Narrar la historia

¿Habéis oído eso de que “la historia es como un cuento”? En alguna ocasión me he manifestado en contra de esta afirmación. Entiendo por qué lo he hecho. Pero no voy a explicarlo, porque, entre otras cosas, en cierto modo estaba equivocado. La historia, tal y como la concebimos, tal y como se nos presenta y (nos y os) la presentamos, entraña una narración; sin la articulación del lenguaje, sin el acto de nombrar y sin la labor de tejer los nombres (conceptos, personajes, fechas, lugares, sucesos) en una trama, en un relato, no podríamos asirla, tocarla, manejarla, observarla, estudiarla. Qué gran experiencia es aquella a que nos conduce una historia bien narrada o leída, con sus ritmos, sus participantes, avatares. Pienso en mi padre cuando yo era chico y me leía en la cama con voz mullida. Y hay un cuento que pasa estos días de mano en mano en casa, un cuento en el que, de un modo fascinante, se concatenan historias simétricas, que se repiten una y otra vez para trazar el camino: la vivencia de una madre y su hijo, y la del padre de aquélla con ella tiempo atrás, y la de una abuela con su nieto antes aún. Distintos tiempos que se hilvanan en uno solo: dos generaciones sucesivas a la que se añade una previa, ya mítica, presentes en el acto de lectura o exposición. Todos estos personajes viven situaciones similares: incursiones en el bosque al final del verano para recolectar frutos de cara al invierno, la noche que sobreviene repentinamente y el crepúsculo que inhunda a las criaturas al tener que pernoctar y exponerse a la inmensidad de la noche y los ululatos de las lechuzas, los violentos ecos de los truenos, las miradas avizoras de las fieras desde la espesura. Y con estas situaciones se despliegan el encuentro entre las generaciones y manejos parejos: una manta bordada, un mate cebado, una hoguera bien nutrida, y como elemento común: una historia dulcemente contada. El cuento se compone de otros cuentos y como si fueran espejos, en los que nosotrxs mismxs podemos vernos, porque de hecho también somos uno o dos adultos leyendo con una pequeña, y con ello añadimos una capa, una superficie más, van componiendo la aventura.  Es éste un relato de algunos pueblos mapuches, de esos que demuestran que las historias se pueden narrar de muy diversas formas: lineales, circulares, elípticas, convergentes, y en muy diversos formatos: orales, escritos, audiovisuales, gestuales, gráficos… Podríamos discutir si son fiel reflejo de lo que sucedió: ¿hay algo que lo sea de modo puro?, ¿hay modo puro de serlo? Cuidado, porque muchos cuentos pasan por ser meras formas fenoménicas del mundo, o sea, muestras folklóricas de grupos sociales y étnicos, y a menudo encarnan experiencias bien concretas; no sabemos si la violencia que sufren hasta el mismo día de hoy estos mismos mapuches, como Rafael Nahuel, o algunxs que los apoyan, como Santiago Maldonado, o las venturas que nacen de su día a día, jalonarán sus narraciones. Pero en cualquier caso se hace patente que la(s) historia(s) se puede(n) contar de maneras muy distintas; ahora no importa la diferencia que hay en inglés entre history y story, escamoteada silenciosa, pero felizmente, en el sustantivo castellano historia. Al fin y al cabo, como sugería recientemente William Ospina en La decadencia de los dragones, la lectura y, más aún, las historias narradas entrañan “un placer sin fin”. Y el placer, en este caso el placer de conocer historias, y de dejarse inhundar, seducir, iluminar, vibrar, pero igualmente adormecer, reposar y enraizar por ellas, es uno de los componentes, acaso el esencial, del interés que lleva a aprender de la historia y con la historia, en toda su diversidad formal y enunciativa.

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Revoluciones: esquema de un proceso histórico crucial

Portada de Animal Farm (ed. 1966, diseñada por Paul Hogarth) (foto: www.pinterest.com)

Portada de Animal Farm (ed. 1966, diseñada por Paul Hogarth) (foto: http://www.pinterest.com)

En su libro Revoluciones del mundo moderno, que hemos utilizado varias veces en clase (por ejemplo a propósito de la Revolución inglesa, la Revolución francesa y la Comuna de París), Alfonso Lazo dedica un capítulo introductorio al significado de las revoluciones en la historia. Nos explica que para numerosos investigadores, con diversas maneras de ver el pasado (es decir, de distintas escuelas historiográficas), las revoluciones son momentos cruciales en el devenir histórico; algunos de los historiadores que más insisten en ello, aunque no los únicos, son los materialistas históricos o marxistas. Las revoluciones son de muchos tipos, en función del ámbito del que tratemos; las más vistosas son las revoluciones económicas, como la Revolución neolítica o la Revolución industrial, o las revoluciones políticas, como la Revolución francesa o la Revolución rusa. (También hay culturales, como la que provocan las llamadas “vanguardias artísticas”.) Sin embargo, el tema da para mucho más que para una tipología. Podemos discutir cómo suceden, cómo tienen lugar, qué esquema básico parecen definir, qué aspectos tienen en común pese a su tremenda variedad. Y eso es lo que vamos a hacer hoy, aunque sólo respecto a las revoluciones políticas y en un sentido más o menos general. Para ello seguiremos con el texto de Alfonso Lazo, pero también nos meteremos en un libro maravilloso que se tradujo en su momento como Rebelión en la granja (Animal Farm, en su versión original), de George Orwell, e iremos repasando algunos casos históricos para ilustrar lo que veamos. Con ello, por cierto, os encontraréis, presentado de un modo distinto, algunos de los episodios que habéis estudiado o estudiaréis en clase, y que quizás nunca pensasteis contemplar en este sentido.

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Paseo a orillas del Manzanares

Las excursiones de muchos centros educativos se han convertido en un mero pasatiempo. Y no me refiero a como las ven lxs alumnxs, que, como sabemos, tienen múltiples y complejas maneras de percibir y entender las actividades educativas. Me preocupa cómo las planteamos los docentes y los centros educativos habitualmente, desprovistas de un enfoque y contenido pedagógico real. Hoy vamos a reflexionar sobre este tema, y lo haremos paseando a orillas del Manzanares a su paso por Madrid.

Baile a orillas del Manzanares, de Francisco de Goya (1776-1777). Museo del Prado (Madrid)

Baile a orillas del Manzanares, de Francisco de Goya (1776-1777). Museo del Prado (Madrid)

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¿Un abandono? ¡¡Otra okupación!!

P1040836_mediaLa secuencia de ocupación y abandono es lo que marca la historia de cualquier lugar. La cadena que se forma con la instalación en un lugar, su abandono, su nueva ocupación, un nuevo abandono, y así sucesivamente, es la historia de ese lugar, junto con todo lo que hay entremedias, su transcurso. Eslabón a eslabón se van extendiendo y desplegando las historias particulares… Ya aludimos a este tema en una entrada previa, sobre todo en lo que tocaba a los abandonos. Pero hoy hemos venido para quedarnos, para ver cómo en un caso (de entre varios de la provincia de Guadalajara) el abandono da paso a una ocupación, a un “volver a empezar de nuevo”, y con ello a la continuación de una historia. En esta ocasión, sin embargo, se presenta una peculiaridad que hace cerrar el círculo en cierto modo: esta nueva ocupación ha incluido una excavación arqueológica que conecta los eslabones de la historia de ese lugar; ha ido excavando y exhumando los episodios de abandono y ocupación. Quizás toda ocupación conecta los eslabones, pero al utilizar a la arqueología, ésta lo ha hecho explícitamente. Y  lo ha hecho, además, de un modo original: no es obra de un equipo que ha venido de la universidad, sino de sus propios (re)pobladores (con alguna ayuda externa). Sigue leyendo

Conspiranoia

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Cartel del documental Zeitgeist (Peter Joseph, GMP, EEUU, 2007), uno de los iconos de las teorías de la conspiración, ya que deriva múltiples aspectos, como el surgimiento del cristianismo, el estallido de grandes conflictos bélicos y el desarrollo del capitalismo, de la acción (oculta pero determinante) de ciertos grupos de interés. Foto: http://www.zeitgeist.com

Como si fuera una paranoia, cada vez más gente ve detrás de todo lo que sucede o ha sucedido una conspiración, es decir, la acción secreta y oculta de determinado grupo para conseguir la satisfacción de sus intereses particulares, dándole la vuelta al status quo o fortaleciéndolo. En clase suele salir este tema, cuando hablamos del hundimiento del Maine en febrero de 1898 o de la quema del Reichstag en febrero de 1933. Y hoy en día está muy de moda la idea de que los atentados del 11 de septiembre de 2001 fueron consecuencia igualmente de una oscura conspiración (ver http://www.reopen911.info/). Este fenómeno, que hoy vamos a discutir aquí, llega a veces a la exageración, hasta el punto de que podríamos hablar de una “conspiranoia”. ¿De qué se trata realmente? Sigue leyendo

“Becoming Roman”: cambio cultural en la antigua Celtiberia

En cierto modo lo que separa pasado y presente es tan solo una fina capa como la nieve que ha caído hoy en Tiermes (Soria). Entre el presente y el pasado se ha entrometido una realidad, que es el paso del tiempo. Pero poco más (y poco menos). El lugar permanece. Estamos en el mismo sitio, escenario de vida, pero los que la vivieron ya no están, como tampoco sus costumbres, sus relaciones, sus conflictos, sus pasiones, sus anhelos, sus tristezas y alegrías… Y, sin embargo, hay una parte de lo que fueron: el lugar. Pero falta el resto. Da la sensación de que en cada esquina, en cada hueco, en cada recodo, en cada estancia… nos acechan esos “otros”, nos observan, nos esperan… Esta engañosa proximidad con el pasado se siente más intensamente visitando los lugares de la historia, pero es algo que tarde o temprano llega a quien estudia historia. Es uno de los buenos ratos que nos hace vivir esta apasionante disciplina, como si fuera una máquina para viajar en el tiempo (sin movernos del sitio). En este viaje que os propongo hoy todo empieza por buscar los restos y seguir los rastros, las huellas que han quedado. A través de ellas llegamos realmente al pasado…

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“Arde París”. La Comuna, ayer y hoy, a través del cine

Postal conmemorativa de la Comuna de París (origen indeterminado)

Postal conmemorativa de la Comuna de París (origen indeterminado)

La Comuna de París fue un estallido revolucionario que tuvo lugar en la capital francesa entre marzo y mayo de 1871, aunque se vio replicado en algunas otras ciudades de Francia, si bien con menor intensidad. Durante más de dos meses, la población Sigue leyendo