Arqueología de los márgenes: recorriendo los bordes de la sociedad

dscn1620_baja

Puerta de Hierro (Madrid)

La arqueología se nos ha presentado tradicionalmente como una disciplina comprometida con el estudio de épocas remotas (paradigmáticamente la Prehistoria) y de civilizaciones exóticas (Egipto, Grecia y Roma, Mesoamérica precolombina, civilización del Indo…). Otro de los tópicos es que tiene más valor cuanto más profundo excava; los tells de Próximo Oriente (por ejemplo, Jericó), Anatolia (Çatal Hüyük), Mesopotamia (Uruk) o Asia central (Namazga), que aparentemente permiten conocer la “cuna de la civilización”, son precisamente depósitos de gran profundidad o potencia (más de 30 metros) en los que se han ido sedimentando y superponiendo los restos de distintas sociedades a lo largo del tiempo.

Sin embargo, aun siendo lógicamente válidas estas ideas, la arqueología es mucho más. Hoy vamos a hacer un pequeño recorrido por los caminos de la arqueología contemporánea para que podáis plantearos tanto otra forma de hacer arqueología como otra manera de entender la historia contemporánea. Esta arqueología no es agradable, advierto a las mentes pudorosas y a los reverendos académicos.

Sigue leyendo

Cuando el pasado duele, ¿qué dice la escuela?

Hace unos días estuve en la Universidad Autónoma de Madrid presentando una clase sobre didáctica de la Guerra civil y el franquismo, invitado por el profesor Mario Carretero (UAM y FLACSO). Lxs asistentes eran estudiantes del Grado de Psicología (perfil de Psicología de la educación) y el marco era la asignatura de “Aprendizaje y Formación”, dedicada a la enseñanza de la historia. Ha sido una oportunidad para aclarar y organizar algunos aspectos sobre este tema complejo. Veámoslos.

Sigue leyendo

Incógnitas de la historia: símbolos republicanos en Madrid

Fuente de 1934 (con la inscripción mutilada) en la plaza de Cabestreros (Lavapiés, Madrid) (junio 2015)

Fuente de 1934 (con la inscripción mutilada) en la plaza de Cabestreros (Lavapiés, Madrid) (junio 2015)

La Historia, como otras ciencias (del tipo que sean), no se construye con certezas y afirmaciones, o al menos no en primera instancia, sino con todo lo contrario: se elabora a partir de dudas. La interrogación es el punto de partida de toda investigación. A través de la pregunta se desencadena un proceso que lleva a proponer una respuesta (o varias), en función de un marco teórico específico, y al análisis de testimonios, siguiendo unos métodos particulares. Es más, una vez arrancado este proceso se plantean nuevas preguntas que matizan la propuesta inicial y desencadenan nuevas dudas que conducen a su vez a nuevas investigaciones y a nuevos interrogantes, y así sucesivamente. Quien cree que el saber proviene de las afirmaciones tajantes se queda sólo en la antesala de la investigación científica.

Hoy vamos a dar forma a una pregunta, aunque, como quizás viene siendo habitual en este y otros foros, no nos extenderemos en responderla; si alguien quiere aportar datos o ideas, o incluso se anima a escribir algo coherente para hacerlo, no tiene más que remitirnos un correo. La pregunta es la siguiente: ¿Por qué han sobrevivido una serie de símbolos republicanos en la ciudad de Madrid después de la sucesión de regímenes políticos de muy diverso (y en cierto modo opuesto) signo, como una dictadura y una monarquía parlamentaria?

Sigue leyendo

El ominoso arte de la guerra: Fogwill y sus “pichiciegos”

Portada de Gente (Buenos Aires), 20 de mayo de 1982

Portada de la revista Gente (Buenos Aires), difusora de la moralidad militar durante la dictadura, el 20 de mayo de 1982 (fuente: http://www.no-retornable.com.ar)

Ominoso significa abominable, despreciable, horrible, abyecto. Pese a las imágenes positivas, idealizadas que se derivan de la representación romántica de la guerra (y de muchas otras representaciones), que han llevado a considerarla como un arte, el enfrentamiento bélico no merece otro adjetivo. Serían dignos de análisis los modos en los que tanto en nuestra sociedad como en otras se ha ido construyendo esa imagen positiva de la guerra; el militarismo es un valor, y no sólo entre los poderes establecidos, del tipo que sean, sino en amplios sectores de la población, que pasan de jugar a la guerra cuando son pequeños hasta hacerla (o más bien, mandar hacerla, o -en el mejor de los casos- a beneficiarse de que otrxs la hagan) cuando son mayores… Asimismo sería genial y apasionante bucear en los distintos movimientos antibélicos, antimilitaristas y pacifistas, que son en verdad una misma cosa (por eso se dice que “ningún ejército defiende la paz”) (pienso en los insumisos de España o en las Mujeres de Negro), y específicamente en las obras culturales que han contribuido a ellos (me viene a la mente, por ejemplo, la inigualable Johnny cogió su fusil, de Dalton Trumbo, de 1939). Son temas todos ellos con los que puede comprometerse un/a historiador/a crítico/a, y un/a profe de historia, dado que las guerras y las batallas son uno de los campos más cultivados y ensalzados por la historia oficial, y deben ser sometidos a revisión.

Pero ahora no se trata de eso, o no de tanto. Vamos a centrarnos en una guerra concreta, como fue la de las islas Malvinas o Falkland, y a limitarnos a una sola obra que retrata, de un modo muy peculiar, la abyección de la guerra; se trata de Los pichiciegos, de Rodolfo Enrique Fogwill. Esta novela fue escrita en una semana de junio de 1982, por uno de los escritores más irreverentes de las últimas décadas en Argentina. No es una historia real, en cuanto que haya sucedido, ya que es una novela, pero como tal contiene elementos verídicos. Quizá Fogwill no la escribió buscando representar la crueldad de la guerra; quizás sólo pretendía denunciar las malas condiciones en las que lucharon los argentinos, como si unas buenas condiciones hubieran podido cambiar la experiencia profundamente aberrante de la guerra. No lo sabemos, aunque sería interesante investigarlo. Lo importante hoy aquí es recoger sus palabras para apoyar esta interpretación que propongo sobre el carácter de la guerra, de cualquier guerra. Reproduzco amplios pasajes para que cualquier actividad de análisis de la novela de Fogwill en clase esté bien fundamentada. Sigue leyendo

El oficio del historiador

Hay muchas maneras de entender el trabajo que realizamos las y los historiadores. Esos modos diversos, junto con los múltiples abordajes de la propia historia (ontología), del proceso por el que se aprehende y conoce (epistemología) y de las herramientas y técnicas de generación del conocimiento histórico (metodología), han sido agrupadas por los historiadores de la ciencia (en este caso, de la historia) en escuelas historiográficas, paradigmas, formaciones discursivas… Esta enorme variedad es lo que nos ha llevado en varias ocasiones a afirmar que el pasado, o lo que decimos sobre él, es algo muy vivo y que por tanto cambia, no sólo en el tiempo sino también en el espacio, es decir, en unos lugares y otros, entre unas tradiciones y otras, en unos equipos de investigación y otros.

Esto lleva a muchxs a considerar que la historia, como otras ciencias sociales, no es una ciencia, o al menos no es una ciencia confiable, pero no hay más que repasar, como han hecho S.J.Gould o Th. Kuhn, la evolución de disciplinas como la geología y la física para apreciar la contraposición de distintas maneras de ver la realidad tratada en disciplinas plenamente legitimadas.

Sin embargo, más allá de este debate y ante las distintas maneras de entender la historia y todo lo que conlleva, hay tres aspectos que me parece que son definitorios del oficio del historiador/a, entendido como un proceso complejo de construcción del conocimiento. Veámoslos someramente. Aludiremos a distintos investigadores que comparten esta perspectiva, aunque su núcleo se encuentra en los trabajos de Marc Bloch (1866-1944) y Lucien Febvre (1878-1956).

Algarrobo de 700 años de edad y, al fondo, el Cerro de los siete colores (Purmamarca, prov. Jujuy, Argentina) (foto JRC, ag. 2014)

Algarrobo de 700 años de edad y, al fondo, el cerro de “los siete colores” (Purmamarca, prov. Jujuy, Argentina) (foto JRC, ag. 2014). Son testigos, en sus anillos de crecimiento y en sus estratos, del paso del tiempo…

Sigue leyendo

El reverso de la ejecución de Túpac Amaru y su familia a partir de una fuente escrita del siglo XVIII

José Gabriel Condorcanqui, más conocido como Túpac Amaru II o simplemente Túpac Amaru, es un personaje mítico en América Latina. Lideró una importante rebelión contra el dominio de la Corona española a finales del siglo XVIII. Sin embargo, uno de los motivos por los que es famoso es curiosamente su muerte. Veamos el documento en el que se explica cómo fue ésta y tratemos de desentrañar el reverso de este acontecimiento (o al menos, de ver una de las posibles vueltas que se le puede dar), como esbozo de una crítica de una fuente histórica escrita.

Composición con el rostro de Túpac Amaru II y la escena de su ejecución (fuente: Prensa alternativa al servicio del pueblo en www.telesurtv.net)

Composición con el retrato del rostro de Túpac Amaru II y con la reconstrucción de la escena de su ejecución (fuente: Prensa alternativa al servicio del pueblo en www.telesurtv.net)

Sigue leyendo

Revoluciones: esquema de un proceso histórico crucial

Portada de Animal Farm (ed. 1966, diseñada por Paul Hogarth) (foto: www.pinterest.com)

Portada de Animal Farm (ed. 1966, diseñada por Paul Hogarth) (foto: http://www.pinterest.com)

En su libro Revoluciones del mundo moderno, que hemos utilizado varias veces en clase (por ejemplo a propósito de la Revolución inglesa, la Revolución francesa y la Comuna de París), Alfonso Lazo dedica un capítulo introductorio al significado de las revoluciones en la historia. Nos explica que para numerosos investigadores, con diversas maneras de ver el pasado (es decir, de distintas escuelas historiográficas), las revoluciones son momentos cruciales en el devenir histórico; algunos de los historiadores que más insisten en ello, aunque no los únicos, son los materialistas históricos o marxistas. Las revoluciones son de muchos tipos, en función del ámbito del que tratemos; las más vistosas son las revoluciones económicas, como la Revolución neolítica o la Revolución industrial, o las revoluciones políticas, como la Revolución francesa o la Revolución rusa. (También hay culturales, como la que provocan las llamadas “vanguardias artísticas”.) Sin embargo, el tema da para mucho más que para una tipología. Podemos discutir cómo suceden, cómo tienen lugar, qué esquema básico parecen definir, qué aspectos tienen en común pese a su tremenda variedad. Y eso es lo que vamos a hacer hoy, aunque sólo respecto a las revoluciones políticas y en un sentido más o menos general. Para ello seguiremos con el texto de Alfonso Lazo, pero también nos meteremos en un libro maravilloso que se tradujo en su momento como Rebelión en la granja (Animal Farm, en su versión original), de George Orwell, e iremos repasando algunos casos históricos para ilustrar lo que veamos. Con ello, por cierto, os encontraréis, presentado de un modo distinto, algunos de los episodios que habéis estudiado o estudiaréis en clase, y que quizás nunca pensasteis contemplar en este sentido.

Sigue leyendo