Experimentar en arqueología: la talla lítica

Siempre creemos que las ciencias experimentales son básicamente la química y la física. En cierto modo es así. Sin embargo, hay un sector de investigadores dentro de la arqueología que plantean que esta disciplina también puede ser una ciencia experimental. Los arqueólogos nos pasamos la vida hablando, entre otras cosas, de las características y funciones que tienen muchos de los cacharros que nos encontramos en los yacimientos, y así nos referimos a espadas, cuchillos, botijos, bastones de mando… Sin embargo, raramente estudiamos cómo se han hecho realmente esos objetos ni demostramos empíricamente que funcionaron como decimos.

La arqueología experimental se ha propuesto desde hace varios años estudiar cómo se fabrican los objetos, para conocer todas sus características (materiales, procesos de fabricación y trabajo, técnicas), y probar cómo funcionan y qué huellas dejan, para determinar cómo se usaron realmente. En la Universidad Autónoma de Madrid, por ejemplo, se creó un Laboratorio de arqueología experimental que forma a un montón de gente competentísima en el estudio profundo de los objetos arqueológicos.

De allí precisamente ha surgido un grupo que organizó la semana pasada un curso sobre talla lítica al que asistí. Tuvo lugar en la Universidad Autónoma de Madrid y en el Museo de San Isidro, y corrió a cargo del grupo de didáctica de la arqueología ArqueoDidat. Estuvimos durante tres días aprendiendo las técnicas fundamentales para llegar a fabricar los grandes “modos” o formas de hacer objetos en el Paleolítico. Éstos van desde los modos de los primeros homínidos que aprendieron a hacer (y no sólo utilizar) instrumentos, hasta aquellos correspondientes a los humanos modernos del final del Paleolítico. Se han definido cuatro modos en total, aunque hay otros que corresponden a periodos posteriores (Mesolítico, Neolítico y Edad de los Metales).

Algunos de los objetos de esos modos son los famosos bifaces (modo 2), como los que reproducimos a continuación, procedentes de las terrazas del río Manzanares, en Madrid; o las puntas de flecha o venablo (jabalina) realizadas sobre láminas (modo 4), dos de cuyos ejemplos, también de Madrid, reproducimos igualmente aquí. (Por cierto, el mechero está ahí para que nos hagamos una idea del tamaño que tienen, de modo que está como escala.) Son objetos, en verdad, de periodos muy distintos: los primeros, del Paleolítico inferior, el más antiguo (de hace cerca de 200 mil años), y los segundos, del Paleolítico superior, el más reciente (de cerca de 20 mil años).

En el curso aprendimos las técnicas fundamentales de fabricación de algunos de los objetos de estos distintos modos. Hay distintas técnicas según se trate de un tipo u otro de talla: la talla por percusión (golpeando un núcleo o fragmento de determinada piedra -sílex, cuarcita, arensica, caliza, basalto, obsidiana…- con otra piedra o con un material blando -asta de cérvido, madera) y la técnica por presión (presionando un núcleo -normalmente previamente calentado- con un instrumento punzante, como puede ser el metal). La talla más habitual es la de la percusión, por lo menos hasta el Neolítico final.

No vamos a explicar aquí las técnicas, porque resultaría demasiado largo. Veamos esta serie de diapositivas en las que Javier Baena, profesor de la UAM, nos muestra cómo se puede ir convirtiendo un núcleo de un material volcánico en un bifaz (utilizando distintos percutores y golpeando con distintos ángulos de inclinación del núcleo y el percutor y con distinta fuerza):

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Aquí, en esta página, tienes muchas más demostraciones de talla lítica, si te ha interesado.

Pero, realmente, ¿para qué sirve todo esto? Nos sirve para conocer a fondo cómo los homínidos adquirieron y desarrollaron una de las habilidades que nos distinguen de la mayor parte de los animales: la fabricación y uso de objetos para sobrevivir (aunque muchos objetos se han convertido en muchas civilizaciones en cosas superfluas o simplemente al servicio del enriquecimiento de unas pocas personas). De ese modo, el conocimiento de las técnicas para fabricarlos nos proporciona algo muy valioso. A partir de aquí podemos entender mejor toda la industria lítica del Paleolítico, comprendiendo bien cómo se han hecho las piezas que encontramos en los yacimientos, e incluso podemos hasta probar cómo nos funcionan (y les funcionaron a las y los homínidos de la Prehistoria) al procesar materiales vegetales (raíces, ramas, hojas) y animales (carne, piel, tendones).

La arqueología experimental, por lo demás, se interesa por muchos otros objetos y técnicas del pasado, como la fabricación de fuego, herramientas y armas metálicas, casas, barcos, cerámicas, prendas de vestir y un largo etcétera.

***

Las figuras son fotografías tomadas por Jorge Rolland Calvo e ilustraciones de las siguientes publicaciones:

Arsuaga, J.L. e I. Martínez (1998): La especie elegida. Madrid: Temas de Hoy.

VVAA (Barandiarán, I., Martí, B., del Rincón, M.A. y J.L. Maya) (2012 [1998]): Prehistoria de la Península Ibérica. Madrid: Ariel.

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