5.1. Los reinos cristianos en la Baja Edad Media: organización política e instituciones en el reino de Castilla y en la Corona de Aragón

La Península durante la Plena y Baja Edad Media (siglos XIII a XV) está marcada por la Corona de Castilla y la de Aragón, además de la de Portugal, el reino de Navarra y el nazarí de Granada.

En cuanto a la Corona de Castilla, se trata de una enorme entidad formada cuando se unen definitivamente los tronos de Castilla y León, con Fernando III el Santo en 1230. (Castilla y León habían ido separándose y uniéndose en numerosas ocasiones desde el fortalecimiento del condado de Castilla en el siglo X y su posterior proclamación como reino con Fernando I en el siglo XI.) Se presenta como una unión nominal de territorios diferentes (reino de Galicia, reino de León, señorío de Vizcaya…). En la Corona de Castilla el monarca ejerce una autoridad férrea frente al resto de la población (clero, nobleza y tercer estado), gracias a un complejo sistema de privilegios (regalías), a la difusión de teorías sobre el origen divino de la monarquía (apoyadas por la Iglesia) y al establecimiento de estrictos códigos de leyes que benefician al soberano, como el Fuero Juzgo de Fernando III, las Siete Partidas de Alfonso X y el Ordenamiento de Alcalá de Alfonso XI. Aun así, hubo enfrentamientos con la nobleza, como los que llevan a algunas familias al propio trono (como los Trastámara), y se otorgan privilegios para contentarla (como las “mercedes enriqueñas” con Enrique II).

Las instituciones de Castilla se agrupan en dos conjuntos. Por un lado, figuran las vinculadas con la monarquía: el Consejo Real (integrado por miembros de los tres estamentos para asesorar y apoyar al rey), la Audiencia o Chancillería (dedicada a administrar justicia), la Hacienda (recaudadora de impuestos a través de contadores y tesoreros) y cargos como el de Mayordomo real (que administra el patrimonio real) y el Condestable (que recluta fuerza militar), reservados a la nobleza. Por otro lado, encontramos las instituciones vinculadas con la población: las Cortes (o reuniones periódicas de los tres estamentos para aprobar partidas económicas a cambio de influir en algunas decisiones políticas, instauradas originariamente en León en 1188) y los Concejos (u órganos de gobierno local).

En cuanto a la Corona de Aragón, se forma a raíz de la unión entre el reino de Aragón y los condados catalanes en 1137, sellada con la boda de Petronila, sobrina de Alfonso I el Batallador, y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona. A ella se suman otros territorios (reinos de Valencia y de Mallorca), y todos ellos mantienen su especificidad, con sus instituciones y leyes. El modelo de funcionamiento se asienta en constantes pactos con el poder local (nobleza, clero y ciudades) para conseguir financiación y legitimidad, y por ello es calificado como pactista. Las instituciones principales en relación con la población son las Cortes (de funcionamiento similar a las de Castilla, si bien más respetadas y con mayor autoridad), la Generalitat en Cataluña y Diputación en otros territorios (dedicadas a velar por el cumplimiento de los acuerdos de las Cortes) y el Justicia Mayor en Aragón (que garantiza el respeto a los privilegios de nobles y ciudades). Las vinculadas específicamente con el rey son, con funciones similares a las de Castilla, el Consejo Real, la Audiencia, la Hacienda y los gobernadores (o virreyes, en el caso de Mallorca), representantes del monarca en los territorios.

En las dos Coronas se produce un proceso de señorialización favorecido por los monarcas, que permite a la nobleza y al clero avanzar en el control del territorio (especialmente en el gobierno local) frente al estado llano.

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