13.3. Transformaciones culturales en el siglo XIX y primer tercio del XX

13.3. Transformaciones culturales. Cambio en las mentalidades. La educación y la prensa.

La cultura del siglo XIX se ve marcada por la nueva sociedad de clases y por el mantenimiento de ciertas tradiciones previas. Por eso se puede hablar de manifestaciones populares y de manifestaciones de las clases intelectuales, también llamadas “cultas” (mayoritariamente burguesas y urbanas). Aun así, hubo múltiples influencias e intercambios entre unas y otras.

Las formas de ocio predominantes fueron el teatro, los toros, el circo y la música. En el tránsito entre el siglo XIX y XX surgen otras nuevas como el cine, los deportes y la ópera. En unas y otras tenemos tanto manifestaciones populares como elitistas. El fútbol fue introducido por los ingenieros ingleses que trabajaban en las minas de Río Tinto y del País Vasco; los primeros clubes fueron los de Huelva (Recreativo), Bilbao (Athletic), Barcelona (F.C. Barcelona) y Madrid (Real Madrid y Atlético de Madrid), nacidos entre 1889 y 1903.

La literatura atravesó tres grandes momentos, como básicamente sucede en el resto de Europa: romanticismo, realismo y naturalismo.

– El romanticismo se extiende durante el reinado de Fernando VII y primeros años del de Isabel II, con aportaciones importantes de los exiliados retornados (Martínez de la Rosa, el duque de Rivas, José de Zorrilla y Mariano José de Larra). Este movimiento recoge muchas de las agitaciones políticas de la época en su aspecto más emotivo (ideales de libertad, revolución, transformación y rebeldía).

– Durante el núcleo del siglo XIX predominan el realismo (Pérez Galdós y José María Pereda) y, un poco más tarde, el naturalismo (Emilia Pardo Bazán, Leopoldo Alas “Clarín” y Vicente Blasco Ibáñez). Estas tendencias llevan a un plano más racional las reflexiones derivadas de las agitaciones acumuladas durante todo el comienzo del XIX (realismo) e incorporan muchas de las ideas que se derivan del impulso dado a la ciencia a mediados de ese siglo (naturalismo).

– El final del siglo XIX y los comienzos del XX se caracterizan en parte por la Generación del 98, que aporta una profunda reflexión crítica y emotiva sobre la realidad del momento, con notables tintes regeneracionistas.

Hay que destacar dos movimientos literarios más del momento: el regionalismo cultural y el periodismo. El primero recoge multitud de tradiciones populares de distintas regiones del país (Galicia, País Vasco, Cataluña, Valencia, Andalucía) para reivindicar sus particularidades y servir a los movimientos regionalistas y nacionalistas de la época. Esto supuso la recuperación de lenguas tradicionales, como el catalán (con el movimiento cultural de la Renaixença y Aribau como autor principal) y el gallego (Rexurdimiento y Rosalía de Castro), aunque no se restringe sólo a la literatura. Es un ejemplo típico de influencia entre cultura popular y cultura “culta”.

El periodismo vive un enorme desarrollo en el siglo XIX. La ampliación de los derechos de imprenta y expresión en distintas fases (Cortes de Cádiz, gobiernos progresistas Isabel II, Sexenio y gobiernos liberales de la Restauración) facilitaron este desarrollo. La mayor parte de los periódicos actúan como lugar de expresión de la crítica política y de la conciencia ciudadana (sobre todo desde la Ley de prensa de 1883). Sin embargo, a veces también sirven cómo órganos de propaganda de ciertas tendencias políticas (tanto moderadas como progresistas), sobre todo durante el reinado de Isabel II; por eso se habla de prensa partidista. Los periódicos más destacados a fines del XIX fueron El Imparcial, El Heraldo de Madrid y La Vanguardia.

Finalmente, el mundo de la enseñanza también vivió las complejas transformaciones del Antiguo Régimen al Estado liberal. Las primeras reformas son de tiempos de las Cortes de Cádiz (1814) y son liberales y de inspiración ilustrada (enseñanza pública, gratuita, científica). Las siguientes, con principios similares, son del Trienio Liberal (1820-1823). Durante el reinado de Isabel II (etapas de las regencias y reinado efectivo) prosiguen las reformas, sobre todo en las fases moderadas (especialmente en 1845 y 1857). Todas ellas buscan educar a la población en los principios del estado liberal burgués y centralizado, aunque la presencia mayoritaria de religiosos católicos en los colegios añadirá a ese objetivo un tinte tradicionalista fundamental. Aun así, la extensión de la educación es muy limitada: a lo largo del siglo se mantienen las tasas de analfabetismo en torno al 75% de la población.

Tras el Sexenio Democrático, un período en el que había existido una amplia libertad de cátedra en las universidades, la Restauración significó el establecimiento de una rígida censura contra cualquier manifestación contra la monarquía y el dogma católico. El choque con parte del profesorado fue inmediato; algunos dimitieron de sus cargos, mientras otros fueron cesados.

Giner de los Ríos, uno de estos catedráticos, fundó como alternativa al sistema educativo oficial la Institución Libre de Enseñanza en 1876, un centro privado y laico. La Institución, heredera de los postulados del krausismo, introdujo en España una pedagogía de vanguardia que buscaba la formación integral del individuo en plena libertad y mediante el fomento de la curiosidad científica, el antidogmatismo y la actitud crítica. Se mantenía al margen de cualquier filiación política y religiosa, aunque la mayoría de los profesores eran cristianos. Tras la rehabilitación de los catedráticos expulsados y la relajación de la censura durante el gobierno liberal de Sagasta en 1882 se desarrollaron sus ideas en la universidad y se creó un colegio de primaria y secundaria en el que se formarían destacados intelectuales del país. Estas experiencias darían lugar a multitud de iniciativas educativas en todo el país durante las décadas posteriores (universidades populares, misiones pedagógicas, entidades de carácter social y humanitario…).

La Institución Libre de Enseñanza, sin embargo, fue una excepción, como también lo fue la Escuela Moderna de Ferrer i Guardia, de inspiración anarquista y librepensadora (educación integral, laica, racional y universal), eliminada con la detención y ejecución de Ferrer i Guardia en 1909. Lo que predominó durante la Restauración fue la enseñanza tradicional, basada en métodos anticuados y poco críticos, y sometida a la vigilancia de la Iglesia Católica. Más de  50.000 religiosos y religiosas se dedicaban a la enseñanza, sobre todo en la educación primaria donde apenas intervenía el estado.

La enseñanza secundaria se circunscribía a 50 institutos en toda España, destinados a los hijos de las familias más ricas.

Esta situación del sistema educativo provocó un gran atraso en el desarrollo científico y la investigación. A la falta de apoyos materiales de las instituciones públicas y privadas se vino a añadir una mentalidad atrasada y tradicional en las clases dirigentes del país. Un buen ejemplo fue la polémica creada ante las teorías evolucionistas de Darwin y su condena por parte de la Iglesia, así como los problemas que encontró Santiago Ramón y Cajal en sus primeros años de investigación.

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