¿Un abandono? ¡¡Otra okupación!!

P1040836_mediaLa secuencia de ocupación y abandono es lo que marca la historia de cualquier lugar. La cadena que se forma con la instalación en un lugar, su abandono, su nueva ocupación, un nuevo abandono, y así sucesivamente, es la historia de ese lugar, junto con todo lo que hay entremedias, su transcurso. Eslabón a eslabón se van extendiendo y desplegando las historias particulares… Ya aludimos a este tema en una entrada previa, sobre todo en lo que tocaba a los abandonos. Pero hoy hemos venido para quedarnos, para ver cómo en un caso (de entre varios de la provincia de Guadalajara) el abandono da paso a una ocupación, a un “volver a empezar de nuevo”, y con ello a la continuación de una historia. En esta ocasión, sin embargo, se presenta una peculiaridad que hace cerrar el círculo en cierto modo: esta nueva ocupación ha incluido una excavación arqueológica que conecta los eslabones de la historia de ese lugar; ha ido excavando y exhumando los episodios de abandono y ocupación. Quizás toda ocupación conecta los eslabones, pero al utilizar a la arqueología, ésta lo ha hecho explícitamente. Y  lo ha hecho, además, de un modo original: no es obra de un equipo que ha venido de la universidad, sino de sus propios (re)pobladores (con alguna ayuda externa).

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Este es un pueblo relativamente pequeño; siempre lo ha sido. Según parece, llegó a tener  cerca de noventa vecinos (es decir, unidades familiares). Pero eso no importa: donde hay una sola vida, aunque no sea más que una, hay historia. Este no es el caso, de todas formas. Se trata de uno de los muchos pueblos que se repartieron en el muy habitado y activo mundo rural hasta los años 60. Entonces se produce el masivo éxodo rural, con motivo del crecimiento urbano, la terciarización de la economía, la introducción de maquinaria, las parcelaciones y otros fenómenos propios del franquismo pleno que hemos estudiado o estudiaremos en clase.

Ese éxodo da lugar a un abandono clave de este y otros muchos pueblos. Por un lado, pone fin a un extenso periodo de ocupación que (aun con probables abandonos -seguramente parciales) se retrotrae hasta la Edad Media; las primeras referencias documentales datan del siglo XII, poco después de la conquista cristiana de las Guadalajara y Cuenca islámicas. Y ese éxodo, por otro lado, inicia un abandono que va a durar tan sólo veinte años, dada una nueva ocupación hasta la actualidad, interrumpida por pequeños nuevos abandonos. Esa es, por tanto, la secuencia del lugar.

La excavación arqueológica ha podido detallar algunos aspectos de esta secuencia, especialmente de los momentos más recientes, que es por los que ha tenido que empezar, lógicamente (siempre se excava de arriba hacia abajo y, por tanto, de lo más reciente a lo más antiguo). La mirada al pasado comienza con el presente, y va retrotrayéndose, aunque normalmente contemos la historia al revés de como la vemos (desde lo más antiguo a lo más reciente). Hoy tenemos un pueblo que está okupado, es decir, que ha sido recuperado en una pequeña parte por pobladores autónomos, procedentes en su mayoría de ciudades, desencantados o en desacuerdo con la vida que encuentran en ellas. No compran ni alquilan las tierras; simplemente aprovechan el abandono para vivir. Como decía, algunos de ellos son los que, además de vivir, han querido saber dónde estaban, de dónde venía lo que veían. Esto ha implicado respetar enormemente lo que encontraban a su paso, incluidos los restos del pueblo y algunos de los antiguos habitantes, que residen desde hace años en pueblos mayores de la zona,  pero también abordarlos; una cosa no está reñida con la otra. Por eso excavan esos restos y hablan con esos supervivientes.

Espacios construidos u ocupados y rehabilitados por los okupas rurales desde 2010

Ese interés les ha llevado al nivel de ocupación previo a su llegada, el que ha quedado sepultado debajo del que quedó tras su abandono y debajo del que están formando ellos hoy en día. Ese nivel es el de construcción de casas para un turismo rural gay en los 90. Antes de ese se encuentra otro, con el que a veces se confunde, que es el que llaman “nivel yonki”. Corresponde a una duración de unos siete años a fines de los 80 y principios de los 90, y consistió en la instalación de una comunidad de ex toxicómanos, con los trabajadores sociales correspondientes, para su rehabilitación, con tareas como la reconstrucción de algunas casas; interesante episodio, por cierto: rehabilitarse rehabilitando. Tras este nivel, finalmente, se abre la secuencia que corresponde al pueblo “tradicional”, campesino.

Casas y restos apreciables en superficie del “nivel yonki” y panorámica de las ruinas del pueblo tradicional

La fase que, de momento, mejor ha podido ser constatada gracias a la excavación arqueológica es ese “nivel yonki”, y por extensión el que contacta con él por arriba y por abajo, es decir: por un lado, el derrumbe de la fase de abandono que le sigue y, por otro, el suelo de ocupación de la vivienda campesina sobre cuya interfacies de abandono se asienta. Esto lo podemos ver en las siguientes fotos. Para aclarar el lío de relaciones entre niveles (en realidad, debe hablarse de unidades estratigráficas, que en conjuntos conforman niveles correspondientes a fases de ocupación y abandono) suelen realizarse esquemas (o “matrices de Harris”), que aún no tenemos disponibles para este caso que nos ocupa.

Excavación en una de las estructuras del pueblo. Se aprecia parte del derrumbe encontrado en superficie al comenzar la excavación (1), que se apoya sobre una arena de río (para cementación) (2) y un ladrillo (para la reconstrucción) (3), correspondientes al nivel yonki, y las estructuras (muro y suelo) (4) probablemente del nivel campesino

Detalle de las dos unidades estratigráficas correspondientes al nivel yonki en este sector: arena y ladrillo (izquierda) y detalle del contacto entre este nivel y el campesino (derecha)

 

Panorámica del sector exhumado, con las UE correspondientes al nivel yonki en la esquina superior derecha y las UE del derrumbe (compuesto por cascotes y vigas) y del nivel campesino (por tierra oscura) en el resto

Los niveles correspondientes a las fases “campesinas” de momento sólo pueden apreciarse por prospección, es decir, por reconocimiento superficial, caminando, anotando, fotografiando… Tenemos las bodegas cerradas con la esperanza de regresar, o también abiertas después de vaciarlas prácticamente por completo:

Los espacios domésticos:

Con los testigos de sus pisos, accesos, cubiertas, muros, adornos, mensajes ocultos…

Su iglesia…

Y hasta su escuela:

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Cada uno de estos espacios tiene sus características, formas, técnicas, materiales. Estudiarlas, junto con el análisis de las acciones y vivencias de las gentes que los habitaron, es continuar el estudio de su historia…

Esta es sólo la historia de un lugar. Una historia de ocupaciones y abandonos. Ella, en realidad, se une a la de otros lugares, y nunca debe perderse esa perspectiva global. Pero en este pueblo, al menos, tenemos una muestra concreta de la viveza y dinámica de la historia y una prueba de la manera en la que vive y cambia. Lo más interesante es que, mientras se mantenga la humanidad, la historia no para, con todas sus alegrías y sufrimientos. Se desarrolla a distintos ritmos y en distintos episodios, con puntos, superficies, momentos de división y contactos entre unos y otros. ¿Hacia dónde irá después de este?

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– Todas las fotos son de JRC

– Las fuentes empleadas para esta entrada son fundamentalmente los testimonios de los pobladores actuales de este pueblo y alguna noticia en la prensa de los años 60 sobre el abandono del pueblo tradicional. No las citamos explícitamente para respetar el anonimato

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