9.5. La España del siglo XVII. Esplendor cultural. El Siglo de Oro

Pese a la crisis generalizada que sufre el país durante el siglo, en este mismo período la creación literaria y artística alcanzarán un elevadísimo nivel, por lo que se habla de un “Siglo de Oro” de la cultura española. Ésta estaba caracterizada, sin embargo, por un extremado conservadurismo y un aislamiento de las corrientes de pensamiento que se iban extendiendo por Europa como el racionalismo de Descartes o los avances científicos de Newton o Galileo, y totalmente inmersa en el espíritu religioso de la Contrarreforma y del Barroco. Además, la mentalidad predominante (en todos los estamentos) defendía el honor como valor supremo (de ahí que cualquier afrenta se resolviera con los cotidianos duelos), valoraba la ostentación y el rentismo, y despreciaba los oficios manuales, como muy bien ilustran las obras picarescas. La única excepción en este ambiente, la constituyen los llamados arbitristas, ministros y altos cargos próximos a la corona (Sancho de Moncada y otros) que abogaban por impulsar las actividades productivas, la racionalización de la administración y el desarrollo de la ciencia, criticando esa mentalidad aristocrática que imperaba en España. Su mensaje, que no tuvo apenas repercusiones, es un antecedente del reformismo ilustrado.

El Barroco es el movimiento artístico y cultural que desde Italia se extiende por toda Europa desde finales del siglo XVI hasta mediados del XVIII. En el mundo católico y absoutista servirá como propaganda de los valores de la Contrarreforma y la monarquía absoluta. Para ello utiliza tanto formas realistas (naturalistas) como recargadas (decorativas); a menudo emplea efectismos (ilusiones ópticas y sonoras, deformación de volúmenes, claros y oscuros, contrastes de colores, gran dinamismo y emotivismo) para sorprender y emocionar al espectador y acercarle a los mensajes moralizantes. En España estará además caracterizado, influido por la situación de crisis que atravesaba el país, por el desprecio a la vida terrena, el desengaño, el pesimismo vital y la búsqueda de los contrastes entre la realidad y la apariencia.

En la literatura destacará la novela picaresca siguiendo la tradición del Lazarillo de Tormes, y marcada por las características señaladas anteriormente: el desengaño, el pesimismo realista e incluso cierto cinismo satírico. Entre ellas destacan El Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán o El Buscón de Quevedo y las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes. Pero sin duda y del anterior autor, la novela más importante de este periodo será El Quijote, obra cumbre de la literatura universal por su fino e irónico mensaje humanista representado por el contraste entre sus dos protagonistas. En poesía destacará el culteranismo (arcaizante, rebuscado y sonoro) cuyo máximo representante será Luis de Góngora, y el conceptismo, caracterizado por su ingenio, los juegos de palabras  y la mordacidad en el que destacará Francisco de Quevedo. También será el siglo del teatro clásico español, de temas cotidianos o épicos en el que se transmiten los valores morales de esta época y en el que destacan Lope de Vega, Tirso de Molina y Calderón de la Barca.

En lo que respecta al Arte del Siglo de Oro, la arquitectura estará marcada inicialmente por un estilo contrareformista e influido por la austeridad herreriana cuyo máximo representante será Gómez de Mora (Plaza Mayor y Ayuntamiento de Madrid), para desbordarse a finales de siglo con el recargado estilo de Churriguera. La escultura barroca fue impulsada sobre todo por las cofradías religiosas, que encargaban pequeños retablos y tallas de madera para sus pasos de Semana Santa, de un descarnado y teatral realismo. Destacarán Gregorio Fernández en Valladolid, Alonso Cano en Granada y Juan Martínez Montañés en Sevilla. La pintura española se encuadrará inicialmente dentro de la corriente del barroco naturalista iniciada por Caravaggio, en la que destacarán las obras mitológicas, populares o religiosas de José Ribera. De este mismo tema y en consonancia con el espíritu de la época será la obra de  Zurbarán y posteriormente de Murillo. La descripción del arte español del Siglo de Oro quedaría incompleta sin citar a Diego Rodríguez de Silva Velázquez, pintor de cámara de Felipe IV y uno de los pintores claves de la pintura universal, que combinó las influencias naturalistas y clasicistas, en un estilo personal que llevó las composiciones pictóricas barrocas a su máxima y genial complejidad.

Elaboración: Miguel Vázquez de Castro y Jorge Rolland.

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