Caos y destrucción: “el pez gordo se come al chico”

Así, con esta frase, explica una vecina del barrio de Jesús, en Zaragoza, en agosto de 2015, el proceso que vive junto a otras cuatro familias. Este proceso, salvando las distancias y las diferencias entre todos los casos, se repite en multitud de barrios de numerosas ciudades de múltiples países del mundo desde hace muchos años. Y como tal lo podemos estudiar.

Los cambios en las ciudades son realmente complejos. No son cambios sin más. (No sé si, de hecho, hay algún cambio “sin más”.) Un compañero de esta plataforma de blogs se dedica a estudiarlos, ofreciendo una mirada muy necesaria y aguda. Y, más en general, la disciplina del Urbanismo aborda, desde distintas perspectivas e interpretaciones, la organización urbana y de sus dinámicas. La propia Historia y la Sociología, y con ellas la Arqueología, aportan sus planteamientos teóricos y metodológicos; ¿acaso no hemos hablado varias veces en clase del “éxodo rural” y del crecimiento de las ciudades con motivo de la Revolución industrial? Cogiendo un poco de aquí y un poco de allá, y apoyándonos en algunas fotos y en charlas espontáneas y rápidas con lxs vecinxs, vamos a intentar entender algo sobre esos cambios, con el fin de asomarnos a la profundidad que entrañan. Vamos a tomárnoslo como un juego de adivinanza.

Os presento una panorámica del barrio, o más bien de la importante brecha que se abre en él; observad bien:

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Allí donde algunxs sólo veis unas ruinas e incluso chabolas, deberíamos ver la historia de los cambios urbanos. Sobre todo si prestamos atención tanto al contexto, al espacio que rodea estas casas…

… como a los síntomas, los signos, los indicios de esos cambios (en este caso debemos fijarnos en lo que podríamos llamar los intersticios, los contactos, las fronteras entre unos mundos y otros):

¿Qué vemos? ¿Aún no está claro? Primero insistamos en la imagen (y concepto) de frontera, un espacio de relación (convivencia, enfrentamiento, coexistencia, según sea) de dos mundos (arquitectónicos, sociales, temporales…):

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Y después leamos simplemente lo que nos dice el paisaje:

Si a esto añadimos una conversación con lxs vecinxs, podremos ir entendiendo que estas casas son lo que queda de un avance inexorable de las inmobiliarias para conquistar unos barrios que se han hecho rentables; son la resistencia frente a un modelo económico, impulsado y aprovechado por los ayuntamientos, que se basa en el ladrillo; son los restos de unas formas de vida dignas (un barrio como cualquiera, “obrero”, como decía Manuel) que han quedado en el margen…

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Rosario y Sebas me contaban que estaban ahí resistiendo. Son un obstáculo en el avance de las constructoras. Éstas les habían ofrecido dinero para comprarles las casas y, sobre todo, los terrenos (unos 8 millones -parecería que de pesetas, es decir, unos 48.000 euros), a lo que se niegan, no sólo porque se tendrían que ir de donde llevan viviendo muchos años, sino porque esa cantidad les resulta insuficiente para comprarse una casa digna; supondría, globalmente, renunciar a una forma de vida que les gusta y que en realidad les pertenece. El ayuntamiento, por su parte, ha venido después y les ha planteado una expropiación (obligatoria) a cambio de la mitad. Ellxs exigen un piso digno en cualquier otro sitio (un primero, porque Rosario no tiene movilidad suficiente), aunque Manuel propone que sea en las casas que se construirán en ese mismo lugar. A Rosario, de todas formas, el asunto no le convence, y no sólo por el tongo que rezuma de las negociaciones con la constructora y el ayuntamiento, sino porque sabe que lo del ladrillo “está muy parado” y no va a llevar a nada que les expulsen de ahí. La conversación se extiende y nos lleva un poco más lejos, pero este es básicamente el asunto: caos, destrucción, brechas y fronteras. Se trata de un conflicto urbano de difícil solución, típico de estas sociedades posindustriales, gobernadas por una mezcla de caciques y neoconservadores, y una población apenas organizada por sí misma. Así se abren esas heridas, que apenas cicatrizan y dejan esas brechas como signos de fronteras que quizás ya pronto pasarán a la historia…

Con los cambios de este y otros barrios, con su arrinconamiento, marginación y destrucción, cambian también sus gentes. Y ese cambio implica, porque es parte de la historia, arrinconamiento, marginación y destrucción, así como luchas y resistencias, de las gentes.

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Leyendo los restos que acompañan estos procesos, así como los que quedan de ellos (muchas veces insertados en el paisaje urbano, como si de cicatrices se tratara), y, si se tiene suerte e iniciativa, hablando con lxs vecinxs, podemos profundizar en los distintos aspectos del proceso. Animaos a abrir los ojos, a mirar cara a cara y a tomar nota; es el inicio de cualquier camino que queráis tomar para entender e influir en la realidad.

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Todas las fotos han sido realizadas por JRC en agosto de 2015

Los nombres de los personajes recogidos en la entrada son ficticios

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