2.2. Los pueblos prerromanos. Las colonizaciones históricas: fenicios, griegos y cartagineses

Antes de la implantación del poder romano, durante todo el I milenio AC, hubo en la Península Ibérica un conjunto de pueblos que pertenecen a la Protohistoria, etapa de transición entre la Prehistoria y la Edad Antigua en la que conviven pueblos con y sin escritura. Es la Edad de Hierro. Estos pueblos se dividen en indígenas y colonizadores. Los dos interactúan dando lugar a un mosaico de civilizaciones con el que se encuentra Roma.

Los pueblos indígenas se dividen en dos grandes grupos. Al primero, de tradición de la Europa atlántica y central, corresponden, en primer lugar, los Celtas (I mil. AC hasta el s. I AC), que se extienden por el norte de la Península Ibérica, con una economía autosuficiente, basada en la ganadería y la metalurgia del hierro, y una sociedad tribal. Viven en castros o poblados en alto con casas circulares (Coaña -Asturias-, por ejemplo). En segundo lugar figuran los pueblos del centro y oeste, como los Celtíberos,  Vetones y Lusitanos. Su economía era ganadera y agrícola, con sociedad tribal, con un grupo importante de guerreros y poblados fortificados como Numancia y Ulaca. Destacan las esculturas zoomorfas de los vetones (verracos), como los Toros de Guisando. El segundo gran grupo de indígenas, de tradición mediterránea, lo integra, primeramente, el pueblo de Tartessos (s. XII-VI a.C.), que se extiende por el suroeste de la Península Ibérica. Tienen un sistema de gobierno monárquico y una economía centrada en la ganadería, minería y metalurgia (como indica el Tesoro de Carambolo). Su desarrollo se debe al comercio con los fenicios y su desaparición es un enigma (podría ser por problemas internos o conflictos con los cartagineses). De una cronología posterior son, en segundo y último lugar, los Íberos (s. VI-II a.C.), que se extienden a lo largo de la costa mediterránea. Son los que tuvieron un contacto más directo con los colonizadores. Con una economía agrícola, comercio desarrollado y metalurgia, se organizaron en ciudades-estado dirigidas por un monarca o una oligarquía (reducido grupo de poder). Tuvieron una cultura compleja, escritura, expresiones artísticas, entre las que destaca la escultura (Dama de Elche y de Baza).

Los pueblos colonizadores vienen a la Península Ibérica en busca de materias primas (metales y madera) y productos alimenticios (salazones, cereales…), y para controlar las rutas comerciales. Para ello instalaron colonias y factorías en la costa, desde donde se relacionan con los pueblos indígenas del interior. En primer lugar destacan los Fenicios, procedentes de Líbano; en el s. XII a.C. se instalan en Andalucía y fundan Cádiz (Gadir), Almuñécar (Sexi) y Málaga (Malaka). En segundo lugar están los Griegos, que aparecen en la Península entre los s. VIII y VI. Proceden de Masalia (Marsella). Quisieron obtener metales y productos agrarios e introducen la moneda. Las colonias más conocidas son Rhode (Rosas) y Emporion (Ampurias). Finalmente, los Cartagineses, procedentes de Túnez y herederos de los antiguos fenicios, llegan a la Península en el s.VI aC para controlar las rutas militares del Mediterráneo, fundando Cartago Nova (Cartagena) y Ebyssos (Ibiza). Son expulsados por los romanos en la II G Púnica en el s. III a.C.

Las colonizaciones fueron un proceso crucial para la Península Ibérica ya que con ellas se introducen una serie de innovaciones, como el arado, la acuñación de moneda, la escritura y los salazones.

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