La guerra que entró en España

caricatura i gm

Caricatura sobre los países neutrales (incluida España) en una revista (no identificada) de la época

A menudo se dice que España no participó en las guerras mundiales del siglo XX: ni en la primera ni en la segunda. Esto es cierto a medias. Recientemente se ha publicado un libro que nos habla en parte sobre este tema, específicamente sobre la I Guerra Mundial, de la que, como ya hemos visto, se celebra este año el primer centenario. El libro es de Francisco J. Romero Salvadó y se titula España 1914-1918: Entre la guerra y la revolución (Barcelona, Ed. Crítica); una noticia en el periódico nos informa sobre su publicación.

El caso de la Segunda Guerra Mundial merece una serie de comentarios aparte, en una entrada específica que elaboraremos algún día, aunque ya hemos publicado algo al respecto; es un tema muy complejo. Pero a la I Guerra Mundial podemos dedicarle hoy un pequeño espacio propio.

Portada de un diario (El País), el 6 de agosto de 1914, anunciando el estallido de la guerra en 1914

Portada de un diario (El País), el 6 de agosto de 1914, anunciando el estallido de la guerra en 1914

Oficialmente los sucesivos gobiernos de la época (1914-1918), y especialmente el primero del conservador Eduardo Dato, se decantaron por la no intervención. La situación de la segunda gran etapa de la Restauración, correspondiente al reinado de Alfonso XIII (1902-1931), no permitía demasiadas aventuras. De hecho, esa etapa se conoce con el nombre de “crisis de la Restauración”.

El sistema por el cual se turnaban en el poder el partido liberal y el conservador, instaurado a finales del siglo XIX para garantizar una cierta estabilidad política, había alimentado una gravísima corrupción e ineficacia a la hora de gobernar.  Los problemas tradicionales de la falta de tierras para una parte importante de la población, así como su bajo nivel formativo y técnico, se mantenían. A ellos se unían ahora las consecuencias de una industrialización incompleta, improvisada y explotadora de las clases trabajadoras urbanas. Por otro lado, las últimas posesiones en América y Asia (Cuba, Puerto Rico, Filipinas…) se habían perdido en 1898. El ejército, a pesar de estar embarcado en la colonización de parte del norte de África, se encontraba inmerso en una gran crisis: falta de credibilidad, corrupción, mala preparación… Finalmente, las pocas propuestas para la “regeneración” que se plantearon entonces fueron insuficientes, inatendidas o tergiversadas.

Por todo ello, la situación no era como para tirar cohetes, literalmente. Y, sin embargo, el país no quedó al margen: como sugiere el artículo que citábamos, aunque España no entró en la Guerra ésta entró en España. ¿Cómo fue este proceso, a grandes rasgos? Una parte del país salió claramente beneficiada: se aprovechó para suministrar a los países en guerra con los productos que no podían fabricar por estar embarcados en ella, de modo que aumentaron notablemente las exportaciones de materias primas y productos industriales y se redujeron las importaciones, favoreciendo un cierto crecimiento de la industria nacional, especialmente del sector minero asturiano, siderúrgico vasco y textil catalán, y de sus clases empresariales.

Exportaciones e importaciones entre 1902 y 1922

Exportaciones e importaciones entre 1902 y 1922 (J.A. García de Cortazar (2003): Historia de españa. 2º de Bachillerato. Madrid: Santillana, p. 281)

Con la prolongación del conflicto, sin embargo, los precios comenzaron a subir, pero los salarios se mantuvieron en los niveles de 1914. Esto planteó un grave problema a amplios sectores de la población, especialmente a las clases trabajadoras, como comentó en una excelente entrada vuestro antiguo compañero Víctor Marzoa, hoy ya en la universidad. Si nos fijamos en la tabla de más abajo sobre la evolución de los precios de productos básicos entre 1914 y 1919, podemos apreciar un aumento sobresaliente en muchos productos (de un 80% en el caso del pan y de hasta un 275% en el de las patatas): la población no estaba tomando parte de ese crecimiento económico y de hecho estaba pagando los platos rotos.14.1. Precios IGM

Los efectos de la Guerra en España, en consecuencia, vinieron a sumarse a una situación de crisis previa. De este modo, era cuestión de tiempo que se desencadenara una gran crisis. Y, en efecto, al final de la Guerra estalla lo que se conoce como la “crisis de 1917”, una crisis con tres vertientes: militar, política y social. Desde luego fue ésta, la social, la que más relación tuvo con la resultante de la combinación de Guerra y crisis de la Restauración. Estallaron numerosas huelgas en Madrid, Bilbao, Oviedo, Gijón…, reprimidas a sangre y fuego con un saldo de hasta un centenar de muertos y cientos de detenidos.

Esta crisis merece un estudio más detallado, pero fue una de las consecuencias de la Guerra en España, prueba de que, en efecto, la Guerra entró en ella. En otros países que sí participaron directamente en la Guerra, como Rusia, se acabó desencadenando una crisis social aún mayor. De ese modo, los años 20 se abrían ante el horizonte de los supervivientes de la Gran Guerra como uno de los periodos más interesantes aunque convulsos de la historia del siglo XX.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s