Paseo a orillas del Manzanares

Las excursiones de muchos centros educativos se han convertido en un mero pasatiempo. Y no me refiero a como las ven lxs alumnxs, que, como sabemos, tienen múltiples y complejas maneras de percibir y entender las actividades educativas. Me preocupa cómo las planteamos los docentes y los centros educativos habitualmente, desprovistas de un enfoque y contenido pedagógico real. Hoy vamos a reflexionar sobre este tema, y lo haremos paseando a orillas del Manzanares a su paso por Madrid.

Baile a orillas del Manzanares, de Francisco de Goya (1776-1777). Museo del Prado (Madrid)

Baile a orillas del Manzanares, de Francisco de Goya (1776-1777). Museo del Prado (Madrid)

Las salidas del espacio escolar cotidiano son a menudo o un mero relleno del calendario escolar, o un ejercicio turístico común, o una costumbre repetida por inercia, o todas estas cosas a la vez. Raramente tienen un planteamiento profundo, desde un punto de vista teórico y metodológico. Por eso nos encontramos de vez en cuando viajando a Toledo, Segovia y Ávila, o al Museo del Prado, del Romanticismo o al Arqueológico Nacional, cuando no a lugares más exóticos, pero no por ello menos convencionales (como Italia, en el clásico viaje de fin de estudios), y convirtiendo esas visitas en una ocasión bien para dejarnos llevar por algún guía y disfrutar de un día de asueto, bien para aplicar mecánicamente una receta, como muchas veces hacemos también en clase…

Sin embargo, desde proyectos educativos como los de los colegios de la Institución Libre de Enseñanza, como el Instituto Escuela y el Colegio Estudio, por ejemplo, las excursiones se planteaban de otra forma. Los dos ejes principales de este planteamiento son los siguientes.

Por un lado, las visitas constituyen la actividad fundamental que permite poner en relación lo que las disciplinas y asignaturas segmentan, separan, aíslan. Fuera de los centros (aunque, como intentamos ilustrar algunxs habitualmente, también dentro) encontramos la realidad en toda su complejidad, en marcha, en movimiento, en desarrollo, avanzando y retrocediendo, actuando… Por otro lado, las salidas fomentan que los estudiantes conozcan (entendiendo “conocer” en ese sentido profundo) su entorno, el lugar, el contexto, en definitiva las realidades en las que viven, vivimos. Y da igual que se trate del campo (que en Estudio hasta hace unos años empezaba nada más salir del cole), de la Sierra (si estamos en Madrid), o de los barrios, los polígonos, las avenidas, solares y parques de los entornos de los centros educativos; todo lo que rodea a los centros es entorno y, por lo tanto, realidad para conocer.

A raíz de estas ideas se han promovido excursiones de mayor alcance que han visto en el viaje una oportunidad para extender el saber académico al tiempo que para recoger otros saberes (populares), y hacerlos dialogar, como ilustran maravillosamente las Misiones Pedagógicas de los años 30. Pero el concepto institucionista de excursión o salida fuera del centro no era nada más (y nada menos) que poner el pie en el mundo más próximo para conocerlo en funcionamiento.

Recogiendo este legado proponemos aquí el esbozo de una ruta por el curso medio del Manzanares a su paso por Madrid. No somos los primeros, ni mucho menos; algunos grupos escolares están empezando ya a recorrer este entorno. El utillaje para la excursión es muy sencillo: una mochila, un cuaderno y un lápiz o bolígrafo, algo para taparse la cabeza si hace sol o para protegerse de la lluvia si se anuncia agua, una cantimplora y algo para comer, y quien tenga una cámara de fotos, que la lleve. (Podemos coger también los mapas que reproducimos más abajo, para ir entendiendo la representación cartográfica del espacio.) La norma más importante es modificar el lugar lo menos posible, dejar la mínima huella, y esto supone no molestar a otros excursionistas o transeúntes, no asustar ni alterar a los animales ni a las plantas, no tirar ningún tipo de residuo (incluidos los biode(sa)gradables), etcétera.

En la ruta se trata ante todo de combinar los saberes procedentes de diversas disciplinas (sin excluir otros como los de lxs alumnxs, el conductor del autobús, los transeúntes, a lxs que siempre conviene interpelar de alguna manera); por ello su preparación debería ser un proceso participatitivo que implique, al menos, a lxs profes de otras materias. Esto supone partir, al menos, de los planteamientos teóricos y metodológicos, así como de los contenidos concretos en torno a las cuestiones que vayan surgiendo, de la biología, la geología, la geografía, la historia, el arte y hasta de la economía, y hacerlos dialogar, elaborando al cabo de la visita (quizás ya en los días posteriores) una propuesta integral sobre la realidad abordada (en este caso, un tramo del curso medio del Manzanares a su paso por Madrid, como vemos en este mapa general).

Mapa general de la zona de estudio, con el trazado de la ruta y el punto de inicio y final

Mapa general de la zona de estudio en el curso medio del Manzanares a su paso por Madrid, con el trazado de la ruta y el punto de inicio y final (Puente de San Fernando y Puente de Segovia, respectivamente)

Los planteamientos posibles para la excursión pueden ser múltiples: confeccionar una guía turística, planificar un documental, realizar un estudio científico, diseñar una propuesta atractiva para un amigo de otra ciudad que viene a vernos… En función de uno u otro, la actividad se desarrollará de un modo particular. Nosotrxs aquí vamos a ver sólo algunas líneas maestras de una excursión dada, que deberán ser desarrolladas y articuladas de un modo más detallado según los casos.

Para combinar esos saberes una posibilidad fructífera es partir del concepto de paisaje (sobre el que, por cierto, ya tratamos algunos aspectos, sobre todo en lo que toca a sus dinámicas de fosilización). Igualmente válido es el de ecosistema. Las y los profesores de unas materias y otras deberán aportar para perfilar su empleo. En cualquier caso veríamos como nos encontramos ante herramientas conceptuales que pueden dar cuenta de la interacción simultánea o acumulativa de diversos procesos: geológicos, biológicos y antrópicos. La realidad abordada, atravesada, experimentada en la visita es resultado (provisional…) de las dinámicas de plantas, animales, humanos y, digamos, fuerzas naturales, como el agua, el aire y el fuego. Esas dinámicas son de lo más variado, lógicamente: erosión, sedimentación, mineralización, tectónica, reproducción, floración, polinización y, en lo tocante a los humanos, parcelación, instalación, mantenimiento y acondicionamiento de infraestructuras, enfrentamientos, explotación económica capitalista, ocio…

Una de las herramientas fundamentales para la excursión son los mapas y otros medios de reconocimiento superficial del terreno. Podemos ir cotejando con ellos lo que vemos en nuestro decurso. Para elaborarlos nos serviremos del visor del IGN, que nos proporciona cartografía tradicional (mapas topográficos), pero también fotografía de satélite y mapas históricos, a una escala suficientemente amplia como para no desubicarnos (1:25000). En una etapa más avanzada del trabajo deberíamos introducir los Sistemas de Información Geográfica (o SIG), que permiten combinar distintos aspectos (no sólo superficiales) del terreno.

Mapa de detalle de la zona de estudio

Mapa de detalle de la zona de estudio

Fotografía de satélite de la zona de estudio

Fotografía de satélite de la zona de estudio

Mapa histórico (sin fecha) de la zona de estudio

Mapa histórico (sin fecha) de la zona de estudio

La base del paisaje que vemos en nuestra ruta es un gran valle, es decir, un espacio modelado principalmente por la acción de un río. Éste nace en el Sistema central, formado originariamente con motivo de la orogenia alpina, en el Cenozoico (hace unos 66 MA), que dio lugar a una compleja red hidrográfica que tiene en el Tajo su principal curso; el Manzanares, precisamente, tributa a ese gran río, pues muere en el Jarama, que a su vez desemboca en el Tajo un poco más allá de Aranjuez. En el visor del IGN se podría apreciar perfectamente esta red hidrográfica, seleccionando mapas a una escala mayor de la que utilizamos aquí.

El Manzanares ha ido modelando el zócalo paleozoico de la submeseta sur, pero una de sus formas más recientes (y por ello más conspicuas, más fácilmente apreciables) son las terrazas del Pleistoceno (desde hace unos 1,8 MA).

Terrazas del Manzanares en el tramo de nuestra excursión

Precisamente ese escalonamiento peculiar del terreno en torno al río, gestado en función de sus distintos caudales en relación con las fases regresivas y transgresivas oceánicas, ha alojado desde tiempos remotos a numerosos grupos de animales, incluidos los humanos, desde los más antiguos a los más recientes. Esos distintos pisos han servido como refugio y vergel para bandas de homínidos, hasta el punto de que el estudio de sus destacados restos, junto con el de los que se encuentran en los grandes valles europeos, como el Somme o el Sena, dio lugar a la formación de la disciplina de la Prehistoria en el mundo occidental a fines del siglo XIX, como se nos enseña en el Museo de los Orígenes de Madrid (conocido tradicionalmente como Museo de San Isidro). Pero también han sido favorable emplazamiento para construir fortificaciones (un poco más adelante, donde se sitúa el Palacio Real, se localizó la guarnición militar o alcázar árabe que dio origen al Madrid medieval), residencias presidenciales (como La Moncloa, en el pinar que vemos en la parte derecha de la fotografía reproducida un poco más arriba, o la Casa de Vargas, donde se quedó José I durante su breve mandato como rey de España) e incluso trincheras para la defensa de Madrid o infraestructuras para su conquista por parte de los sublevados durante la guerra civil (de hecho, toda la Ciudad Universitaria y la Casa de Campo, asentadas en las terrazas, fueron frente durante toda la Guerra, es decir, un lugar estratégico desde donde defender o conquistar la ciudad).

Más adelante seguiremos explorando la relación entre este paisaje y la ocupación humana. Antes prosigamos entendiendo la formación original de algunos de sus componentes. En nuestro trayecto apreciamos, además de los aspectos estructurales (geológicos) señalados, una cobertura vegetal y unos moradores animales concretos. Su origen reside en la configuración climática derivada del fin del Pleistoceno, es decir, en la formación del interglacial en el que vivimos hoy en día, el Holoceno (desde 12 mil años antes del presente). Esta fase climática ha dado lugar en este sitio a un clima fundamentalmente mediterráneo, configurando un ecosistema peculiar que exige un estudio más detenido, aunque, en cualquier caso, podemos apreciar en él una gran variedad botánica (que suele denominarse bosque de ribera), con chopos, sauces, álamos, fresnos, alguna encina, zarzas, espadañas o aneas, plantas efímeras (además de algunos invasores, como los pinos, e incluso organismos no vegetales, como los hongos yesqueros)…

Y faunística, con distintos ejemplos de palomas, mirlos, urracas, gorriones, ánades, garzas, cigüeñas y hasta rapaces (milanos):

A estos animales se les puede ver e intentar fotografiar, aunque en ocasiones resulta casi imposible, como en el caso de los conejos y de los pájaros carpintero…

De hecho, en algunos casos no podemos más que conformarnos con sus huellas, como en el caso de los jabalíes:

P1060362_mediaConviene tener presente que encontrarnos con muchas de estas plantas y de estos animales depende muchas veces de las circunstancias en las que estemos inmersos (lección que conviene tener presente para muchas otras cosas, por cierto); dependiendo de la hora del día (o de la noche), de la estación del año, del tipo de día que haga (nublado, lluvioso, brumoso o soleado), tendremos la oportunidad de observar y documentar unos u otros. Así que cada unx elige cuándo y en qué circunstancias quiere deambular por el mundo (presente o pretérito) para estudiarlo.

Ambos componentes (vegetal y faunístico) tienen relación entre sí, obviamente. Muchos de los animales vienen siguiendo los recursos vegetales que crecen en el lugar o a los animales que vienen buscando estos recursos. Existe una cadena trófica que jerarquiza todo el entorno, según nos dicen los biólogos (aunque no sabemos si con ello están también proyectando aspectos de nuestra propia organización social…). Y en la cúspide parece que han conseguido colocarse los humanos, hasta el punto de amenazar todo el equilibrio a veces.

Esto ha llevado a la organización humana de gran parte del paisaje. Es lo que se denomina la antropizacion. Esto es muy evidente en la parte en la que el río está canalizado:

P1060686_mediaPero también lo es en otros lugares, como por ejemplo aquí donde es embalsado. Tenedlo en cuenta porque hay paisajes que creemos que son completamente naturales (es decir, que se encuentran desprovistos de la intervención humana) y en realidad no son tales: la mayor parte de la configuración florística y faunística responde a la antropización (en este caso un estanque formado por una presilla):

Más allá de los efectos sobre el medio, el paisaje que recorremos en esta parte del Manzanares presenta finalmente un variado elenco de obras arquitectónicas e incluso artísticas de estos peculiares animales que somos los humanos. Entre otras tenemos el Puente de San Fernando, una antigua vía ferroviaria que cruza el río en el célebre Puente de los Franceses, la iglesia de San Antonio de la Florida (con los impresionantes frescos de Goya), la Puerta de San Vicente, la Ermita de la Virgen del Puerto, el Puente de Segovia, la Torre de Madrid y el Edificio España, el Palacio Real, así como creaciones de grafiterxs… Podemos acudir al mapa histórico para rastrearlas.

A estas obras habría que darles sentido con una reflexión un poco más detenida y que podría precisamente ser objeto de investigación con lxs alumnxs. Una posibilidad sería tratar de clasificar las actividades a las que responden, y en ese sentido podríamos aprovechar la oportunidad para introducir la explicación sobre los sectores económicos… De un modo muy significativo respecto de lo que es la economía española desde el siglo XVIII, el más privilegiado sería el sector servicios, pues gran parte de los marcadores antrópicos son infraestructuras (para el ocio, el transporte, el procesamiento de residuos), aunque es cierto que el mapa histórico nos revela un paisaje agrario a principios del siglo XX, consecuencia del aprovechamiento de los depósitos aluviales de las riberas en el marco de una economía “antigua” aún centrada en el sector primario:

En fin, no hemos hecho más que dar un breve paseo a orillas del Manzanares. Las posibilidades son infinitas. Pero en nuestra mano está que sea algo más que un pasatiempo, es decir, que sea una oportunidad para conocer nuestro entorno aplicando de un modo claro una perspectiva multidisciplinar que dé cuenta de la complejidad de la realidad; una complejidad que radica en la comprensión de la interacción entre muy diversas fuerzas que mantienen la realidad en movimiento constante.

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Todas las fotografías han sido realizadas por JRC entre enero y abril de 2016

Fuentes:

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