El jugo de un acontecimiento: la batalla de Alcazarquivir y la construcción de la memoria

Escena de la batalla de Alcazarquivir, representada por Miguel Leitão de Andrade en su Miscellanea (1629) (fuente: Wikicommons)

Uno de los esfuerzos fundamentales de la renovación del pensamiento histórico que supuso la llamada escuela de los Annales, que ya mencionamos en alguna ocasión, fue relativizar la importancia de los acontecimientos (y, por supuesto, de las batallas). Frente a ellos, los historiadores de Annales reivindicaron los procesos, los tiempos largos, las corrientes subterráneas de la historia, que determinan desde las profundidades los sucesos de la historia.

Sin embargo, los acontecimientos puntuales, sin que tengan que ser el objetivo principal de la labor historiográfica, deben ser atendidos en dos sentidos al menos: por un lado, como manifestaciones concretas de la historia, momentos específicos (materiales, podríamos decir) en los que se produce la historia, y, por otro lado, como parte de una cadena (de un proceso, en efecto) que hay que saber identificar, definir, formalizar. De este modo, la labor de la investigación histórica se nutre de analizar cuestiones concretas (que no tienen por qué ser sólo acontecimientos, claro está) y de trazar la relación entre los fragmentos dispersos que representan esas cuestiones. Nada de lo que sucede en el devenir de los grupos humanos ocurre aisladamente, sin relación con lo que vino antes y lo que vendrá después, sin los vínculos con los procesos de fondo que en verdad rigen sus regularidades. 

La célebre batalla de Alcazarquivir (o de Qsar el-Kebir, de Wad al-Makhazin o de los Tres Reyes, según sus diversas denominaciones) nos proporciona una buena oportunidad para apreciar esto. Y para ir un poco más allá y sacarle todo su jugo, veremos cómo lo que nos revela este acontecimiento no es sólo su relación con determinados aspectos tradicionalmente vinculados con el estudio histórico (la política de los reinos cristianos de la Edad Moderna), sino su uso por parte de personas, grupos y entidades políticas que vinieron después, mucho después, o sea, los ecos que ha tenido en la posterioridad, los modos en los que el pasado se hace presente.

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El dentro y el afuera, y las puertas de entrada a la impunidad

Hay una cuestión fundamental cuando estudiamos la violencia política del siglo XX, y especialmente los regímenes fascistas y nazis clásicos, y también las dictaduras de las que nos ocupábamos recientemente al hablar de los golpes de estado: ¿cómo fue posible que exisitieran y se mantuvieran? Las respuestas son claramente complejas pero hay una pequeña historia que para iluminarnos algo vamos a extraer de un libro importante que, por lo demás, debería proponerse para ser leído, analizado y discutido en la escuela, en el marco de la enseñanza de la historia, de la filosofía, de la educación ciudadana y otras materias: El largo viaje, de Jorge Semprún (1963). Con ello, además, podremos contribuir a responder una pregunta que abunda en este problema: ¿a qué te puedes acostumbrar?

Intervención en dependencias de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina) en alusión a la segunda desaparición (secuestro y asesinato) en 2006 de Jorge Julio López, testigo clave en el juicio que acabaría condenando al genocida Miguel Etchecolatz, represor, como tantos, durante la dictadura de 1976-1983 (foto del autor). El mural fue realizado por una agrupación de colectivos populares (Surcos, Praxis, Mesa de Escrache Popular, Espacio de Memoria, Independientes) el 18 de septiembre de 2008 sobre el edificio de Sergio Karakachoff en la calle 7 con 48, y desde entonces se renueva todos los años

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Migrar eternamente: el caso de “los alemanes del Volga” en Argentina

Quizás lo más característico de los humanos, como de otros animales, son las migraciones, los desplazamientos de poblaciones de un lugar a otro de la geografía. Estas migraciones pueden ser en una escala relativamente reducida, como cuando con cada estación se trasladan lxs pastores de las partes bajas a las partes altas de los valles (trasterminancia), en una escala mayor, cuando la gente (normalmente también pastores) se mueve de una región a otra (trashumancia), o en una escala mucho más amplia y sin seguir un patrón tan regular (temporal y espacialmente), en cuyo caso hablamos más propiamente de migración, y aquí habría que distinguir migraciones muy diversas (por unas razones económicas u otras, por razones culturales, ideológicas, políticas…). También encontramos a menudo, por supuesto, movimientos de expansión de determinadas potencias sobre otros territorios, poblaciones o países; entonces nos referimos al colonialismo e imperialismo, aunque esta peculiar variante se mezcla en algunas ocasiones con las migraciones de personas o grupos (sobre todo cuando se habla de las colonias de poblamiento).

El caso ahora no es hacer una tipología, sino subrayar que lo raro en la historia de la humanidad (y de otras especies y géneros animales) es precisamante permanecer en un lugar. El movimiento es una constante y la procedencia de cada uno (considerado individual o colectivamente) es, en verdad, un entramado de idas y venidas repetidas, una superposición, siempre provisional, de distintos orígenes. No hay más que rastrear de dónde vienen nuestros padres y madres, y los padres de cada uno de nuestros padres, y los padres de cada unx de nuestrxs abuelxs…

Por supuesto con ello no queremos dar alas al neoliberalismo, sustentado en la movilidad de mercancías, capitales y trabajadores, y tan amigo en consecuencia de la fluidez y liquidez de las identidades, los valores, los rasgos culturales…, constitutivos de un mundo cosmopolita entendido como “aldea global”, falsamente universal, en el que rigen en verdad la racionalidad capitalista y el sometimiento a sus dictados. Pero tampoco queremos comulgar con las rígidas nociones, tan usadas por los nacionalismos de diverso signo, sobre la identidad nacional, que suelen tener como punto de apoyo crucial y justificativo el discurso en torno a la estabilidad de las poblaciones en los territorios y su arraigo temporal de largo alcance.

Veremos, pues, un caso revelador de lo que comentamos, el de los alemanes del Volga y sus descendientes, instalados a orillas de este gran río euroasiático y de algunos de sus cursos tributarios a finales del siglo XVIII (como hicieron otros europeos también). Muchos retomarían más tarde el camino de la migración y acabarían en América. Y otros permanecerían hasta las deportaciones de Stalin, de modo que hoy se les encuentra en distintos lugares de Siberia. Esta es parte de su historia, una historia de migraciones repetidas a lo largo del tiempo, que, como no podía ser de otra manera, nos va a llevar lejos…

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Revoluciones: esquema de un proceso histórico crucial

Portada de Animal Farm (ed. 1966, diseñada por Paul Hogarth) (foto: www.pinterest.com)

Portada de Animal Farm (ed. 1966, diseñada por Paul Hogarth) (foto: http://www.pinterest.com)

En su libro Revoluciones del mundo moderno, que hemos utilizado varias veces en clase (por ejemplo a propósito de la Revolución inglesa, la Revolución francesa y la Comuna de París), Alfonso Lazo dedica un capítulo introductorio al significado de las revoluciones en la historia. Nos explica que para numerosos investigadores, con diversas maneras de ver el pasado (es decir, de distintas escuelas historiográficas), las revoluciones son momentos cruciales en el devenir histórico; algunos de los historiadores que más insisten en ello, aunque no los únicos, son los materialistas históricos o marxistas. Las revoluciones son de muchos tipos, en función del ámbito del que tratemos; las más vistosas son las revoluciones económicas, como la Revolución neolítica o la Revolución industrial, o las revoluciones políticas, como la Revolución francesa o la Revolución rusa. (También hay culturales, como la que provocan las llamadas “vanguardias artísticas”.) Sin embargo, el tema da para mucho más que para una tipología. Podemos discutir cómo suceden, cómo tienen lugar, qué esquema básico parecen definir, qué aspectos tienen en común pese a su tremenda variedad. Y eso es lo que vamos a hacer hoy, aunque sólo respecto a las revoluciones políticas y en un sentido más o menos general. Para ello seguiremos con el texto de Alfonso Lazo, pero también nos meteremos en un libro maravilloso que se tradujo en su momento como Rebelión en la granja (Animal Farm, en su versión original), de George Orwell, e iremos repasando algunos casos históricos para ilustrar lo que veamos. Con ello, por cierto, os encontraréis, presentado de un modo distinto, algunos de los episodios que habéis estudiado o estudiaréis en clase, y que quizás nunca pensasteis contemplar en este sentido.

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Tierra rica, hombre pobre (que aun así lucha)

La fórmula “tierra rica, hombre pobre” es el núcelo de uno de los libros más importantes de la segunda mitad del siglo XX en el campo de las Ciencias sociales, Las venas abiertas de América Latina, del escritor uruguayo Eduardo Galeano, publicado originariamente en 1971. América Latina es un continente de una enorme biodiversidad e inmensos recursos, pero en ella abunda la pobreza. La relación proporcional entre ambos aspectos, aun así, no es obra de la naturaleza sino de unas peculiares relaciones con las potencias de otros continentes, sobre todo los países europeos y Estados Unidos.

C/ 8 (entre 35 y 36), La Plata, Argentina (agosto 2016)

C/ 8 (entre 35 y 36), La Plata, Argentina (foto JRC, agosto 2016)

Sin embargo, como el propio Galeano reivindica, el hombre en América Latina no sólo es pobre, sino que también lucha. De hecho, lucha porque es pobre, y lejos de ser una víctima es un hombre que no agacha la cabeza, que es digno, que no se deja…, y ello hasta un punto y unas consecuencias que a las mentes nuestras del “primer mundo” hoy pacificado nos cuesta tremendamente concebir. Que conste que allí donde decimos hombre que lucha, estamos diciendo hombres que luchan, y donde hablamos de hombres que luchan, hablamos de hombres y mujeres que luchan, y donde nos referimos a hombres y mujeres que luchan, nos referimos también a hombres, mujeres, niños y niñas, adultos y ancianos que luchan… Así como las pobrezas de América Latina son de las más conocidas en el mundo entero, también lo son sus luchas sociales, desde la época de la colonia hasta la actualidad. Y hay luchas que conectan pasado y presente, o que mientras se están dando hoy en día manifiestan problemas antiguos…

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Estadística para principiantes (y no tan principiantes)

El manejo de datos numéricos es clave para la investigación histórica. Ésta no podría entenderse sin ellos. De hecho, las primeras pruebas de escritura, en la Anatolia, Próximo Oriente y Mesopotamia del IV milenio AC, son recuentos de las entregas de cosechas (probablemente en forma de rentas o impuestos) y registros de propiedades. Desde entonces disponemos de multitud de datos cuantitativos provenientes de civilizaciones y culturas pasadas. Todos estos datos los podemos analizar estadísticamente para conocer mejor esas civilizaciones. Por otro lado, los y las historiadoras elaboran en el presente fuentes que también sirven para valorar estadísticamente numerosos procesos del pasado a través de los restos y testimonios que han quedado de él, tanto del periodo convencionalmente denominado histórico como del prehistórico (medidas de huesos y dientes, índices de desgaste óseo o dentario, número de restos y número mínimo de individuos, número de habitantes -absoluto, por grupos de edad, grupos de edad de muerte, sexo, origen…-, presupuestos de los estados, balanza de pagos, gastos militares, salarios, horas de trabajo, número de aprobados y suspensos… y un casi infinito etcétera).

Especialmente desde los años 60, se ha desarrollado una historia llamada cuantitativa que intenta sacar partido de este tipo de datos. Por supuesto no es la única que lo ha hecho, pues en otras tesituras y desde otros paradigmas se han hecho y hacen esfuerzos similares. En cualquier caso, lo importante aquí es ir más allá del relato, la recopilación de anécdotas, las curiosidades…, para meternos de lleno en un tipo (de entre otros posibles y válidos) de análisis de testimonios e información histórica. Habitualmente este esfuerzo se ha convertido en una búsqueda obsesiva de cientificidad, es decir, de legitimidad a través del lenguaje y herramientas matemáticos, perdiendo de vista lo que nos define como historiadores, sin adjetivos: la explicación (global, sintética, reflexiva, integradora) del pasado. Pero está claro que nos abre unas vías provechosas sin las cuales ésta sería mera narración.

Hoy vamos a ver cómo ha resultado un ejercicio de elaboración e investigación de datos estadísticos en un grupo de ESO (clase 15-A) y en otro de Bachillerato (clase 18-A2) (curso 2015-2016).

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Nuestra sociedad está cambiando…

Hay aspectos del pasado que no podríamos conocer si no fuera por la imaginación. La imaginación es el ejercicio fundamental que tenemos que hacer para concebir algo que ya no está, como el pasado. Sin embargo, no es nada, al menos nada desde el punto de vista científico, si lo hacemos sin rigor, es decir, algo así como el compromiso para imaginar sin inventar arbitrariamente. ¿Es esto posible? Sí, si entre otras cosas nos atenemos a las fuentes, a su análisis y a los estudios que otros investigadores han hecho de las fuentes. Esto es lo que hemos intentado en ocasiones anteriores: una recreación histórica. Volvemos hoy de nuevo con ello y lo hacemos de la mano de una de nuestras alumnas que, como otros, han sabido captar con su imaginación una realidad histórica, en este caso correspondiente a las primeras revoluciones liberales: la independencia de Estados Unidos.

John Trumbull (1819): Declaración de independencia de Estados Unidos. Capitolio de EEUU (Washington)

John Trumbull (1819): Declaración de independencia. Capitolio de Estados Unidos (Washington)

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