¿Qué es la historia?

La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna. 

Marx, K. y F. Engels (1965 [1848]): Manifiesto del Partido Comunista. Pekín: Ediciones en lenguas extranjeras, p. 32.

Manifiesto PC

Esta es quizás una de las frases más famosas que se han escrito sobre la historia. Pertenece a dos pensadores importantes del siglo XIX; dos filósofos sobre los que se han escrito y dicho muchas cosas: Karl Marx y Friedrich Engels. Los dos participaron activamente en los movimientos obreros de la segunda mitad del XIX. En esta cita, como habéis podido apreciar, sintetizan su perspectiva de la historia y resumen cómo ven ellos el cambio de las sociedades a lo largo del tiempo. Para ellos, en primer lugar, la historia es y ha sido una lucha constante entre distintos grupos o “clases”. Y, en segundo lugar, las sociedades nuevas surgen a partir de revoluciones.

¿Qué os parece esta idea? Podríamos reflexionar mucho en torno a ella y, sobre todo, confrontarla con lo que vayamos estudiando. Yo personalmente la considero básicamente acertada, pero habría que hacer numerosos matices. A medida que estudiamos y sabemos más y más sobre historia, los matices son esenciales; como decía André Gide (según nuestro antiguo profesor de Filosofía Rafael Castillo), en los matices y en los detalles está la verdad.

En primer lugar, se trata de un párrafo que expresa una idea un poco simple. ¿Podemos realmente reducir la historia a una lucha entre opresores y oprimidos? En cuanto estudiamos historia nos damos cuenta de que es prácticamente imposible hablar sólo de dos grandes grupos: opresores y oprimidos. Digamos que eso de los “buenos y malos” pasa sólo en las películas.

En segundo lugar, aun en el caso de que aceptemos que la historia se forma a partir de luchas entre clases y de revoluciones, ¿son todas las clases y todas las revoluciones iguales? ¿Son lo mismo el opresor y el oprimido de la Grecia antigua y los de la Europa feudal? En distintos cursos estudiamos cómo las clases sociales de las sociedades capitalistas tienen muy poco que ver con los estamentos del Antiguo Régimen, o los jefes de los llamados indios de las llanuras de América del Norte con los Papas de Roma. El origen de su poder es muy distinto y por eso resulta difícil ponerlos al mismo nivel. Por otro lado, ¿es lo mismo la revolución de Espartaco y los suyos, y la de la burguesía francesa de 1789?, ¿o la de los revolucionarios españoles de 1936 y los agermanats de Levante y Baleares de comienzos del siglo XVI?

En tercer lugar, el propio Engels, unos cuantos años después de escribir este Manifiesto, concretamente en una nueva edición en Inglaterra en 1888, introdujo algunos matices para concretar la parte de la historia a la que se referían originariamente. Y lo hizo porque siguió estudiando historia, ya que le gustaba mucho y lo consideraba muy importante para entender el presente y contribuir a crear un mundo futuro más justo. Lo que hizo fue matizar la primera frase, diciendo que esa historia de luchas de clases no era toda la historia, sino sólo aquella que comenzaba con la desaparición de las sociedades primitivas, más o menos cuando se inventó la escritura. Para él, como para los antropólogos e historiadores que estudiaba, como L.H. Morgan, las sociedades prehistóricas eran igualitarias; no tenían clases sociales. Estudios posteriores, sin embargo, han mostrado que en algunas de esas sociedades, no obstante, sí había conflictos y, desde luego, jerarquías; la violencia de este grabado de la Edad del Bronce lo sugiere. Cova del Barranc de l’Aguila (Xátiva, Valencia)

Finalmente, hay que entender el contexto en el que Marx y Engels escribieron el Manifiesto: los conflictos de la época, las intenciones y propuestas que tenían ante ellos…

Todo esto quizás nos permita entender mejor esa cita y concretar en qué sentido y hasta qué punto podemos defender esas ideas (desde el punto de vista del historiador, claro). En definitiva, esta es la actitud que nos ayuda a hacer una historia más razonada y rigurosa.

***

Ilustraciones:

– Portada de la primera edición del Manifiesto del Partido Comunista (Londres, 1848)

– Grabado de la Edad del Bronce en la Cova del Barranc de l’Aguila (Xátiva, Valencia) (procede de Raymond, J. (2000): “Les fortifications de la péninsule ibérique aux troisième et deuxième milleénaires av. J.-C. : réflexions autour d´un thème mediterranéen”, Madrider Mitteilungen, fig. 1)

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