Vida y muerte en la roca

En un recóndito lugar de la Península afloran unos misteriosos y enigmáticos restos. Son varios conjuntos de viviendas e iglesias rupestres, es decir, excavadas en la roca; testimonios de una antigua vida en la roca.P1040264_baja resol

Se encuentran en el condado de Treviño, un territorio administrado por Castilla y León en el seno de la provincia de Álava, al norte del valle del Ebro. No son, sin embargo, un conjunto único; hay conjuntos similares en otros lugares de la Península (principalmente en las provincias actuales de Cantabria, Burgos y Palencia) y más allá, en distintos lugares del Mediterráneo y Próximo Oriente (como por ejemplo Turquía):

Los de Treviño se concentran en tres sitios principalmente: Markínez, Santorkaria y Las Gobas, estos dos últimos en el término municipal de Laño. Como podéis ver en las fotografías de más abajo, son distintas dependencias excavadas en una roca más o menos blanda: caliza del Jurásico, en unos grandes farallones o paredes que han quedado cortadas y expuestas por la erosión fluvial (fundamentalmente del río Ayuda y sus afluentes, como el arroyo Barrunta). Se hacían incisiones en la pared, con cuñas se iban adentrando en la roca y, posteriormente, se iba perfilando, con cincel, la pared de las estancias, que a continuación eran amuebladas, adornadas y fortalecidas con materiales orgánicos (madera, tela, pintura…).

Sin embargo, como con todo, lo que hoy tenemos es un palimpsesto. ¿Qué significa esta extraña palabra? Es algo así como un libro con páginas que corresponden a distintos capítulos escritos en épocas distintas. Es, por tanto, un lugar en el que se mezclan restos de distintos momentos.

El momento principal de ocupación abarca del siglo VI al IX, y es el de las viviendas e iglesias propiamente. El segundo transcurre entre el siglo IX y el XI, y corresponde a la reutilización de esos espacios como cementerios. El tercero se desenvuelve en los siglos sucesivos, y supone su uso como encerraderos de ganado, almacenes y bodegas. El último corresponde a la actualidad, y es un momento de reutilización como espacio museístico y turístico. Entre éste y el anterior, se cuelan algunas ocupaciones para pasar alguna noche de fiesta o dejar constancia de algún anhelo político:

Pintada en una de las paredes de Santorkaria, reclamando la independencia de Euskal Herria y con el acrónimo HB correspondiente al partido socialista e independentista Herri Batasuna (activo desde los años 70 hasta su refundación en 2001)

Pintada en una de las paredes de Santorkaria, reclamando la independencia de Euskal Herria y con el acrónimo HB correspondiente al partido socialista e independentista Herri Batasuna (activo desde los años 70 hasta su refundación en 2001 y posterior ilegalización por parte de los tribunales españoles)

Pues bien, de todas ellas hay rastros y huellas. El trabajo del arqueólogo consiste, una vez se ha establecido esa secuencia, en detectarlas e interpretarlas. Veamos muy brevemente algunos aspectos de ellas.

El momento principal es, en efecto, el de las iglesias y viviendas rupestres durante los siglos VI al IX, aunque se pueden remontar hasta el IV y prolongar hasta el X. Es un largo periodo marcado por una aparente falta total de autoridad del estado (por crisis y descomposición o por escasa influencia), es decir, del Imperio romano durante los primeros siglos y de al-Ándalus y los reinos cristianos en los momentos posteriores. Es un momento apasionante, qué duda cabe: libertad al tiempo que riesgo ante los ataques y saqueos de distintos grupos aprovechados (como los tradicionalmente denominados “bárbaros” o pueblos germánicos: vándalos, suevos, alanos y visigodos). Ante ello la gente se organiza por sí misma.

En efecto, en estos siglos forman comunidades en estas zonas algunos monjes, a los que parece que se unieron después distintos campesinos. Estos monjes entendían la religión cristiana de una manera especial, y desde luego distinta a la de la Iglesia católica oficial (vinculada al poder imperial desde Teodosio, a finales del siglo IV); buscaban una experiencia radical de la religión, próxima a la pobreza reivindicada en el Evangelio, que consideraban que era la única que les podía acercar a Dios. Así, construyen sus propias iglesias y viviendas, que reciben el nombre de ermitas, y viven en la pobreza (en realidad, austeridad). Sin que sepamos muy bien cómo ni por qué, a ellos se sumaron campesinos, que aprovecharon los recursos de la zona (valles fluviales y bosques) para vivir con sus familias y bajo el auspicio moral de los monjes eremitas. De esta etapa tenemos la mayor parte de las cuevas que vemos hoy, aunque seguro que hubo numerosos elementos orgánicos, como escaleras, andamios, pinturas, cortinas, puertas y esculturas de madera, muebles, flores…, que ya no se conservan desgraciadamente; los huecos, las ranuras, las hornacinas son una prueba superficial de ello:

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Entre el siglo IX y X estas comunidades abandonan la vida en la roca, como consecuencia quizás del crecimiento del reino de Navarra y del condado de Castilla (con el aumento del poder de los señores feudales que implica). Se desplazan al fondo de los valles y allí instalan aldeas y pueblos como el de Laño o Markínez.

Vega del Barrunta, con el pueblo medieval de Laño al fondo

Vega del Barrunta, con el pueblo medieval de Laño al fondo

No sabemos qué sucede con los monjes: ¿se integran como sacerdotes?, ¿abandonan el lugar para instalar sus ermitas en otros lugares?, ¿son despojados de su función tradicional y se convierten en campesinos? La falta casi total de documentos escritos nos impide seguir su rastro particular… Lo que sí está claro es que las antiguas viviendas de los padres y madres, abuelas y abuelos, y bisabuelos y bisabuelas de los campesinos de los nuevos pueblos altomedievales se convierten en cementerios entre los siglos IX y XI: cientos de tumbas son excavadas para las personas que se van muriendo (ancianos, jóvenes y niños):

Después de este momento de reutilización de las antiguas iglesias y viviendas rupestres como cementerios, los conjuntos de Treviño se abandonan completamente entre los siglos XII y XVI. Comienza una nueva época. Lo interesante de este momento es que se producen profundos cambios; la muestra más clara la tenemos en la nueva manera de entender el mundo y, especialmente, la religión. Allí donde antes los monjes y las comunidades que formaban defendían una vida de austeridad y acercamiento directo a Dios, parece que ahora, desde el siglo XII, se impone una religión más ostentosa, con monumentos más “ricos”, una Iglesia más institucional y una religión más marcada por el miedo (a la muerte, a Dios, a la culpa…):

Como habéis podido ver, el lugar es realmente mágico. Ahora sólo os queda visitarlo e intentar dejar el menor rastro posible al tiempo que disfrutáis, con el fin de que otros puedan asomarse, cuando consideren, por la ventana que nos abre este lugar a la historia.

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Fuentes:

– Todas las fotografías han sido realizadas por JRC

http://elpais.com/diario/2009/02/07/viajero/1234044489_850215.html

http://www.goreme.com/ihlara-valley.php

http://www.arteguias.com/rutas/iglesiasrupestres.htm

– Paneles explicativos en los conjuntos de Las Gobas y Santorkaria (Junta de Castilla y León)

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