4.4. La diversidad cultural en los reinos cristianos de la Edad Media: cristianos, musulmanes y judíos

La Península ibérica fue durante la Edad Media un crisol de culturas que mantienen diversas relaciones entre sí: enfrentamiento, entendimiento, aislamiento y sincretismo. Entre esas culturas figuran los cristianos, musulmanes y los judíos. Se trataba de poblaciones asentadas en la Península desde hacía siglos y no deberían tomarse unas como más autóctonas que otras; hay que recordar que la mayoría de los andalusíes, por ejemplo, eran poblaciones hispanorromanas convertidas al Islam (muladíes).

En los reinos cristianos dividimos el desarrollo cultural en dos momentos. Por un lado, durante la Temprana y Alta Edad Media (siglos VIII a XII) la cultura es mayoritariamente oral y aparece en el mundo rural y en relación con los distintos estamentos; hay cultura campesina, noble y clerical. El foco más destacado se encuentra en los monasterios (San Millán de la Cogolla -La Rioja-, Santa María de Lebeña -Cantabria-, Ripoll y Sahagún -Cataluña), donde se realizan, en los famosos scriptoria, estudios teológicos (como el del beato de Liébana) y copias de esos estudios (los beatos) y de otras obras de la Edad Media y la Antigüedad. Por otro lado, en la Plena y Baja Edad Media (siglos XII a XV) el impulso viene de las ciudades y, específicamente, de las universidades, donde se forma a la nobleza, el clero y a la emergente burguesía en derecho, medicina y teología; las primeras son las de Palencia y Salamanca (s. XIII).

Las lenguas de estos reinos cristianos son las llamadas “lenguas romances”, que han evolucionado a partir del latín (galaico-portugués, astur-leonés, castellano, aragonés y catalán), cuyos primeros testimonios son las glosas emilianenses (s. XI) en el caso del castellano y aragonés o los cantares de gesta, de amigo o religiosos, como las Cantigas de Santa María (s. XIII), en el del galaico-portugués. El castellano será privilegiado en toda la Corona de Castilla desde que Alfonso X lo impone como lengua diplomática a mediados del siglo XIII.

Finalmente, a lo largo de los reinos cristianos circularon ideas y personas de distintas partes de Europa que ayudaron a enriquecer su cultura. La vía principal de comunicación fue el camino de Santiago, instituido a partir del supuesto descubrimiento de la tumba del apóstol en Galicia en el siglo IX. Por él llegaron a la Península cristiana reformas religiosas (Císter y Cluny) y artísticas (románico y gótico), mercancías y personas (peregrinos, artesanos, guerreros).

A lo largo de la Edad Media en estos reinos el cristianismo fue la religión hegemónica, aunque hay ejemplos de encuentro entre religiones y culturas como en el caso de las escuelas de traductores (Toledo y Barcelona). A raíz de la crisis del siglo XIV se aprecia una mayor intolerancia con el resto de culturas, cosa que culmina con las expulsiones de sefardíes en 1492 y moriscos a lo largo del XVI y en 1609.

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