La clase que tenía pendiente sobre Marx

image3Hace unos días un amigo le regaló a mi hija un libro en el que se explica una de las ideas centrales del pensamiento económico de Karl Marx, autor y luchador político del siglo XIX sobre el que ya hablamos en una ocasión, al referirnos a su concepción de la historia, que se suele denominar materialismo histórico.

Mucho se puede decir sobre Marx, obviamente. Pero para mí, clarificar lo que señala sobre la plusvalía es una tarea pendiente desde hace tiempo. Y lo es por dos motivos: por un lado, nunca encuentro en clase el momento para que tratemos el tema calmadamente y, por otro lado, el de la plusvalía es un concepto que no está muy claro ni en su definición ni en la consideración de su importancia en el sistema económico capitalista para muchxs pensadorxs. Buena prueba de esto último es el libro del que hablaba, por no remitirnos a toda una corriente que ha simplificado (por distintos motivos) el pensamiento de Marx, como nos contaba Montserrat Galcerán en su libro La invención del marxismo y yo traté de analizar en lo tocante al mundo de la arqueología. Sigue leyendo

Migrar eternamente: el caso de “los alemanes del Volga” en Argentina

Quizás lo más característico de los humanos, como de otros animales, son las migraciones, los desplazamientos de poblaciones de un lugar a otro de la geografía. Estas migraciones pueden ser en una escala relativamente reducida, como cuando con cada estación se trasladan lxs pastores de las partes bajas a las partes altas de los valles (trasterminancia), en una escala mayor, cuando la gente (normalmente también pastores) se mueve de una región a otra (trashumancia), o en una escala mucho más amplia y sin seguir un patrón tan regular (temporal y espacialmente), en cuyo caso hablamos más propiamente de migración, y aquí habría que distinguir migraciones muy diversas (por unas razones económicas u otras, por razones culturales, ideológicas, políticas…). También encontramos a menudo, por supuesto, movimientos de expansión de determinadas potencias sobre otros territorios, poblaciones o países; entonces nos referimos al colonialismo e imperialismo, aunque esta peculiar variante se mezcla en algunas ocasiones con las migraciones de personas o grupos (sobre todo cuando se habla de las colonias de poblamiento).

El caso ahora no es hacer una tipología, sino subrayar que lo raro en la historia de la humanidad (y de otras especies y géneros animales) es precisamante permanecer en un lugar. El movimiento es una constante y la procedencia de cada uno (considerado individual o colectivamente) es, en verdad, un entramado de idas y venidas repetidas, una superposición, siempre provisional, de distintos orígenes. No hay más que rastrear de dónde vienen nuestros padres y madres, y los padres de cada uno de nuestros padres, y los padres de cada unx de nuestrxs abuelxs…

Por supuesto con ello no queremos dar alas al neoliberalismo, sustentado en la movilidad de mercancías, capitales y trabajadores, y tan amigo en consecuencia de la fluidez y liquidez de las identidades, los valores, los rasgos culturales…, constitutivos de un mundo cosmopolita entendido como “aldea global”, falsamente universal, en el que rigen en verdad la racionalidad capitalista y el sometimiento a sus dictados. Pero tampoco queremos comulgar con las rígidas nociones, tan usadas por los nacionalismos de diverso signo, sobre la identidad nacional, que suelen tener como punto de apoyo crucial y justificativo el discurso en torno a la estabilidad de las poblaciones en los territorios y su arraigo temporal de largo alcance.

Veremos, pues, un caso revelador de lo que comentamos, el de los alemanes del Volga y sus descendientes, instalados a orillas de este gran río euroasiático y de algunos de sus cursos tributarios a finales del siglo XVIII (como hicieron otros europeos también). Muchos retomarían más tarde el camino de la migración y acabarían en América. Y otros permanecerían hasta las deportaciones de Stalin, de modo que hoy se les encuentra en distintos lugares de Siberia. Esta es parte de su historia, una historia de migraciones repetidas a lo largo del tiempo, que, como no podía ser de otra manera, nos va a llevar lejos…

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El nacimiento de América: la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1865-1870)

Cándido López (1889): La batlla de Tuyutí. Lugar de conservación indeterminado (fuente Wikicommons)

Cándido López (1889): La batalla de Tuyutí (detalle). Museo Histórico Nacional de Argentina (Buenos Aires) (fuente Wikicommons)

Hay episodios de la historia que pasan desapercibidos en ciertos lugares, aunque son cruciales. Esta contradicción no es tal, porque en realidad lo que sucede es que han sido omitidos, relegados. En otras ocasiones, esos episodios sí están presentes pero son enfocados de un modo muy parcial, incluso tendencioso. Uno de ellos es la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1865-1870), ignorada sistemáticamente en las clases de Historia que impartimos en España al hablar de América, o manipulada hasta el absurdo para ensalzar a uno de los bandos en países americanos como Argentina y justificar su expansionismo territorial. Un análisis de las representaciones de este proceso en las escuelas de distintos países requeriría más tiempo y nos conduciría a apreciar la función que desempeñan los vacíos o los enfoques parciales en el relato histórico sobre la América independiente de los imperios ibéricos. Pero, dado que en la enseñanza secundaria de España ni siquiera se menciona, nos vamos a conformar simplemente con llamar la atención sobre este conflicto bélico y con sondear algunas de sus características. Apreciaremos cómo es un episodio de una relevancia tremenda en la historia de América y cómo, por tanto, debería ocupar un momento clave en la enseñanza de su evolución.

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Revoluciones: esquema de un proceso histórico crucial

Portada de Animal Farm (ed. 1966, diseñada por Paul Hogarth) (foto: www.pinterest.com)

Portada de Animal Farm (ed. 1966, diseñada por Paul Hogarth) (foto: http://www.pinterest.com)

En su libro Revoluciones del mundo moderno, que hemos utilizado varias veces en clase (por ejemplo a propósito de la Revolución inglesa, la Revolución francesa y la Comuna de París), Alfonso Lazo dedica un capítulo introductorio al significado de las revoluciones en la historia. Nos explica que para numerosos investigadores, con diversas maneras de ver el pasado (es decir, de distintas escuelas historiográficas), las revoluciones son momentos cruciales en el devenir histórico; algunos de los historiadores que más insisten en ello, aunque no los únicos, son los materialistas históricos o marxistas. Las revoluciones son de muchos tipos, en función del ámbito del que tratemos; las más vistosas son las revoluciones económicas, como la Revolución neolítica o la Revolución industrial, o las revoluciones políticas, como la Revolución francesa o la Revolución rusa. (También hay culturales, como la que provocan las llamadas “vanguardias artísticas”.) Sin embargo, el tema da para mucho más que para una tipología. Podemos discutir cómo suceden, cómo tienen lugar, qué esquema básico parecen definir, qué aspectos tienen en común pese a su tremenda variedad. Y eso es lo que vamos a hacer hoy, aunque sólo respecto a las revoluciones políticas y en un sentido más o menos general. Para ello seguiremos con el texto de Alfonso Lazo, pero también nos meteremos en un libro maravilloso que se tradujo en su momento como Rebelión en la granja (Animal Farm, en su versión original), de George Orwell, e iremos repasando algunos casos históricos para ilustrar lo que veamos. Con ello, por cierto, os encontraréis, presentado de un modo distinto, algunos de los episodios que habéis estudiado o estudiaréis en clase, y que quizás nunca pensasteis contemplar en este sentido.

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Tierra rica, hombre pobre (que aun así lucha)

La fórmula “tierra rica, hombre pobre” es el núcelo de uno de los libros más importantes de la segunda mitad del siglo XX en el campo de las Ciencias sociales, Las venas abiertas de América Latina, del escritor uruguayo Eduardo Galeano, publicado originariamente en 1971. América Latina es un continente de una enorme biodiversidad e inmensos recursos, pero en ella abunda la pobreza. La relación proporcional entre ambos aspectos, aun así, no es obra de la naturaleza sino de unas peculiares relaciones con las potencias de otros continentes, sobre todo los países europeos y Estados Unidos.

C/ 8 (entre 35 y 36), La Plata, Argentina (agosto 2016)

C/ 8 (entre 35 y 36), La Plata, Argentina (foto JRC, agosto 2016)

Sin embargo, como el propio Galeano reivindica, el hombre en América Latina no sólo es pobre, sino que también lucha. De hecho, lucha porque es pobre, y lejos de ser una víctima es un hombre que no agacha la cabeza, que es digno, que no se deja…, y ello hasta un punto y unas consecuencias que a las mentes nuestras del “primer mundo” hoy pacificado nos cuesta tremendamente concebir. Que conste que allí donde decimos hombre que lucha, estamos diciendo hombres que luchan, y donde hablamos de hombres que luchan, hablamos de hombres y mujeres que luchan, y donde nos referimos a hombres y mujeres que luchan, nos referimos también a hombres, mujeres, niños y niñas, adultos y ancianos que luchan… Así como las pobrezas de América Latina son de las más conocidas en el mundo entero, también lo son sus luchas sociales, desde la época de la colonia hasta la actualidad. Y hay luchas que conectan pasado y presente, o que mientras se están dando hoy en día manifiestan problemas antiguos…

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Corrientes que unen mundos

Mural en la c/Comandante Fontanés (Madrid, 2016)

Mural en la c/Comandante Fontanés (Madrid, 2016)

En este mundo caben muchos mundos (aunque no de un modo armónico, precisamente…). Buenaventura Durruti decía (citado en Enzensberger 2002: 157) que “nosotros llevamos un mundo nuevo dentro de nosotros, y ese mundo crece a cada instante. Está creciendo mientras yo hablo con usted”. Por otro lado, esos mundos a veces entran en contacto.

En las últimas semanas hemos vivido una serie de experiencias en torno al examen de Selectividad que muestran la conexión entre algunos de esos mundos y de las que merece la pena dejar constancia aquí. Son experiencias que nos ponen en comunicación a lxs alumnxs y a mí con la historia (según como está planteada en este curso de 2º de Bachillerato), pero también a lxs propixs chicxs conmigo y a mí con ellxs. El contexto han sido las últimas clases de preparación para la PAU de 2016 y un grupo de WhatsApp que hemos creado para comunicarnos más allá de ellas.

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Cada cosa a su tiempo…

Estamos a unos pasos de Selectividad y cualquier material nos puede venir bien para acabar de preparar el examen de Historia de España. Los ejes cronológicos son uno de ellos. Éstos nos ayudan a situar en una línea el decurso de los acontecimientos y las etapas en las que se pueden agrupar. Son una herramienta que manejáis desde pequeñxs en esta asignatura y resulta fundamental para la organización de la información, algo especialmente importante dado el tremendo volumen de info en este curso. Es crucial que sepáis qué va primero y qué va después (cronología relativa) y en qué momento aproximado se produce (cronología absoluta). En este sentido, recordad que lo que a menudo se pide es (1) indicar la etapa y (2) establecer un marco cronológico aproximado (y no fechas concretas): qué siglo, qué década, qué parte de cada uno: principios, primera mitad, mediados o núcleo, segunda mitad, finales, a caballo entre uno y otro… En definitiva se trata de que sepáis (o demostréis que sabéis) situar cada episodio en su momento, cada cosa en su tiempo…

Vuestrxs compañerxs Lucía Carrascoso (antigua 18-C) y Diego Arias (antigua 18-A2), del curso 2015-2016, han querido compartir algunos de los ejes que han preparado. Esperamos que os sirvan.

El de Diego corresponde a los Austrias menores (siglo XVII) y a los primeros Borbones (siglo XVIII):

Eje Austrias menores y primeros Borbones (Diego Arias, curso 2015-2016)

Y el de Lucía a la crisis de 1808, el reinado de Fernando VII y el de Isabel II (regencias y efectivo), esto es, a la mayor parte del siglo XIX:

Eje Crisis 1808 y reinado Fernando VII (Lucía Carrascoso, curso 2015-2016)

Eje Reinado Isabel II (Lucía Carrascoso, curso 2015-2016)