Un lugar en la historia para las brujas

Entre las brumas de los pasos pirenaicos que unen Navarra y Francia, en el País Vasco, se halla un lugar muy peculiar: las cuevas de Zugarramurdi. Ellas y el pueblo de al lado acogen hoy un espacio museístico dedicado a la historia de la brujería, especialmente durante el comienzo de la Edad Moderna. No estamos hablando, sin embargo, de un fenómeno local, aislado, sino de todo lo contrario; hablamos de un conjunto de prácticas que, junto con aquellas otras de la Inquisición que se propusieron eliminarlas, se extendieron por toda Europa en distintos momentos de la Edad Media y Moderna. Hoy nos vamos a detener en este caso concreto para intentar entender algo sobre las brujas y la cruenta represión que vivieron.

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Una de las cavidades de las cuevas de Zugarramurdi (Nafarroa/Navarra)

El escenario de esta historia son las cuevas de Zugarramurdi. Éstas se han ido formando desde hace unos miles de años a partir de la disolución de un compuesto químico (carbonato cálcico) que tiene la caliza que forma el suelo de esta zona, gracias a la acción del agua (sobre todo de un arroyo); es lo que se llama un “complejo kárstico”. Allí, al parecer, según nos cuentan en la visita, se reunían habitualmente numerosos habitantes de la zona para llevar a cabo unos peculiares rituales.

En el siglo XVII, particularmente en 1610, como había ocurrido en otras zonas anteriormente, la Inquisición dirige su mirada a esta región para investigar los rumores y, en ocasiones, denuncias sobre la práctica de ceremonias de brujas. La Inquisición llevaba desde el siglo XII investigando, condenando y castigando las “herejías” o formas de entender el cristianismo distintas de las que en teoría marca el dogma apostólico romano.

P. Berruguete (1495) Auto de fe presidido por Santo Domingo de Guzmán (Museo del Prado, Madrid)

P. Berruguete (1495) Auto de fe presidido por Santo Domingo de Guzmán (Museo del Prado, Madrid

Los rumores y las denuncias en Zugarramurdi, al parecer, se referían a una parte de la población, a la que se culpaba de las malas cosechas y brotes de enfermedades acaecidas ese año y el anterior. Pero en realidad estamos hablando de la época de la Contrarreforma, iniciada a mediados del siglo XVI ante el cisma que estaban suponiendo en la cristiandad los diversos movimientos que englobamos bajo la Reforma protestante. Esto, por cierto, no afectó sólo a las brujas: en 1609 se expulsaba definitivamente de la Monarquía hispánica a entre 275 y 500 mil personas por ser musulmanes (“moriscos”, como se les conocía en la Península).

Sea como sea, en 1610 llega a Zugarramurdi Juan del Valle Alvarado, del Tribunal inquisitorial de Logroño, e inculpa a unas 300 personas, acusándolas de varias cosas: tener al diablo por dios, celebrar misas negras para adorarlo (más conocidas como “akelarres”), transformar su apariencia física (es decir, metamorfosearse -en animales, monstruos…) y provocar desgracias a propósito (tempestades, enfermedades, pérdidas de cosechas), además de practicar vampirismo y necrofagia. Finalmente fueron llevadas ante el tribunal “sólo” 49 personas y condenadas, 32; de éstas, 11 fueron castigadas con la hoguera (6 de ellas vivas y 5 muertas por torturas y malas condiciones en la cárcel), mientras que el resto lo fueron con desahucios, embargos y distintas penas de cárcel, algunas de por vida. Entre esos condenados encontramos tanto a mujeres como a hombres: Graciana de Barrenechea y su esposo Miguel de Goiburu, Joanes de Etxalar, María Chipía, Juan de Sansin…

Gruta en la que supuestamente se llevaban a cabo los "akelarres" o ritos de adoración al diablo

Gruta de Zugarramurdi en la que supuestamente se llevaban a cabo los akelarres o ritos de adoración al diablo

Al parecer, como decimos, ciertos vecinos del pueblo animaron a que se condenara a muchas de estas personas. Según cuentan los documentos de la Inquisición, mencionados en la visita a las cuevas, esos vecinos tenían que lidiar cotidianamente con las maldades que les hacían las brujas y sus seguidores (raptar mujeres, proferir maleficios, arruinar las cosechas…). Al parecer llegó un momento en que ya no les bastaron los recursos caseros que tenían contra ellas (bautizos forzosos, agresiones, amuletos…), y llamaron a los inquisidores, que aplicaron su justicia. Aunque se puede pensar que, dado el ambiente de la Contrarreforma, estos inquisidores habrían actuado por sí mismos en cualquier caso…

¿Qué historia esconde, en realidad, este caso? ¿Cómo podemos averiguar qué ocurría realmente en ese y otros lugares a propósito de las brujas? ¿Quiénes eran y qué hacían realmente? Los procesos de la Inquisición siempre plantean el mismo problema: ¿nos creemos todo lo que dicen los documentos inquisitoriales sobre las brujas y adoradores del diablo y sobre todos los vecinos de esas poblaciones, o estudiamos otras fuentes?

F. Goya (1820/23) El aquelarre, o El gran cabrón (Museo del Prado, Madrid)

F. Goya (1820/23) El aquelarre, o El gran cabrón (Museo del Prado, Madrid)

Este es un tema realmente complicado pero podemos leer entre líneas las descripciones y acusaciones que se han hecho muchas veces sobre las brujas, aplicar lo que sabemos de otros casos y tener en cuenta la lucha que se libraba en gran parte de la sociedad del momento contra todo aquello que fuera distinto.

En primer lugar, el escenario de las ceremonias de las brujas (cuyo acontecimiento más famoso es el akelarre) es la cueva, un espacio de frontera entre el mundo de los vivos, de la luz, de lo conocido, y el mundo subterráneo, de las tinieblas, de lo desconocido. En segundo lugar, las brujas y brujos son acusados de entablar relación (adorar, se suele decir) con el diablo, un ser poderoso, sobrenatural, que suele desencadenar desgracias entre los humanos. Y, en tercer lugar, se dice que suelen hacerlo transformándose y, a menudo, volando por el cielo durante la noche.

EL célebre juicio de Osiris a todos los muertos tiene lugar en la Duat, el inframundo de los egipcios, región por donde el dios solar Ra viajaba por la noche de oeste a este y que deben atravesar los muertos para llegar a la otra vida

EL célebre juicio de Osiris a todos los muertos tiene lugar en la Duat, el inframundo de los egipcios, región por donde el dios solar Ra viajaba por la noche de oeste a este y que deben atravesar los muertos para llegar a la otra vida

Todos estos elementos nos recuerdan, a los que hemos estudiado otras civilizaciones, cosas típicas de otras religiones. Por un lado, la división del mundo en un espacio terrenal y otro subterráneo (el inframundo, es decir, el mundo de los muertos), es típica de Egipto y Grecia (por no hablar de las menos conocidas religiones del Paleolítico superior, que llevaban a pintar en las entradas de las cuevas), por ejemplo. Por otro lado, el contacto con los seres (invisibles para un humano común) que gobiernan el mundo (salud, cosechas, minerales…) gracias a la acción de un especialista que normalmente se viste de animal y viaja, volando y de noche, para lograr ese contacto es un elemento típico de las religiones de los chamanes de Siberia.

Chamán siberiano (Krasnoyarskiy kulturno-istoricheskiy Muzeynyy Kompleks)

Chamán siberiano (Krasnoyarskiy kulturno-istoricheskiy Muzeynyy Kompleks, Krasnoiarsk, Federación Rusa)

Todo esto nos lleva a pensar que muchas poblaciones europeas de la Edad Media y Moderna pudieron tener, en realidad, una forma peculiar de entender el cristianismo (y decimos cristianismo porque a todas luces eran cristianas). Esa forma peculiar tiene rasgos de otras religiones, seguramente anteriores, y creemos que se habrían mantenido porque durante gran parte de la Edad Media en muchos lugares, como esos remotos Pirineos, ni la monarquía ni la Iglesia habían logrado imponer a sus poblaciones su autoridad y maneras de entender el mundo; de alguna manera, se conservaban elementos anteriores de una forma latente…

¿Por qué entonces la Inquisición hablaba de brujas y adoradores del diablo? Es muy probable que, junto con la monarquía, estuviera interesada en eliminar cualquier forma distinta de entender el cristianismo, en un contexto de división absoluta de la cristiandad, como el que se manifiesta abiertamente a partir del XVI (aunque de una manera más oculta desde mucho antes). Esa forma distinta de entender la religión amenazaba, desde su perspectiva, la unidad del mundo católico. Por eso probablemente presentaron ante la justicia y el resto de la población las actividades de las “brujas” como algo propio del demonio, profundamente malo y amenazador, hasta el punto de hacernos creer que esas brujas no formaban parte de la sociedad, cuando en verdad eran vecinas como cualquiera. Y por eso, en gran parte, se dedicaron a masacrarlas, como hacían con otras personas en muchos otros sitios de Europa. ¿Convencieron de ello a esos otros vecinos?  ¿O ellos mismos tenían otras razones?

Como podéis ver, esta historia no acaba aquí; el lugar de las brujas en la historia aún está por definir. Algunos historiadores, como el italiano Carlo Ginzburg, en libros como El queso y los gusanos e Historia nocturna, llevan intentando entender desde hace años por qué han sido tan perseguidas ellas y aquellos que han entendido el mundo a su manera, sondeando muchos elementos de lo que se puede llamar ‘cultura popular’.

***

Las fotografías de Zugarrumurdi y del chamán siberiano han sido realizadas por JRC. El resto son de Dominio público y se indica el museo en el que se encuentran custodiadas.

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