La historia la escriben los vencedores (hombres incluidos)

Hoy, con el 8 de marzo (Día de la mujer trabajadora) a pocos días, se publica en la prensa un artículo interesante que pone de relieve un problema clave de la escritura de la historia. Se trata de la exclusión de las mujeres, salvo las que tienen que ver especialmente con los poderes establecidos: Iglesia y monarquía. Se titula Monjas y reinas son las únicas visibles para la historia oficial (eldiario.es, 6 de marzo de 2015).

Aquí no vamos a comentar el artículo, que tiene algunas cosas criticables; por ejemplo, en algunos manuales de uso corriente en ESO y Bachillerato sí se menciona, al contrario de lo que se dice en el artículo, a Olympe de Gouges y su Declaración de derechos de la mujer y la ciudadana (1791), así como la marcha a Versalles liderada por mujeres en octubre de 1789 (p.ej. M. García Sebastián y C. Gatell Arimont (2012): Demos. Ciencias Sociales de 4º de la E.S.O. Madrid: Vicens Vives, pags. 34-35). Aun así, nos es suficiente citarlo para volver hoy sobre este tema que hemos tratado en clase muchas veces.

Lo que contamos sobre la historia ha tendido tradicionalmente a no tener en cuenta las vivencias y personalidades de múltiples mujeres, al menos hasta que en los años 60 y 70 los y las historiadoras académicas comienzan a prestarles una atención especial, por diferentes motivos (resurgir de los movimientos feministas, extensión de métodos anticonceptivos, primeros logros de las luchas de las mujeres, como el aborto y la coeducación). Por ello, el discurso y la actuación de muchas y muchos historiadores, académicos o no académicos, se puede decir que han sido y siguen siendo patriarcales y androcéntricos, es decir, que fortalecen el reparto de poder imperante en numerosas civilizaciones en favor de los hombres y que se centran en éstos y hacen que centremos la mirada sólo en los hombres (andro-, del griego ἀν-ήρ/-δρός, varón). La historia que nos enseñan y aprendemos sirve, nos guste o no, lo queramos o no, para construir una serie de ideas concretas sobre el mundo que nos colocan en una posición política o en otra.

Por supuesto, el problema no se refiere exclusivamente a las mujeres “en general”. El propio artículo lo dice: algunas mujeres sí aparecen en el discurso habitual. ¿Quiénes? Las que se vinculan con el poder. Por ello, el factor de la clase o la posición en la jerarquía social también influye, como otros factores (origen, sexualidad…). De hecho, en muchos casos se hablará antes de una mujer rica que de un hombre pobre, y ya ni decir de una mujer pobre, no europea, de otra raza (a este término ya le dedicaremos otra entrada para que quede claro que no tiene validez biológica…) y homosexual. Conviene tener en cuenta cómo se cruzan muchas veces distintos factores en determinado fenómeno (como las experiencias de las mujeres) para ver la realidad en su complejidad; a ese cruce o convergencia, por cierto, se le llama hoy en día interseccionalidad.

Y, por otro lado, podemos decir que el problema no se resuelve sólo rescatando a mujeres individuales, que no es poco, de todas formas. Distintos grupos de mujeres, diferentes papeles jugados por ellas (tradicionales o no), los variados valores que algunas han encarnado, las luchas que han impulsado colectivamente… Todo ello es igualmente importante. Como, por cierto, no sólo lo es lo que se logra, sino, en general, como se vive, como se experimenta, como se pasa por esta vida, con los éxitos y los fracasos, con las vivencias en general.

Para llevar la crítica más allá, finalmente, podemos considerar también a otros sexos negados, como son los tradicional (y peyorativamente) denominados hermafroditas, hoy intersexuales, es decir: personas con un sexo que no es ni masculino ni femenino, y cuya actividad también ha sido relevante como chamanes, cantantes y artistas en general, seres “fabulosos” de feria, o simplemente como personas. A estos también podría añadirse aquellos que deciden cambiar su sexo, por deseo propio o porque no se identifican con el sexo biológico con el que han nacido; son las personas transexuales.

Ahora sólo nos queda seguir reflexionando sobre este tema y estar atentas a los diversos modos en los que escribimos la historia, como de hecho ya estamos haciendo muchxs… Esto no es simplemente hacer una historia con etiquetas, como “historia de las mujeres”, sino contar (la mayor parte posible de) la historia.

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