El nacimiento de América: la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1865-1870)

Cándido López (1889): La batlla de Tuyutí. Lugar de conservación indeterminado (fuente Wikicommons)

Cándido López (1889): La batalla de Tuyutí (detalle). Museo Histórico Nacional de Argentina (Buenos Aires) (fuente Wikicommons)

Hay episodios de la historia que pasan desapercibidos en ciertos lugares, aunque son cruciales. Esta contradicción no es tal, porque en realidad lo que sucede es que han sido omitidos, relegados. En otras ocasiones, esos episodios sí están presentes pero son enfocados de un modo muy parcial, incluso tendencioso. Uno de ellos es la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1865-1870), ignorada sistemáticamente en las clases de Historia que impartimos en España al hablar de América, o manipulada hasta el absurdo para ensalzar a uno de los bandos en países americanos como Argentina y justificar su expansionismo territorial. Un análisis de las representaciones de este proceso en las escuelas de distintos países requeriría más tiempo y nos conduciría a apreciar la función que desempeñan los vacíos o los enfoques parciales en el relato histórico sobre la América independiente de los imperios ibéricos. Pero, dado que en la enseñanza secundaria de España ni siquiera se menciona, nos vamos a conformar simplemente con llamar la atención sobre este conflicto bélico y con sondear algunas de sus características. Apreciaremos cómo es un episodio de una relevancia tremenda en la historia de América y cómo, por tanto, debería ocupar un momento clave en la enseñanza de su evolución.

Fuente: Fernández Ros, J.M. y otros (2009): Historia de España 2º Bachillerato. Madrid: Santillana, p. 149

Mapa del primer ciclo de independencias contra el Imperio español en América. Fuente: J.M. Fernández Ros y otros (2009): Historia de España 2º Bachillerato. Madrid: Santillana, p. 149

Paraguay fue la tercera nación independiente de América (1811), después de Estados Unidos (1775-1783) y Haití (1802-1805), y la primera en liberarse del Imperio español en este continente. Con motivo del debilitamiento del poder absolutista en España y Portugal, a propósito de la extensión de las ideas liberales y de la influencia cada vez mayor de la Francia revolucionaria (fundamentalmente con Napoleón) desde 1800-1808, pero también del crecimiento imperialista de Inglaterra, múltiples territorios de la América colonial van a luchar por replantear su relación con la metrópoli. En el Virreinato del Río de la Plata, por ejemplo, se forman desde 1809 juntas y cabildos abiertos y se inicia un complejo proceso en el que acaban dominando los sectores independentistas, los insurgentes (muy variados por lo demás). Sin embargo, con la derrota de Napoleón y la restauración del absolutismo en Europa (incluidas España y Portugal) entre 1814 y 1815, los viejos imperios restablecen su poder (hasta una nueva recomposición de los sectores insurgentes, más nutridos que antes, desde 1816). En este devenir, Paraguay es el único territorio que consigue mantener su independencia desde el principio y la joven república se convierte en uno de los países más prósperos de América.

En 1814 Gaspar Rodríguez de Francia toma el poder y comienza a dar forma a una república muy peculiar. Se trataba de una organización completamente distinta a la liberal, que comenzaba a extenderse entonces por el mundo en beneficio de las élites capitalistas e imperialistas, definiendo el incio de una nueva era: la Edad Contemporánea. Como nos cuenta Galeano (1981: 310-5), en Paraguay se instaura un sistema en el que el estado controla toda la política para gestionar sus recursos en beneficio de la colectividad, aparentemente; es un estado intervencionista. La dictadura de Rodríguez de Francia elimina a la oligarquía y lleva a cabo un reparto igualitario de la tierra en usufructo entre los campesinos; al expropiar a los grandes propietarios, el 98% del territorio va a ser de propiedad pública y los campesinos recibirán parcelas a cambio de poblarlas y trabajarlas, si bien con la prohibición de venderlas.

Junto con sus continuadores, Carlos Antonio López y Francisco Solano López, se extiende la educación a toda la población, erradicando el analfabetismo, se instalan de un modo pionero en América los telégrafos y ferrocarriles, se dota al país de infraestructuras modernas (canales, represas, sistemas de riego, carreteras…) y se lleva a cabo un importante desarrollo industrial (en el sector de la construcción, los tejidos, las armas, el papel, la cerámica y los barcos -debe recordarse que el inmenso río Paraná es navegable). El comercio exterior estaba igualmente en manos del estado, que controlaba la exportación de yerba mate y tabaco, maderas, barcos y armas a América y Europa; establecía un riguroso proteccionismo para impedir la entrada de mercancías extranjeras que pudieran debilitar la producción interna. En consecuencia, la balanza comercial arrojaba un superávit (o sea, que se registraban más exportaciones que importaciones) y la moneda era fuerte y estable, de manera que el estado disponía de capital suficiente para invertir sin recurrir al endeudamiento exterior, lacra de las economías americanas (y de otros lugares…) desde el principio.

Todo esto era inaceptable. O lo era, al menos, para Inglaterra y para las jóvenes repúblicas americanas. La primera se encontraba en un proceso de expansión sin freno desde Waterloo (para algo había capitaneado, junto a otros, la mayor parte de las coaliciones contra Francia); trataba de dominar el mercado internacional para proveerse de las jugosas materias primas de todo el mundo y garantizarse la compra de sus manufacturas entre un número cada vez mayor de consumidores, y lo estaba consiguiendo. Las segundas estaban dominadas desde el principio por las élites de los comerciantes criollos (sobre todo exportadores), como fue el caso de Belgrano, Pueyrredón, Las Heras y otros, en Argentina, por ejemplo, y por tanto por los socios de los británicos y otros países capitalistas del momento (principalmente europeos, aunque pronto también Estados Unidos). Por tanto, Paraguay, con su modelo de estado intervencionista y proteccionista, amenazaba los intereses de unos y otros. Y, para colmo, podía ser contemplado como un modelo por parte de las poblaciones oprimidas de América Latina.

A mediados del siglo XIX Inglaterra, a través de su ministro en Buenos Aires, Edward Thornton, va a preparar la operación que debía acabar con esta situación. Se servirá de un conflicto fronterizo entre Paraguay y Brasil para formar una gran alianza contra Paraguay y dispondrá del apoyo del Banco de Londres, el Banco Rothschild y la Baring Brothers para financiarla. La alianza se formaliza el 10 de mayo de 1865 entre la Argentina de Bartolomé Mitre, el Brasil de Pedro II y el Uruguay de Venancio Flores, aunque el conflicto entre Paraguay y los integrantes de la alianza viene de atrás, lógicamente. En este tratado los aliados acuerdan, entre otras cosas, repartirse gran parte de Paraguay una vez fuera derrotado. Pero la guerra se alargó y hasta cinco años más tarde no se pudo consumar ese reparto.

Cándido López (1893): Después de la batalla de Curupaytí. Museo de Bellas Artes de Buenos Aires (Argentina)

Cándido López (1893): Después de la batalla de Curupaytí. Museo de Bellas Artes de Buenos Aires (Argentina)

En efecto, la guerra transcurrió entre 1865 y 1870. De nuevo siguiendo a Galeano (1981: 315-24), así como a Lambert (2015), sabemos que supuso el aniquilamiento literal de los paraguayos; se calcula que murieron 9 de cada 10 hombres (y globalmente la población se redujo en un 60%), y las infraestructuras, las industrias y los campos fueron diezmados igualmente. Los aliados sufrieron importantes pérdidas y varias bancarrotas como consecuencia del endeudamiento (frente a los acreedores británicos, cómo no), aunque consiguieron lo que buscaban, especialmente Brasil y Argentina. En cuanto a las ganancias territoriales, Brasil se apoderó de 65000 kilómetros cuadrados y Argentina de 94000 (ver mapa adjunto). Además, dispusieron de nutridos contingentes de mano de obra: los combatientes paraguayos presos. Y finalmente implantaron, con la ayuda de los nuevos gobiernos títeres paraguayos, el “libre” comercio, o sea la apertura del mercado paraguayo a los productos y capitales británicos, argentinos y brasileños (al eliminar cualquier impuesto de cara a la importación), dando pie al saqueo de los recursos y las poblaciones del Paraguay en los tiempos ulteriores.

Fronteras de Paraguay y adquisiciones territoriales de Argentina y Brasil tras la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) (fuente Wikicommons)

Fronteras de Paraguay y adquisiciones territoriales de Argentina y Brasil tras la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) (fuente Wikicommons)

En Paraguay, por su parte, se restauró el latifundismo y se vendieron los bosques, las minas, los yerbales, los edificios de las escuelas…, y comenzaron a inundar el país los empréstitos que endeudarían al país hasta lo más profundo y las mercancías foráneas que hundirían irremediablemente sus industrias. La tendencia continuó y un siglo después, con la dictadura sanguinaria de Alfredo Stroessner (1954-1989), los latifundistas brasileños del café y la soja aumentaron sustancialmente sus propiedades en Paraguay, especialmente en el nordeste, del mismo modo que las empresas hidroeléctricas también brasileñas, que controlan los saltos de Guairá en la región de Itaipú, sobre el Paraná. En los años 70 el 90% de la tierra estaba en manos del 1,5% de los propietarios (que, por lo demás, mandaban cultivar sólo el 2% de la superficie del país…). Con los años, el dominio británico y argentino ha ido cediendo su lugar al norteamericano y brasileño, pero Paraguay sigue en una situación de dependencia estructural desde la Guerra de la Triple Alianza.

Y es que con este proceso lo que sucedió en definitiva es que Paraguay entró en el mercado mundial dominado por las potencias imperialistas: primero Inglaterra y luego Estados Unidos. La región que había mantenido su economía controlada por el estado en defensa de un interés nacional, al redistribuir parte de los beneficios logrados e impedir la dependencia de las inversiones, los bienes de equipo y las tecnologías extranjeras, pasó a ser una pieza de los engranajes de la economía mundial. Aunque ello era presentado como el triunfo de la libertad de mercado en realidad había sido producido con el aniquilamiento de un país y su colocación en una posición de clara dependencia, en la que, por cierto, se encontraban también otras jóvenes repúblicas americanas tras su independencia de los imperios español y portugués. La derrota de Paraguay supuso un paso decisivo en la configuración de América Latina como una pieza (deliberadamente) subdesarrollada del nuevo mundo del siglo XIX en adelante. La guerra que la produjo puede ser considerada, en este sentido, como un hito fundacional de lo que es hoy América, una tierra rica donde los hombres son pobres…

Como hemos visto, aun así, este nuevo tipo de dominio, distinto del que documentamos en la Edad Moderna, no se ejerce sólo por la fuerza de las armas de las potencias imperialistas. Aparte de que éstas se comienzan a servir de agentes comerciales y diplomáticos para implementar su control, entran en escena decididamente otros países que se encuentran dominados por aquéllas pero que, al mismo tiempo, ejercen lo que Galeano (1981: 321, 429-30) denomina un subimperialismo o “imperialismo de segundo grado”. A ello habría que añadir también, para complicar más el panorama, en la línea de lo que comentábamos sobre las revoluciones políticas, la intervención de las élites criollas, nacionales, en la creación de este mundo desigual (en su propio beneficio, aunque siempre a la zaga de las élites de los países “desarrollados”). Esto indica que al estudiar historia podemos ver en muchas ocasiones que las luchas no son sólo entre naciones, entendidas monolíticamente, sino entre las élites de distintos países, y a veces entre las élites de varios países contra sus propios sectores populares. Ahí están, por ejemplo, en el contexto que comentamos, el pánico de los gobiernos de Argentina, Brasil y Uruguay a una identificación de sus poblaciones con el modelo paraguayo, y la constricción de los soldados uruguayos para combatir en la Guerra (llevados con las manos atadas al Paraguay).

Panel en la c/ Coronel Niceto Vega (Buenos Aires, Argentina) (foto JRC, agosto 2014)

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Fuentes:

Chust, M. e I. Frasquet (2009): Las independencias en América. Madrid: Catarata. 128 pags.

Galeano, Eduardo (1983 [1971]): Las venas abiertas de América Latina. México DF y Madrid: Siglo XXI, pags. 309-324.

Lambert, R. (2015): “Y Paraguay descubrió el librecambismo” en B. Bréville y D. Vidal (coords.): Atlas de historia crítica y comparada. Valencia: Le Monde diplomatique en español, Funfación Mondiplo y UNED, pags. 14-5.

Obras de Cándido López. Museo de Bellas Artes de Buenos Aires (Argentina). Última consulta octubre de 2016. URL: https://www.bellasartes.gob.ar/coleccion/buscar?q=c%C3%A1ndido+l%C3%B3pez

Wikipedia, entrada “La Guerra de la Triple Alianza”. Última consulta septiembre de 2016. URL: https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_la_Triple_Alianza

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