí es ir más allá del relato, la recopilación de anécdotas, las curiosidades…, para meternos de lleno en un tipo (de entre otros posibles y válidos) de análisis de testimonios e información histórica. Habitualmente este esfuerzo se ha convertido en una búsqueda obsesiva de cientificidad, es decir, de legitimidad a través del lenguaje y herramientas matemáticos, perdiendo de vista lo que nos define como historiadores, sin adjetivos: la explicación (global, sintética, reflexiva, integradora) del pasado. Pero está claro que nos abre unas vías provechosas sin las cuales ésta sería mera narración.

Hoy vamos a ver cómo ha resultado un ejercicio de elaboración e investigación de datos estadísticos en un grupo de ESO (clase 15-A) y en otro de Bachillerato (clase 18-A2) (curso 2015-2016).

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