16.2. La España actual: los gobiernos democráticos

La España actual, tras la muerte de Franco y una vez se normaliza el funcionamiento del nuevo sistema al acabar la Transición en 1982, se caracteriza por la alternancia entre distintos gobiernos democráticos, aunque también, desde el mismo inicio de la Transición hasta hoy, por los desafíos del golpismo y el terrorismo. Asimismo, hay que tener en cuenta profundos cambios políticos, económicos, sociales y culturales.

Los gobiernos democráticos después de la Transición corresponden al Partido Socialista (PSOE) y al Partido Popular (PP), que se van alternando en el gobierno central hasta la actualidad (1982-2015), si bien en los autonómicos se colocan a menudo otros grupos (PNV, CiU, UPN…). Los primeros gobiernos del PSOE abarcan los primeros catorce años (1982-1996), seguidos por dos legislaturas del PP (entre 1996 y 2004), otras dos del PSOE (entre 2004 y 2011) y, de momento, una más del PP (2011-2015).

El primer gobierno del PSOE se forma tras las elecciones que convoca anticipadamente Leopoldo Calvo-Sotelo en octubre de 1982, ante la crisis que vive su partido, la UCD. En ellas sale victorioso el PSOE (con mayoría absoluta y el lema “por el cambio”) y la UCD, derrotada, dando paso en el segundo puesto a la Alianza Popular de Fraga. La victoria del PSOE representa el final de la Transición porque un partido político antifranquista se hacía con el poder. Sin embargo, globalmente la política del nuevo presidente, Felipe González, fue claramente continuista (respecto al modelo democrático creado por Suárez y la Transición).

Los gobiernos de González tuvieron dos objetivos: consolidar la democracia y modernizar social y económicamente el país. Lo primero suponía reformar el código civil y la Ley de enjuiciamiento criminal, imponer el poder civil sobre el militar y depurar algunas instituciones de los elementos y personajes abiertamente franquistas, como el ejército y los servicios de inteligencia (gracias al Ministro de Defensa Narcís Serra), la Policía Nacional y Guardia Civil, y la justicia (con la reforma del Consejo General del Poder Judicial). Lo segundo implicó, por una parte, un variado elenco de reformas en educación (enseñanza gratuita y obligatoria hasta los 16, creación de consejos escolares y de enseñanzas concertadas con Maravall y las famosas LODE, LOGSE y LRU) y en derechos sociales (despenalización parcial del aborto) y, por otra, una nueva política económica.

Ésta, liderada por Miguel Boyer y Carlos Solchaga, pretende atajar la crisis de los 70 (insuficientemente frenada con los Pactos de la Moncloa) e impulsar un crecimiento notable. Se reconvierten (cierran o privatizan) industrias públicas del sector naval, siderúrgico, minero y textil, y se implantan medidas de saneamiento y control fiscal (como la persecución al holding corrupto de Rumasa o la creación del IRPF y el IVA); además, se impulsan importantes inversiones públicas en infraestructuras, se universaliza la Seguridad Social y se generalizan las pensiones y las prestaciones por desempleo, dando lugar al llamado “Estado de bienestar”. Con ello se produjo en la segunda mitad de los 80 un espectacular (y desigual) crecimiento económico hasta 1993, justo después de los Juegos de Barcelona y la Expo de Sevilla.

Este desarrollo se logra en parte gracias a la entrada en la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1986, que aporta fondos como los FEDER. Ésta conlleva también el mantenimiento en la OTAN (aprobado por el Parlamento con Calvo-Sotelo en 1982), que el PSOE consigue pidiendo el sí en un referéndum prometido a la población (para el que, sin embargo, originariamente iba a pedir el no). Por otro lado, a lo largo de los 80 se prosigue en la construcción del proceso autonómico con la aprobación de los diversos estatutos de autonomía. Además, Alianza Popular da paso al Partido Popular, liderado por Aznar, y el PCE se une a otras fuerzas de izquierda configurando Izquierda Unida, mientras que los nacionalistas siguen gobernando en Euskadi y Cataluña.

Estos primeros gobiernos del PSOE viven una serie de problemas. En primer lugar, el terrorismo de ETA, con el que va a estallar en los 90 el escándalo de la “guerra sucia” (o terrorismo de estado) durante los 80. En segundo lugar, el aumento de las diferencias de riqueza (entre Andalucía y Cataluña, y el resto) y del paro (3 mill., hasta un 25% de la población activa) a finales de la década de los 80 dan lugar a importantes movilizaciones de la clase trabajadora, como la importante huelga general del 14-D de 1988, así como de los estudiantes, por ejemplo en el curso 1986-87; gran parte de este paro se debía a los recortes y reconversiones impuestos por la CEE. En tercer lugar, se van destapando a lo largo de los años 90 distintos escándalos de corrupción como el del hermano del vicepresidente, Juan Guerra (tráfico de influencias), FILESA (trama de empresas que financian ilegalmente al PSOE) y el director de la Guardia Civil, Luis Roldán (apropiación/malversación de fondos públicos).

Estos problemas debilitaron al PSOE desde 1989, que comienza a perder elecciones (europeas, autonómicas y municipales), hasta que llegan las generales de 1996, donde pierde frente al PP. Éste vence, sin embargo, sin mayoría absoluta, y por ello debe pactar con otros partidos (p.ej. nacionalistas catalanes) para sacar adelante algunas de sus medidas.

El gobierno del PP impulsa una política neoliberal, que reduce el gasto público para favorecer la actividad privada. El gran objetivo era cumplir los criterios de convergencia (reducción de la inflación, deuda y déficit) establecidos en el Tratado de Maastricht de 1992 para crear una moneda única, el euro, que se implanta como moneda circulante a partir de 2002. España se beneficia del crecimiento económico mundial del momento, con una reducción del paro y aumento de las pensiones a costa del aumento de las desigualdades económicas y la reducción de ingresos para el estado. Estos resultados se obtienen gracias a la privatización de empresas públicas rentables (Telefónica, Repsol, Argentaria, Endesa, Tabacalera), bajo el ministerio de Economía de Rodrigo Rato, a la recepción de los fondos europeos de cohesión y a la reducción de impuestos. En consecuencia gana las elecciones generales de 2000, esta vez con mayoría absoluta.

Un aspecto crucial de la España actual desde la muerte de Franco han sido los desafíos del golpismo y el terrorismo a la democracia. Hay muchas variantes de golpistas y grupos terroristas. Las primeras formas de golpismo y terrorismo rechazan, en particular, el modelo de transición tras la muerte de Franco. Corresponden a grupos vinculados, según cada caso, con parte del ejército y de grupos tanto nacionalistas como de extrema derecha y de extrema izquierda. El golpismo del ejército va a dar lugar a, por lo menos, tres intentonas fallidas. La primera fue la “operación Galaxia” de varios militares contra la Ley de Reforma Política en noviembre de 1978, descubierta por un chivatazo y con penas mínimas (6 y 7 meses) para los líderes Ricardo Saénz de Ynestrillas y Antonio Tejero. La segunda y más conocida fue la del 23-F de 1981, cuando se nombraba a Calvo-Sotelo como nuevo presidente, en la que participan Tejero, Jaime Millans del Bosch y Alfonso Armada y que se desarticula una vez el rey se asegura de la fidelidad de los altos mandos y proclama el célebre mensaje al país de madrugada. En 1985 se produce la última, atajada por el recientemente reformado servicio de inteligencia español (CSID, antecedente del CNI).

El terrorismo de corte nacionalista se concentra en torno al “conflicto vasco”, aunque hay casos aislados en Galicia y Cataluña. El grupo principal fue Euskadi Ta Askatasuna (ETA), fundado en 1959, cuya actividad se va a prolongar mucho más allá de la Transición, si bien numerosos sectores se irán desligando de la lucha armada al cabo de los años. Defiende originariamente la independencia de “los territorios históricos vascos”, aunque posteriormente algunos sectores limitan sus demandas a la realización de un referéndum de autodeterminación. Sus acciones han incluido secuestros, asesinatos y extorsiones, entre otras, y tienen varios picos de actividad: inicio de la Transición, el año 1978 (asesinato jefes del ejército), los primeros 80 (100 muertos en la primera legislatura socialista), finales de los 80 (bombas en Hipercor de Barcelona  y Casa Cuartel de Zaragoza) y finales de los 90 (asesinatos de Miguel Ángel Blanco, Ernest Lluch y Francisco Tomás y Valiente). En 1998 ETA declaró una tregua y en 2011 un cese indefinido de sus acciones violentas pero no se ha disuelto como grupo terrorista. A lo largo de este tiempo, los sucesivos gobiernos han hecho frente al terrorismo de ETA de diversas formas, según las circunstancias: colaborando con la policía francesa (en los gobiernos del PSOE y PP), pactando con el resto de las fuerzas políticas (pactos de Ajuria Enea y Madrid a finales de los 80), negociando (en las famosas conversaciones de Argel de 1989), desmantelando los apoyos políticos y la estructura de extorsión (con los procesos judiciales de Garzón y la Ley de Partidos de 2002) o financiando con fondos reservados el terrorismo de Estado con los Grupos Armados de Liberación (GAL), apoyados por grupos paramilitares como el Batallón Vasco Español (durante los 80).

El terrorismo de la extrema derecha está ligado con el proceso democratizador (reconocimiento de derechos sociales y nacionales) y con el terrorismo nacionalista (ETA) y de extrema izquierda (GRAPO). Las acciones más destacadas son el asesinato de dos carlistas demócratas a manos de pistoleros falangistas en los “sucesos de Montejurra” (mayo de 1976), el asesinato de un estudiante por los “guerreros de Cristo Rey” y la matanza de cinco abogados laboralistas en su despacho de Atocha (ambos en 1977), aunque se contabilizan en total más de 100 muertos y miles de agresiones hasta 2011 contra izquierdistas, nacionalistas, militantes LGTB, hinchas de fútbol, indigentes e inmigrantes.

Finalmente ha habido un terrorismo de extrema izquierda, con grupos como los GRAPO, que durante la Transición cometen asesinatos, secuestros y sabotajes, al que se añade en épocas recientes el llamado terrorismo “islamista”, que perpetró el atentado más sangriento de toda la historia de España el 11 de marzo de 2004, con 191 muertos y más de 1000 heridos.

La España actual, por último, vive una fundamental transformación en todos los ámbitos (político, económico, social y cultural), que en ciertos aspectos arranca de las transformaciones de los años 60 correspondientes al “desarrollismo”. Desde el punto de vista político, se produce una transformación enorme del país desde una dictadura (en la que todos los poderes se concentraban formalmente en Franco) hacia un sistema democrático liberal, con la Ley para la Reforma Política y la Constitución como instrumentos legales clave. Aun así, perdura el problema de la impunidad por los crímenes cometidos durante la guerra y la dictadura y la necesaria reparación democrática a sus víctimas, como consecuencia de las leyes de amnistía y el espíritu de consenso que pretendieron imponer un “punto y final” al respecto.

En el plano económico, España ingresa definitivamente en el bloque capitalista occidental con la integración en la CEE y las políticas de PSOE y PP (moneda única y reformas laborales). Se alcanzan unos niveles de bienestar sin precedentes (con la extensión de la educación, Seguridad Social, prestaciones sociales y pensiones), además de un impulso a la sociedad de consumo que facilita una mayor comodidad material. A pesar de ello, el crecimiento no fue homogéneo y una parte importante del país se ve empujada a situaciones de paro permanente, falta de vivienda y dificultades de integración familiar y social. Estructuralmente, el sector servicios prosigue su crecimiento (frente al secundario), se mejora la cualificación y aumentan los cuadros medios (los inferiores son ocupados en muchos casos por inmigrantes) y se incorporan masivamente las mujeres al trabajo asalariado y la política, si bien con importantes limitaciones (de categoría y sueldo).

La población vive un proceso de envejecimiento (contracción de la natalidad), que va a ser compensado por los inmigrantes de América Latina, África (septentrional y subsahariana), Europa oriental y Asia oriental y meridional. Además se profundizan los cambios generados por el desarrollismo de los 60: crecimiento urbano, secularización, sociedad de consumo, transformación relaciones de género, desarrollo de la sociedad civil. En ello influyen decisivamente la apertura y liberalización que trae la democracia: generalización de la educación, proliferación de medios de comunicación libres, desplazamientos a (e intercambios con) el extranjero…

Finalmente, la cultura se transforma enormemente a raíz de la muerte de Franco con la extensión del ambiente de libertad. Los años 70 y 80 fueron los del “destape”, la publicación de libros prohibidos y el estreno de películas hasta entonces prohibidas. También surgieron otras reivindicaciones como el feminismo o la defensa de los derechos de los homosexuales. En los 80 sale a la luz una generación menos marcada por los años duros del franquismo, como muestran las nuevas tendencias artísticas (danza y música). En el terreno literario cabe destacar la concesión de dos premios Nóbel: uno al poeta Vicente Aleixandre y otro a Camilo José Cela. Los hábitos también van a cambiar con la proliferación de las nuevas tecnologías de la información, con una modificación de las prácticas de lectura, producción e intercambio de la información.

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