Violencia política en la Transición: reflexiones en torno a los 36 años del asesinato de Yolanda González

La semana pasada se celebró en Madrid un acto de homenaje a Yolanda González Martín, secuestrada y asesinada, con 19 años de edad, entre el 1 y 2 de febrero de 1980. Los autores confesos y condenados son Emilio Hellín Moro e Ignacio Abad Velázquez, militantes de Fuerza Nueva (Grupo 41), que actuaron en relación directa con el Batallón Vasco Español (antecedente de los GAL) y probablemente también con ciertos integrantes de las fuerzas de seguridad del estado (Guardia Civil y Brigada Operativa de la policía), como David Martínez Loza. El caso nos lleva a unas breves reflexiones sobre la violencia política durante la transición de la dictadura franquista (1936/9-1975) a la España actual (1975-hoy). Hubo muertes, sí. Muchas muertes. Es terrible. Pero también demencial e inaceptable. Por eso, el estudio de la Transición no debe sólo recordarlas, sino incluirlas como parte de la historia. No hacerlo es negar (parte de) la historia; es actuar, como historiadores, de un modo parcial, no objetivo. Y para evitarlo debemos contemplar esas muertes como una parte fundamental de lo que ocurrió en aquellos años y en el proceso de configuración de lo que es hoy España.

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Mural de homenaje a Yolanda González en la Casa Autogestionada del Barrio de Aluche (CABA) (oct. 2014)

Portada de El País (12 de febrero de 1980)

Portada de El País (12 de febrero de 1980)

El caso de Yolanda es dramático. Era una joven estudiante vasca, militante del Partido Socialista de los Trabajadores, que estudiaba FP y trabajaba en Madrid. Tras una huelga de estudiantes en enero de 1980, fue cercada en su domicilio de Aluche por varias personas (otros dos militantes de Fuerza Nueva: Félix Pérez Ajero y José Ricardo Prieto, y el policía nacional Juan Carlos Rodas) y dos de ellas, los citados Emilio Hellín e Ignacio Abad, la capturan y trasladan en un coche por la carretera que va de Alcorcón a San Martín de Valdeiglesias, mientras le preguntan por un comando de ETA del que Yolanda no tiene ninguna noticia. Finalmente, es tiroteada y rematada implacablemente en un descampado del trayecto; fue “un paseo a Yolanda González por una España grande, libre y única”, tal y como reivindicó el BVE.

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Jardines dedicados a Yolanda González en Aluche (Madrid, feb. 2016)

Por otro lado, su caso ha gozado de cierta presencia pública, gracias, entre otras cosas, a la labor de sus allegados y personas y colectivos concienciados para difundir y recordar el caso. De hecho, tanto en Madrid, como en Bilbao, donde nació y creció, se han inaugurado recientemente (al fin) un par de espacios (unos jardines y una plaza, respectivamente) con su nombre. Además, todos los años se organizan homenajes en distintos lugares del país, como el de Aluche al que me refería al comienzo de esta entrada. Por último, en la CABA ha habido un mural durante un tiempo que recuerda a Yolanda como una compañera perdida y referente en la lucha por la libertad.

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Homenaje a Yolanda González el 2 de febrero de 2016 en Aluche (Madrid)

Sin embargo, por desgracia el caso de Yolanda no es el único, ni mucho menos. El periodo de la Transición (1975-1983) cuenta con 591 personas asesinadas por motivos políticos, según un estudio de M. Sánchez Soler (citado por J.C. Monedero (2011): La Transición contada a nuestros padres. Madrid: Catarata, p. 142). Muchos de estos asesinatos corresponden a las acciones de grupos terroristas nacionalistas, de extrema derecha y de extrema izquierda. En cambio, una parte, el 30% (178 asesinatos), es resultado de la “violencia política de origen institucional (…) desplegada para mantener el orden establecido (…), organizados, alentados o instrumentalizados por las instituciones del Estado”.

Portada de la Gaceta Ilustrada (abril de 1978) con la noticia del atentado contra Antonio Cubillo en Argel (Argelia)

Portada de la Gaceta Ilustrada (23 abril de 1978) con la noticia del atentado contra Antonio Cubillo en Argel (Argelia) (www.todocoleccion.net)

49 asesinatos, entre los que figura el de Yolanda, son obra de los llamados “incontrolados”, militantes de grupos de extrema derecha (Fuerza Nueva, Falange Española de las JONS, Hermandad de la Guardia de Franco), a menudo apoyados por integrantes de las fuerzas de seguridad del estado. A la policía corresponden 54 personas asesinadas en huelgas y manifestaciones, 8 en comisarías y 51 en enfrentamientos con grupos armados. Y los grupos “antiterroristas” matan a 16 personas. (Gran parte del resto corresponde a ETA -344 personas- y los GRAPO -51.)

A ello habría que añadir, claro está, los intentos frustrados o fracasados de asesinato, así como las agresiones en general y las torturas, las penas de cárcel y la represión judicial y policial de manifestaciones y huelgas, en cuyo caso las cifras se disparan y resulta difícil cuantificarlas. Uno de ellos es el de Antonio Cubillo, líder independentista y comunista canario, apuñalado en Argel por militantes de extrema derecha, con participación (no corroborada, creo) de los servicios secretos españoles. En un documental reciente (Ojos que no ven. Víctimas del fascismo desde la Transición, Hecho a Mano Producciones, 2011) se suman a los atentados de los “incontrolados” de la Transición los que se ha producido hasta el año 2011.

Globalmente apreciamos, pues, un exagerado nivel de violencia política en la construcción de la España actual. Aunque una parte fuera realmente descontrolada, otra contaba con el apoyo directo o indirecto de ciertos miembros de instituciones correspondientes a la seguridad del estado. Incluso esa parte supuestamente no controlada contribuía (sin que fuera por casualidad) a las acciones de éstos. Y es que en definitiva lo que pone de relieve este nivel de violencia política es que el estado y/o el gobierno necesitaron usar la violencia para sacar adelante el proyecto político de la Transición. Era “necesario” amedrentar y eliminar, en su caso, a las numerosas fuerzas políticas que desestabilizaban o querían reorientar el proceso, especialmente a las de izquierda (aunque para muchos de los victimarios la amenaza era contra el ordenamiento franquista y no tanto contra el de “La Reforma”), a menudo con la ayuda de los torturadores y matones del franquismo.

La Transición, con toda su complejidad, no puede entenderse por tanto sin estudiar, discutir y entender esa violencia. Sin justificarla, lógicamente, se trata de entender su función, quizás precisamente para plantear alternativas a la violencia política en cualquier proceso histórico. ¿Puede justificarse realmente el asesinato de una sola persona por motivos políticos (o cualquier otro…)? Este trabajo pasaría por abordar algunas líneas de investigación y discusión:

  • Marco espacio-temporal
  • Contexto general
  • Procesos judiciales sobre asesinatos y agresiones
  • Investigaciones no judicializadas
  • Estudio cuantitativo y cualitativo de las víctimas
  • Estudio cuantitativo y cualitativo de los asesinos
  • Conexiones demostradas entre éstos y las instituciones (de origen franquista y democráticas o de nuevo cuño)
  • Reacciones y comportamientos de los portavoces e integrantes de esas instituciones
  • Reacciones y comportamientos de las organizaciones sociales y políticas, y de la población en general
  • Incidencia de los atentados y agresiones en el decurso general de los acontecimientos
  • Discusión sobre las fuentes de información para estudiar el proceso
  • Valoración global

***

Todas las fotos son de JRC (octubre de 2014 y febrero de 2016)

Fuentes:

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